CulturaEntérateEspeciales

De la vieja cantina sabatina de Don Chucho

Le conocíamos simplemente como don Chucho. Nunca nos preocupamos de averiguar sus apellidos, aunque sabíamos que era chilango o por lo menos fuereño, no yucateco. Ignoramos porque se había establecido en Mérida; por fines de los años sesenta y hasta bien entrados los setenta, don Chucho había abierto al público una cantina en los altos del antiquísimo edificio de La Unión (allá en el Parque Hidalgo) pero, extrañamente, la dicha cantina sólo funcionaba los sábados a partir del mediodía.

Además de esta, había otra cantina que laboraba en el piso bajo el edificio que gerenteaba don Manuel Pérez (hermando del maestro y poeta Luis Pérez Sabido) y que devenía uno de los personajes de las secciones humorísticas del finado Marco A. Almazán, quien lo llamaba simpáticamente “don Manuelito”.

Próxima a esta cantina de don Manuelito existía otra que alguna vez manejó Milo Ongay (más o menos donde hoy se ubica el cine Fantasio) y creo que había otra piquera más por allá. Pero tornemos a la sabatina cantina de don Chucho donde como botana sólo servía chicharrones, castakán (o como se escriba) y buche  y era la delicia de los bebedores. Había buen surtido de cervezas y algunos rones para terminar. El establecimiento ya había cobrado fama cuando lo conocimos y aun recuerdo aquellos sábados a medio día, el lugar repleto de profesionistas (ingenieros, abogados, doctores, etc.) muchos de pie pues las mesas se ocupaban rápidamente, o ante la barra. También memoro los desgastados ladrillos del inmueble bailando bajo nuestros pies. El negocio era un éxito y todavía hoy me pregunto porqué don chucho cerró un día su “Círculo Médico” (que así se llamaba el sitio) y súbitamente desapareció del entorno citadino. Pasaos muchos años, lo vi de nuevo en la ciudad, pero de lejos.

Leave a Reply

Back to top button
error: Este contenido está protegido. Gracias.