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Los hijos del aire
Sanjay Gandhi Nehru

Sanjay Gandhi Nehru (1946-1980) 33años: No obstante ser dos años menor que Rajiv el hijo primogénito de Indira Nehru, la poderosa primera ministra de la India, Sanjay siempre fue su hijo predilecto, su talón de Aquiles y su “sucesor cantado” opinaban sus compatriotas. Probablemente este deseo de su madre era originado por el desinterés que siempre demostró su hijo mayor hacia la política, tema que, muy al contrario, disfrutaba el menor. Asimismo, mientras uno era apacible y tranquilo, al cual solo le interesaba llevar una vida alejada de los reflectores a lado de Sonia, su esposa italiana y de Rahúl y Priyanka sus dos pequeños hijos, Sanjay estaba orgulloso de ser quien era, albergaba una gran ambición política y le gustaba mostrarse en fiestas ruidosas a pesar de ser puritano –no bebía ni fumaba-, e inmiscuirse en los asuntos de su madre.

Sanjay desde muy joven se obsesionó por construir un “Volkswagen indio”, un automóvil que pretendía construir con materiales autóctonos para que resultara barato y popular. El nombre que eligió fue el de Maruti en alusión al dios del viento en la mitología hindú. A pesar de que en un principio Indira se negó a que su hijo presentara el proyecto al Ministerio de Desarrollo Industrial, Sanjay la desoyó y solicitó la licencia y presionó a su madre para que influyera en la decisión del gabinete para que le otorgaran el permiso.

Indira quien siempre se mostró con carácter firme ante su pueblo y las diversas revueltas que periódicamente enfrentó durante el tiempo que dirigió los destinos de su extenso país, con su hijo Sanjay constantemente se mostró débil ante sus acciones y exigencias. Durante su adolescencia le toleró, en más de una ocasión, diversos comportamientos que denotaban su carácter rebelde y su afición por brincarse las leyes, como cuando fue detenido por la policía y llevado a su casa por haber hurtado un automóvil, o cuando estudió en Inglaterra, donde también fue detenido por manejar con exceso de velocidad o conducir sin el permiso correspondiente.

Indira parecía no darse cuenta que Sanjay no estaba preparado para llevar a cabo esa magna empresa, aunque le gustaba todo lo relativo a la mecánica de los aviones y autos, únicamente había tomado un corto curso en la Rolls Royce en Inglaterra.  Sin embargo, con el aval de su madre, el gobierno lo autorizó para producir cincuenta mil automóviles al año. Dos años después de conseguir la licencia, la empresa de Sanjay no había producido un solo Maruti.

En mayo de 1973 Sanjay, probablemente presionado por el gobierno, o por sus socios a quienes había pedido mucho dinero, decidió presentar uno de sus vehículos a la prensa, sin embargo, el Maruti exhibía múltiples desperfectos. Durante las pruebas el auto se calentó, las puertas no cerraban correctamente, el motor hacía un ruido estridente y la suspensión estaba durísima. Asimismo, la periodista que cubrió el evento observó que únicamente había en los almacenes cinco coches sin pintar y quince en proceso de fabricación. La prensa comenzó a calificar al asunto Maruti como el “Watergate” de Indira.

Indira, no obstante el anunciado desastre del proyecto de su hijo, se condolía de su situación, llegando a plasmar en una carta sus preferencias entre sus hijos: “Rajiv tiene un trabajo (él era piloto de la línea Indian Airlines), pero Sanjay no lo tiene y está metido en una empresa costosa. Se parece mucho a mí cuando tenía la misma edad –con sus asperezas también-, tanto que me da pena el sufrimiento que debe soportar” (Correspondencia de Indira).

A los 27 años, Sanjay era considerado un hombre guapo y el soltero más codiciado de la India, durante el tiempo que vivió en Inglaterra había salido con varias jóvenes y al regresar a su país tuvo dos relaciones más o menos formales.  En 1973 se enamoró de una guapa joven de 17 años de nombre Maneka.  Ella había abandonado sus estudios de Ciencias Políticas, pretendía ser periodista y había trabajado como modelo, era hija de un coronel Sij y de una hija de un terrateniente y ganadero de Punjab. Pronto el impulsivo Sanjay después de un corto noviazgo, decidió contraer matrimonio, su madre trató de retrasar la boda sin conseguirlo, por lo que Maneka se integró a la familia y como era la costumbre, se trasladó a vivir a la residencia de los Gandhi-Nehru.

A mediados del año de 1975, Indira enfrentó uno de sus peores momentos políticos cuando fue declarada culpable de negligencia durante las elecciones de 1971, por lo que dichas elecciones quedaban invalidadas y se le prohibía asumir un cargo público en los siguientes seis años. Indira ante estos hechos pensó seriamente en dimitir a su cargo, sin embargo, su hijo Sanjay le exigió no hacerlo y enfrentar a sus enemigos, organizando grandes mítines en apoyo a su madre. En 1977 Indira perdió las elecciones y fue sometida a varios procesos, y en esos difíciles momentos, cuando varios aliados la abandonaron, Sanjay fue casi el único que continuó apoyando a su madre, logrando con sus campañas que para enero de 1980, el 80 % de los votos fueran nuevamente para ella, obteniendo así casi un poder absoluto de nuevo en la India. Sanjay a pesar de sus defectos era reconocido, por sus mismos detractores, como un entregado trabajador y con una gran aptitud para enfrentar obstáculos y tomar decisiones. Por supuesto al recuperar el control y poder del país, todos los magistrados que iniciaron procesos contra su madre fueron poco a poco destituidos de sus puestos. Por estas acciones de lealtad, Indira siempre se sintió agradecida con su hijo, considerándolo y así lo consignó en una carta a una amiga, más que hijo, como su hermano mayor.

El 13 de marzo de 1980 Sanjay y Maneka tuvieron un hijo al que llamaron Firoz Varun quien vino a llenar la casa de Indira de alegría y armonía familiar, sin embargo, esta tranquilidad fue efímera, ya que tres meses después el 24 de junio, Sanjay perdió la vida al realizar ejercicios acrobáticos en su avión Pitts S-2, a corta distancia del aeropuerto de Nueva Delhi. Aunque era un consumado piloto, le gustaba realizar peligrosos ejercicios de acrobacia área y de esto ya había sido advertida su madre quien le suplicaba siempre: – Ten mucho cuidado. Me dicen que eres muy imprudente…

La muerte de Sanjay sumió en la más profunda desolación a Indira, quien por primera vez lloró en público y se derrumbó en su funeral. Tres años más tarde acompañaría a su hijo ya que fue asesinada en 1984.

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