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La OSY inundó el Peón Contreras con profundo espíritu mexicano

Ruth Bennett con la OSY. Foto de Salvador Peña L.

La emoción del reencuentro con nuestra orquesta se vio satisfecha este domingo con el primer concierto de la XXXVI temporada de la OSY. Nuestro máximo coliseo de la cultura, el Teatro Peón Contreras, se vio ocupado en todos sus niveles, si bien no pletórico, pues la sana distancia si fue respetada en este recinto. Nos fue muy grato advertir que la titular de SEDECULTA ocupó su lugar en la platea que está destinada a ella, y desde aquí le externamos el deseo de contar siempre en los conciertos con su presencia, pues esto le permite tocar con mano propia la profunda identidad de la orquesta con su público seguidor, y ser testigo de calidad de la profunda emoción que se produce cuando, al terminar el concierto, el multicéfalo en pleno aplaude de pie y grita bravos a la actuación del grupo. Nos fue muy grato también, constatar que la calidad y excelente nivel de nuestra orquesta permanecen intactos, y aún superados, aún después de las condiciones adversas impuestas por la pandemia, y la amenaza económica que se ciñó sobre ella. Fue un domingo de gratos reencuentros y reafirmaciones que, la calidad del programa llevó a ser redondo y muy emotivo.

Después de la tercera llamada, Doña Margarita Molina Zaldívar hizo una rememoración de la trayectoria de la orquesta en sus diecisiete fructíferos años de existencia, e invitó a brindar un apoyo decidido al grupo, por parte de quienes tengan la voluntad de incorporarse al patronato, que es una fuerte garantía para la pervivencia de la OSY. Ya en el plano musical, abre programa la “Obertura Festiva” de Rodolfo Halffter. El maestro Rodolfo Halffter es uno de los grandes elementos de la cultura nacionalista mexicana, aportados por el exilio español que llegó a México huyendo de la terrible Guerra Civil Española, y que incidió en la formación de los grandes maestros de la corriente nacionalista en la música. La obertura es alegre, muy festiva y deja sentir una profunda entraña mexicana que se siente en sus armonías disonantes o en el uso de recursos, como la voz de los cornos con la aplicación de sordina. La obra corre ligera y amena y un sonoro redoble de los timbales nos lleva al alegre final. La primera gran ovación se deja caer con gran fuerza y sonoridad.

Arturo Márquez, es sin ninguna duda uno de los compositores vivos más importante de México. Básicamente, su fama está asentada en la profunda calidad y entraña de sus gustados danzones, en especial los número dos y cuatro, pero su obra creativa va mucho más allá de ellos, y la OSY nos da una muestra de esto al interpretar su “Máscaras, cuatro danzas para arpa y orquesta”. La obra tiene cuatro movimientos con sugestivos nombres que nos definen ya su esencia. El primero es “Flor”, que es delicado, por momentos sutil, lo que permite a Ruth Bennett, en su calidad de solista concertista, dar una muestra muy clara de su profunda sensibilidad en el arpa, pero también hay excelentes pasajes de otros solistas, como el clarinete, el oboe, la flauta y el xilófono también pone lo suyo. El segundo, “Son”, es tremendamente festivo, de una profunda entraña popular y en este movimiento, Ruth ejecuta unas cadencias que son una cátedra del arte del arpa. El tercero, “Pasión según San Juan de Letrán” es la presencia viva de la bulliciosa vida agitada de la gran ciudad capital; si bien las partes del arpa como solista son virtuosas y precisas, el tutti en pleno es quien nos trae el bullicio de la gran ciudad y su gente, como pretender atravesar la calle en el cruce de san Juan de Letrán y Madero. El cuarto, “La Pasión según Marcos” es la natural consecuencia de la obra, es fuerte, emotiva, un exacto corolario de los tres anteriores, es la fuerza y la alegría desatadas, y el abrupto e inesperado final es sencillamente genial. La obra arranca tremenda ovación del respetable que se prolonga largamente.

Después del breve intermedio, el programa se reanuda con “Música para Charlar” de Silvestre Revueltas. Obra que es una excelente muestra del nacionalismo mexicano en la música. La armonía disonante se deja sentir en su estructura de principio a fin, pero las cuerdas ejecutan pasajes melódicos de una delicada y profunda belleza y sensibilidad. La aguda y sonora voz del xilófono tiene a su cargo pasajes protagónicos de gran belleza sonora, y también tiene otros pasajes con las cuerdas, que son una deliciosa y tranquila charla musical, como lo señala el título de la obra. El protagónico del xilófono va alternando con otras percusiones como la redova. Hay un delicioso diálogo entre el piano y el fagot que es de una delicadeza superior. El pícolo y las cuerdas también tienen su diálogo y luego entra el tutti con gran fuerza que nos lleva al sonoro final de la obra. Tremenda ovación corona la interpretación de la obra. Al parecer de este cronista, esta fue la mejor interpretación del concierto. Viene en seguida, “Pieza Vienesa” de Roberto Abraham Mafud. Esta obra la escuchamos por primera vez en noviembre de 2015, interpretada por el Ensamble Valsassina de Viena, y luego por la Orquesta de Cámara de la Ciudad de Mérida. Estas interpretaciones que antecedieron a la presente, fueron rebasadas totalmente al ser transcrita y arreglada para una orquesta de gran formato como la OSY. El arreglo usado en este concierto se debe al músico vienés Lukas Haselböck, y enriqueció la creación de Roberto en su forma, pues la esencia del fondo se conservó intacta. La obra tiene una gran dulzura armónica y alegría, como una remembranza de los primaverales jardines vieneses, en donde el amoroso cortejo juega entre rosales, viene un cambio dramático y sentido que aborda una nostalgia como de un atardecer con sentida y dulce armonía que va subiendo para llevarnos a una plácida serenidad al final de la obra. La ovación se desborda y el respetable exige poner de pie al autor.

Cierra programa el incomparable “Huapango” de José Pablo Moncayo, obra monumental del sinfonismo mexicano. ¿Qué podemos decir de esta obra, cuando todo sobre ella ya se ha dicho? En esta ocasión, se ha usado el arreglo que de ella hizo Manuel Elías, gran músico mexicano, ex director de la Sinfónica de Veracruz, pues la contingencia sanitaria ha exigido que la orquesta use un formato restringido. El arreglo de Elías, permitió que la grandeza de esta obra quedara intacta en este formato, su sonoridad y emotividad no perdió un ápice. Los maravillosos diálogos, entre oboe y arpa, flauta y oboe, fueron emotivos y ricos. El entrañable solo del pícolo, de total esencia mexicana. La tremenda acentuación de las percusiones se dejó sentir con toda su fuerza. Al llegar al final con el tema del Gavilancillo, el tremendo y brillante diálogo entre la trompeta y el trombón, levantó el entusiasmo de la sala. El sonoro acorde final, con el redoble de los timbales, llegó con el sonoro grito de: ¡VIVA MÉXICO! Que retumbó en la sala y que pone de pie al teatro completo, con las emociones desbordadas totalmente. La ovación, con los gritos de bravo, se prolonga largamente, el director tiene que salir al escenario muchas veces, y los solistas reciben también tremendas aclamaciones. Salimos del Peón Contreras con las últimas lágrimas resbalando por la emoción.

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