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La Ciudadela de San Benito Y el Antiguo Convento de San Francisco

CONVENTO DE SAN FRANCISCO ( MEJORADA ). Foto: https://www.meridadeyucatan.com

En muchas ocasiones caminamos por nuestra ciudad sin darnos cuenta de la riqueza que hay en cada uno delos espacios de la misma, en algunas ocasiones aún se encuentran aquellos edificios y casas que tuvieron gran importancia en una parte de nuestro desarrollo histórico, y en otras el espacio ya es parte de nuevas construcciones que son parte integral de la dinámica de Mérida.

            En esta ocasión, se hará referencia de dos construcciones que tuvieron importancia toral en nuestra historia y cuyo espacio es ocupado ahora por lo que es el mercado grande y en su momento por un complejo educativo de la época, el “Centro Escolar Felipe Carrillo Puerto”, con sus espacios destinados tanto a la educación de los infantes como para la formación de futuros docentes.

            En el espacio que nos ocupa estaba edificado el castillo o Ciudadela de San Benito, que fue una fortaleza construida durante el segundo período del gobierno del Capitán General Rodrigo Flores de Aldana entre los años de 1667 y 1669, posteriormente se convirtió primero en un simple cuartel donde se alojaban soldados que guarnecían la plaza, posteriormente en presidio. Luego fue utilizado como Escuela de Artes y Oficios y por último, en recinto del Batallón “Cepeda Peraza”.

            El antecedente más remoto de la Orden Real para erigir fortalezas militares la podemos encontrar en las Capitulaciones de Granada firmadas por Francisco de Montejo y Carlos V en las cuales se estipulaba la construcción de dos fortalezas militares en la ciudad capital, como medida de defensa ante la intranquilidad y zozobra que se vivía en esa época.

            La Ciudadela de San Benito comenzó a erigirse a mediados del siglo XVII. Su muralla con seis pequeños baluartes con 5 nombres dedicados a santos y una sola santa.( San Francisco, San Cristóbal, San Luis, Nuestra Señora del Carmen, San Juan de Dios y San Martín), se construyó sobre un cerro maya cedido desde 1546 a los frailes franciscanos. Suárez Molina señala que las murallas tenían 40 pies de altura y 8 de espesor, con caminos en su parte superior que comunicaba a los baluartes.

            Hijuelos, al referirse a la fecha de construcción del Castillo o Ciudadela de San Benito, afirma que el Convento de la Asunción de Nuestra Señora se fundó en el año de 1547 en una de las pirámides más altas. Formaba un pentágono regular que comprendía una vasta zona (que ahora incluyen las calles desde la 65 hasta la 67 y de la 56 a la 50).

Ciudadela de San Benito. Foto: revistayucatan.com

Fray Luis de Villalpando, de la Orden de los Franciscanos, solicitó el cerro que se había elegido para construir una de las dos fortalezas que se expresan en las Capitulaciones, para el levantamiento de una iglesia y convento con advocación a San Francisco, alegando que éstas dos serían “el castillo espiritual, en que deberían de embotarse las armas de la idolatría”. Cabe mencionar que Francisco de Montejo cedió este terreno en el que había pensado anteriormente construir un castillo para él y sus descendientes. El Convento de la Asunción de Nuestra Señora se denominó posteriormente como San Francisco,

A petición del fraile Luis de Villalpando, se construyó un monasterio que con el paso de los años logró reunir en su interior a tres templos con sus capillas, una huerta con su noria y un edificio para albergar a los integrantes de la Orden franciscana. Posteriormente en ese mismo lugar, se levantaron edificaciones para el alojamiento de los soldados y demás. Es conveniente hacer mención que los tres templos que se edificaron, respondían a la división de clases existentes en la ciudad de Mérida, una era para los españoles y blancos, otra para los indios y sirvientes y una más para los negros y pardos.

Entre las concesiones otorgadas a los religiosos de la Orden de los Franciscanos estaban, que la Ciudadela tuvieran tres puertas, una que mirara hacia el Poniente, misma que se concedería a los militares. Otra hacia el sur, destinada al gobierno económico y ordinario del Convento y la última al Oriente, para la administración parroquial del pueblo de San Cristóbal.

Cogolludo, al referirse al trabajo realizado y de la construcción de la misma menciona: “Trabajóse también una iglesia, que tiene lo que sirve como capilla mayor, su  modo de crucero que hace dos arcos abiertos en la muralla, con dos altares que sirven de colaterales al mayor, al cual se sube por algunas gradas. En el cuerpo de la iglesia, a la parte sur hasta el coro, tiene tres capillas cuyos espacios está fuera del muro principal de ella. Es la más célebre, la del Santo Nombre de Jesús y que se llama popularmente de San Martin por haberla donado dos ciudadanos que eran matrimonio, de nombre Fernando y Catalina, por sobre nombre de San Martín, que gastaron los bienes que Dios les dio en obras pías y capellanías. Para la construcción de la capilla donaron la cantidad de cuatro mil pesos.”

