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“Patria y honor”, de Carlos R. Menéndez

F. Parra: “Vicente Guerrero y su padre”.

Una de las estampas memorables de la lucha independentista de México es el momento en que Vicente Guerrero recibe la visita de su padre, combatiente en el bando realista y, alegando razones sentimentales de tipo familiar y promesas de retribución económica, le ruega que abandone el campo de batalla donde tantas derrotas había infligido a los defensores de la corona española. La respuesta del general insurgente concentra todo un proyecto de vida: “Mi patria es primero”.

Este hecho fue relatado por Lorenzo de Zavala en el volumen I de su Ensayo histórico de las revoluciones de México: desde 1808 hasta 1830 y, como él mismo señala, le había sido referido por el propio Guerrero. El episodio ha contribuido a poner de relieve la trayectoria íntegra de quien sostuvo la resistencia contra el poder español, que a la larga llevó a la consumación de la Independencia de México en 1821.

El tema fue objeto de un poema narrativo de Carlos R. Menéndez titulado “Patria y honor”, el cual obtuvo el premio otorgado en poesía por el H. Ayuntamiento en los primeros Juegos Florales de Mérida en 1903 y cuyo tema debía referirse a un episodio de la guerra de Independencia.   

“Patria y honor” es un romance heroico, es decir, que está escrito en endecasílabos con rima asonante en los versos pares (en este caso la rima vocálica es a-a), sólo que con dos variantes, pues a pesar de que el romance es un esquema rítmico continuo y de extensión indefinida, Menéndez lo divide gráfica y conceptualmente en estrofas de cuatro versos donde el segundo es de siete sílabas métricas. Asimismo, el poema se divide en siete partes de diversa extensión, aunque todas breves.  

El poema hace una meritoria síntesis del conflicto entre los lazos y las devociones familiares y el deber por el honor y la patria. Inicia con un preámbulo en que se menciona a los caudillos que iniciaron y continuaron las luchas. Pero muertos todo, surgen las interrogaciones retoricas para pensar en quién tomaría ahora el mando, el cual recaerá en “¡El rayo del sur!  Guerrero invicto, / el terror de Apodaca, / cuyo nombre es un astro refulgente / en el límpido cielo de la patria!”. En contraste se habla de su padre don Pedro, fiel a España. Enseguida aparece el virrey Apodaca instruyendo a don Pedro para convencer a su hijo de que deje de combatir: “Ve al insurrecto campo, habla a tu hijo / en nombre de la patria / ¡y ofrécele el perdón de sus errores, / dignidades, riquezas y privanza!

Don Pedro llega a las altas montañas y al encontrarse con su hijo ambos se confunden en un abrazo donde representa cada cual “¡el león de Castilla altivo y bravo / y el águila insurgente mexicana!”. El padre habla del constante llanto suyo y de la madre de Vicente y se arrodilla pidiéndole que se acoja a las gracias que le otorgaría Fernando VII: “¡y cayó, acongojado y suplicante, / del adalid indómito a las plantas!”. La serena respuesta del general es la de reconocer ese dolor que sienten sus padres pero que hay valores que están por encima: “Yo te adoro… os adoro como siempre… / Vuestra es toda mi alma… PERO EL HONOR ¡OH PADRE! ¡ES LO PRIMERO…! / ¿Quieres un hijo sin honor ni Patria? // Vuelve a México, pues, y di al altivo / virrey de Nueva España / ¡que no hay oro en el mundo que corrompa / la virtud de los hombres de tu raza!”. Y abraza a su padre entre lágrimas y lo cubre de besos.

El final, de una sola estrofa, cierra favorablemente esta disyuntiva entre la familia y la patria: “Y refieren las viejas tradiciones / que, al dejar la montaña, / el nombre de Vicente… sollozando, / con orgullo don Pedro pronunciaba…!”.

El autor modifica en parte lo narrado por Lorenzo de Zavala, donde lo que el padre alega es el dolor de la esposa y la pequeña hija que dejó atrás el caudillo. Asimismo, la declaración de Vicente a don Pedro delante de sus oficiales es: “Yo he respetado siempre a mi padre, pero mi patria es primero”.

En este poema el énfasis de la súplica del padre es el temor de la madre y de él mismo y se le da un giro a la frase célebre al ceñirla a la virtud del honor. Es el honor de un soldado, de un patriota, de una persona que sacrifica la vida familiar por el riesgo de morir en una lucha política para bien de la comunidad mayor, lo cual en última instancia pone en alto la honra de los padres. Como indica el título en su coordinación sintáctica, la patria y el honor van juntos. 

Jorge Cortés Ancona

Licenciado en Derecho, con Maestría en Cultura y Literatura Contemporáneas de Hispanoamérica. Es egresado del Doctorado en Literatura de la Universidad de Sevilla con una tesis sobre teatro y boxeo, y cuenta con un DEA (equivalente de maestría) de la misma institución. Ha impartido clases y cursos en diversas instituciones educativas y culturales sobre literatura e historia de las artes visuales. Ha escrito numerosos artículos y entrevistas sobre temas culturales y figura en varias antologías de poesía.

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