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Un Estadio Sustentable o la Estafa Maestra Yucateca

Este sexenio de gobierno, ha saltado de un escándalo a otro, todavía no se acallan los cuestionamientos levantados por una decisión impopular, cuando una nueva nos convence de que, aunque vamos mal, podemos ir peor; y en este rubro, el ejecutivo del estado parece estar interesado en ser campeón absoluto. Este reiterado comportamiento, dio inicio el año pasado cuando por primera vez se puso en duda la continuidad de la OSY y hubo el peligro de la desaparición de tres museos; la razón, “no hay dinero”; pero a contra parte se gasta una friolera en unos maceteros de precios inflados con una grosera obviedad, y que mantienen infartado el tránsito del centro de una ciudad que es la capital del sureste mexicano, y cuyo tránsito vehicular debe ser fluido y ágil, por esta misma naturaleza. La disputa del santísimo sacramento originada por las mal diseñadas, y peor construidas ciclovías, dio para mucha polémica, de hecho sigue dando, así el ejecutivo siga montado en su chivo, y hasta impulse voces que canten loas a este malhadado proyecto. Pero de pronto, y es de llamar la atención, resulta que la OSY, si hace una buena labor por la cultura, y en el segundo semestre, se le amplía su presupuesto. ¡Ah, y también, aunque usted no lo crea, se van retirando poco a poco los maceteros! Y también, por qué no, se va reconsiderando sobre los paraderos de autobuses. Y uno se pregunta ¿Será que se están oyendo pasos en la azotea?

¡Pues no es así! Hay una causa, y ésta es inconfesable. Hay que levantar agradables cortinillas que capten las miradas para que se note poco, o más bien no se note, un jugoso negociazo que transita ante nuestros ojos con una campaña publicitaria de la mayor envergadura. ¡La ciudad tendrá un elemento urbano que le dará una proyección sin antecedente alguno! ¡TENDERMOS UN MODERNO Y SIN PRECEDENTES, ESTADIO SUSTENTABLE! (Favor de aplaudir con la mayor fuerza posible) ¡Cuidado, hay que hilar muy delgadito en este asunto! Detrás de este proyecto, presentado con bombo y platillo, y vestido de reflectores, hay que dejar muy bien respondidos varios y muy importantes cuestionamientos.

La Escuela Normal Urbana “Rodolfo Menéndez de la Peña”, de repente, y sin causa justificada, es retirada de su edificio, en un lugar accesible para sus estudiantes, muy bien comunicado por transporte público; y rápidamente, se le construye un nuevo edificio, pero en una zona poco accesible y de una insalubridad muy notoria. De aquí, surgen las primeras preguntas. ¿Pues no que no hay dinero? Pero con una celeridad poco acostumbrada se hace de la noche a la mañana, un nuevo edificio para la normal. Además, la institución en la que se formarán profesionalmente, quienes han de educar a las futuras generaciones de niñas y niños yucatecos, ahora está cercada, por un costado por el Rastro Municipal; y por el otro, por la Central de Abastos, vecindades que, por la naturaleza de sus acciones, dejan un ambiente poco saludable a la atmósfera de todas las instalaciones que les rodea, ahora, también de la escuela normal. Un desatino ubicar ahí esta venerable y centenaria institución. La segunda pregunta es ¿Cuál fue el sustento legal para mandar ahí a la institución educativa? Y viene la tercera. El terreno que se ocupó para el nuevo edificio de la normal, ya tenía un destino muy bien definido, y este arbitrario asentamiento ahí, vulnera los derechos de los asociados de la Central de Abastos, entonces ¿Cuál es el sustento legal para cambiar el uso de un suelo ya previamente establecido, y que, ni remotamente se acerca al que se le  había dado?

Pero viene la parte más suculenta del pastel. La escuela normal, estaba asentada sobre oro. La plusvalía de ese terreno está por las nubes, es un verdadero filón de diamante; y va a dejar de ser parte del patrimonio del Estado Yucatán. Y uno no puede evitar preguntarse ¿Al entregar la propiedad de ese terreno a particulares, no se está causando un daño patrimonial al estado? Caen en cascada otras importantes preguntas. Para enajenar un bien patrimonial del estado, el ejecutivo necesita indispensablemente de la autorización expresa del Poder Legislativo, y eso no ha ocurrido. O es que, ¿la legislatura ya aprobó en sesión plenaria esta autorización? Se rumora por ahí que, la secretaria de administración y finanzas ya desincorporó este bien del patrimonio del estado. Si ya lo hizo, sin la autorización del legislativo, ya incurrió en un grave delito, y esto no es un asunto menor. Por otro lado, hay que informar, y muy claramente por cierto, en qué cantidad se está cediendo la propiedad de este terreno; y ésta, no puede establecerse a capricho, no. Hay una normatividad vigente que no se ha cumplido. Para enajenar un bien del patrimonio de cualquiera de los tres niveles de gobierno, es necesario contar con un avalúo del Instituto Nacional de Bienes Nacionales, y hasta donde se sabe, esto no se ha cumplido.

Dejemos aparte la gran inconformidad de los habitantes de las zonas aledañas al presunto inmueble, los problemas de circulación y estacionamiento que se van a generar, el dictamen calificado y negativo del Colegio de Arquitectos, por encima de todo esto, hay unas dudas mayores y totalmente justificadas. Se aduce para la enajenación del terreno su falta de uso de utilidad pública; y uno se pregunta: El hecho de estar ubicada ahí la escuela normal ¿No era una causa total de utilidad pública? Y es un verdadero cinismo que, esa calidad la pierde el inmueble por una acción del propio gobierno que esgrime este argumento. Y queda un supuesto aún peor. Puede suceder que, consumado el hecho, y ya siendo el terreno de propiedad particular, los nuevos propietarios pueden decidir ya no construir el estadio ahí, ya es de su propiedad, nadie podría obligarlos a cumplir con esto. Y resultaría que, en un proceso obscuro y lleno de interrogantes no contestadas, un grupo de particulares se ha hecho con la propiedad de un terreno muy valioso, en no sabemos que costo. ¡Negocio redondo!

Este nuevo suceso pone una raya más al tigre, y deja sembrada un duda muy justificada en todos los corazones, se está ante la justificada duda de si, el ejecutivo del estado y otra gente muy cercana a él, pueden estar obteniendo pingües e inconfesables beneficios bajo la mesa, lo cual es desde luego, muy difícil de probar, por no decir imposible. Pero la duda, ahí está y es totalmente justificada. Nos queda, a un sector muy amplio de la ciudadanía, la duda de, si estamos ante el proyecto del Estadio Sustentable, o una Estafa Maestra, en versión yucateca.

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