        “A los dos lados de las colaterales, corresponden otras dos capillas, la del norte hacía antes de la sacristía y salida a la capilla mayor, dotola el sargento mayor Afonso Carrio de Valdés con todos los artículos destinados al culto. La capilla del lado sur está dedicada a la advocación de San Luis, Rey de Francia, a quien tienen por patrón los hermanos de la Tercera Orden de la Penitencia….., es suficiente para celebrar en ella la festividad que se realiza de manera muy solemne”.

            “En el patio anterior a la iglesia, hay una capilla de Nuestra Señora de la Soledad, con una imagen muy adornada; tiene una cofradía del mismo nombre, a la que pertenecen todos los hermanos de la nobleza de la ciudad y patrón del Gobernador de esta provincia”.

            John Stephens, fue un viajero que tuvo la oportunidad de visitar el Convento, ubicado dentro de la Ciudadela de San Benito, quien señala “ entramos por la gran puerta de la muralla del castillo a su espacioso patio, frente a nosotros estaba el Convento con sus grandes corredores y dos hermosas iglesias. Las paredes de estos tres edificios estaban en pie, pero sin puertas ni ventanas.  El techo de una de las iglesias se había caído y la penetrante luz del día, resplandecía en su interior. Entramos en la otra, la más antigua e identificada con la época de los conquistadores. Cerca de la puerta había una fragua de hierro, un mestizo estaba sonando los fuelles, sacando una barra de hierro en ascuas y reduciéndola a clavos. Por toda la iglesia se veían indios medio vestidos y musculosos, devastando madera, clavando y desempeñando operaciones para hacer cuñas.”

            “Los altares ya no existían y las paredes estaban desfiguradas. En el piso, cerca del altar mayor y en la sacristía habían bóvedas cubiertas. En el refectorio se localizaba la gran mesa donde la comunidad tomaba sus alimentos y la fuente de piedra a donde hacían sus abluciones”.

            Juan Francisco Molina Solís menciona que todo lo que se encontraba en el interior del Convento de San Francisco fue acabado, todo desapareció en un solo día y no se pudo rescatar el material valioso que ahí se encontraba. A raíz de la expulsión de los franciscanos de Yucatán, la Ciudadela de San Benito y específicamente el Convento de San Francisco fueron abandonados, ocasionando que con el paso de los años se fuera deteriorando.

            Durante el gobierno de Olegario Molina, el cerro fue demolido y con el material que se extrajo de dicha acción, sirvió para la pavimentación de las calles de Mérida. Con el paso de los años, el espacio fue utilizado para construir una abra que se le encargó al Arquitecto Manuel Amábilis, se denominó “Centro Escolar Felipe Carrillo Puerto” el de la letra tuvo la oportunidad de estudiar en el jardín de niños “Dominga Canto Pastrana”, en la primaria matutina “Domingo Solís Rodríguez”, había una vespertina de nombre “Artemio Alpizar Ruz”, la secundaria donde el de la letra estudió es la famosa “Eduardo Urzáiz Rodríguez” que se encontraba en el segundo piso y uno más arriba se encontraba el semillero de los futuros mentores, la escuela Normal Urbana “Rodolfo Menéndez de la Peña”. Cabe mencionar que el Centro escoñar contaba con un campo de softbol, una piscina, plaza cívica y el teatro Jacinto Cuevas”. Huelga decir que era todo un espectáculo el ver llegar a niños y jóvenes de distintas edades para formarse académicamente.

            En los años ochenta, por decisiones del gobierno del Estado, el Centro Escolar fue abandonado, porque se decía que ya no era un lugar seguro, se convirtió en un sórdido estacionamiento y sus salones y espacios en centro de cambio y venta: mercado. Con el paso de los años se derrumbó todo el edificio., convirtiéndose en un lugar sucio y con diferente utilidad de lo que fue el plan original.

            Cuando pases por ese sitio, caro y cara lectora, imagínate como se vivía en años muy anteriores al nuestro y el valor cultural e histórico que tuvieron los edificios que en este espacio se edificaron. No olvides, si sales a pasear seguir las medidas sanitarias, como el uso del gel, la sana distancia y siempre en su lugar, el cubrebocas(nariz).

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