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Centenario de Emilio Vera, mucho más que una exposición

“Tómame la mano, conduce mi viaje

Y mientras me enseñas a ver el paisaje,

Con el alma tuya, llena de cariño,

Yo quiero que escuches mi canto de niño”

Luis F. Brito Pinzón.

Dice un verso: “Solamente el amor produce la maravilla”, y eso es muy preciso y cierto. El amor tiene un inusitado poder de convocatoria, y el resultado de una acción concebida en esos términos, suele ser maravillosa. Y en este caso que voy a reseñar, no fue la excepción, pues quienes intervinieron y pusieron su empeño en rendir un justo y merecido homenaje al Mtro. Emilio Vera Granados, con motivo del centenario de su nacimiento, pusieron alma, vida, corazón y amor, para entregar al público de Mérida, una exposición-homenaje, que va mucho más allá de ese concepto. Pues lo expuesto en la galería principal del Teatro José Peón Contreras, es un verdadero poema de amor, patentizado en varias y muy afortunadas formas. La voz siempre entusiasta del gran maestro Manuel Lizama, fue quien lanzó la convocatoria, y el guante fue recogido por varias personas e instancias, y el resultado fue maravilloso. Pues en los salones de la galería, nos encontramos con una realidad sensible, colorida, recuperada y, finalmente, proyectada con una fuerza apabullante para los sentidos, pues el planteamiento de este evento multidisciplinario, lo es en varios órdenes y expresado en varios y ricos lenguajes de varias artes conjuntadas y hermanadas alrededor de la persona de un maestro toral: Emilio Vera Granados.

El guante arrojado por Lizama, fue dignamente recogido por la FILEY, SEDECULTA y un distinguido grupo de discípulos del maestro Vera, para entre todos concebir y conjuntar un homenaje en varios planos y expresiones que, en su conjunto, nos proyectan el ser, la esencia y la trascendencia de un siglo de vida del querido formador de muchas generaciones de artistas, cuya acción benéfica se ha multiplicado exponencialmente, por la labor que a su vez, han proyectado sus discípulos en los suyos propios, y que, en conjunto, dan una dimensión inconmensurable a lo hecho por el maestro Vera. La singular exposición, incluyó, desde luego artes visuales, pero va mucho más allá, los espacios son compartidos por obras de pintura, grabado, escultura, labor gráfica en revistas y periódicos, labor editorial, y como una gran culminación, un hermoso video en el que tenemos al maestro Vera opinando, analizando, riendo ante encuentros agradables y afortunados, y emotivos reencuentros consigo mismo, en su propia obra recuperada: “¡Pero qué barbaridad! Y esto, ¿dónde lo encontraron? ¡Uh, tiene muchísimos años, más de medio siglo!”, y ríe, ríe con esa su forma espontánea y tan natural en él. Quiso el destino, que el convocante, Manuel Lizama, no viera realizado este sueño feliz, pero dónde esté, lo debe estar gozando.

Para la visita a esta muestra extraordinaria, se congregaron Rosa Arteaga Silva, jefa del Departamento de Artes Visuales de SEDECULTA; Addy Cauich Pasos, coordinadora de exposiciones de SEDECULTA; por la FILEY, Enrique Martin Briceño, su director; José Enrique Avilés Marín y Manuel May Tilán, funcionarios de esa feria; y Gladys Díaz Negrón, en representación de los discípulos del maestro Vera. Es Gladys la que lleva la voz cantante para exponer todo lo que se ha hecho para homenajear al maestro Vera, nos rememora los días en Bellas Artes, en el antiguo edificio de la calle 59; con gran placer, nos relata las divertidas excursiones que el maestro Vera organizaba con los alumnos para que aprendieran y tomaran material del natural. Nos va poniendo al corriente de todo lo que la exposición incluye, destaca la inclusión de veinticinco dibujos a puño de Vera Granados, y nos indica que la curaduría de la exposición ha sido una labor eminentemente armónica, y ha tenido el objeto de integrar en un solo contexto a los maestros Vera y Lizama, y que sea un homenaje para ambos. La propuesta curatorial incluye cinco espacios temáticos y físicos que son una invitación a pensar quiénes son estos maestros, y a humanizar su figura también.

La primera sala nos presenta los retratos de ambos maestros, tanto sus autorretratos como los hechos de ellos por sus discípulos, entre los que destacan los de Vera por Adolfo Rodríguez Canto, Carmen Roca, Francisco Rosado y Gladys Díaz. Se nos presenta también la línea del tiempo en el siglo de vida de Emilio Vera. Una obra extraordinaria expuesta, es el retrato del maestro Manuel Lizama pintado por Mario Trejo. La segunda sala presenta las principales obras de los maestros, y de los artistas de sus talleres. Hay también siete vitrinas que contienen materiales muy variados; dibujos, diapositivas; destaca un autorretrato de Vera que es un grabado ashurado, es decir, resuelto en líneas breves; abundan los testimonios fotográficos. Mención aparte nos merece los trabajos de ilustración del maestro Vera para la Unión de Industriales de Yucatán, y que incluyen dibujos de sitios emblemáticos de la ciudad de Mérida, para promocionar productos locales. De profunda entraña resultan los originales de las series publicadas en el Diario del Sureste, de Las Aventuras de Joseito Ek y Petrona Che. Se expone también una amplísima colección de libros ilustrados por Vera. La última sala, es un homenaje de los discípulos con la aportación de obras de los participantes de sus talleres, un verdadero poema de amor y de color en las paredes de la galería.

Lo más emotivo, es el video que se proyecta en forma continua en una pantalla, pues es el testimonio vivo del propio maestro Vera, en este dispositivo electrónico, Vera nos da de viva voz sus recuerdos, sus conceptos y principios, en una forma clara y precisa, con una coherencia y lucidez extraordinarias, y viniendo de un hombre con cien años a las espaldas.

Es muy afortunado que, esta exposición extraordinaria hubiera contado con las participaciones de: SEDECULTA, ya que su propia naturaleza está dirigida a este campo, y que sus funcionarias mostraran la excelente disposición de participar y asumir lo necesario para su feliz realización. FILEY, es de suyo el evento cultural más importante de nuestro estado, y durante la pandemia, no ha cesado de proyectar positivamente la imagen cultural de nuestra máxima casa de estudios, la UADY, que tiene el deber ineludible de sostener esta importante instancia en su seno. Y por último, el hermoso poema de amor escrito por los discípulos de los maestros Vera y Lizama, que no han dudado un solo instante en participar y aportar obra, esfuerzo y tiempo, para lograr este ambicioso objetivo, una gran exposición, que es, mucho más que una exposición.

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