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Emilio Vera a sus cien años

Emilio Vera: Autorretrato (1949), oleo sobre tela.

Emilio Vera está en todos los ámbitos de nuestra cultura, es una presencia constante, amistosa, entrañablemente paternal. Es sin duda una presencia visible, a quien todos celebramos por su trayectoria en las artes plásticas pero también por su bondad, por su don de gentes. Y este 23 de agosto cumplirá sus intensos y productivos cien años de edad.

Llega a su centenario en vida, con plena salud física y lucidez mental. Si bien lo aquejan los problemas de audición, sigue contando con una notable memoria. Por la interminable pandemia, resguardado en su casa, como debe ser, se pasa los días gozando de los cuidados de su esposa, doña Guillermina Cruz.

Su vida artística abarca casi 80 años y atraviesa la historia de nuestras artes plásticas del siglo XX hasta la fecha, ya que algunos de los forjadores de la Escuela de Bellas Artes, fundada en 1916 por Salvador Alvarado, fueron sus maestros, pero también lo fueron varios de los primeros y más distinguidos discípulos de esa misma escuela y él mismo ha acompañado como maestro, colega y espectador a la mayor parte de las generaciones subsiguientes.

En materia de artes gráficas ha realizado infinidad de portadas e ilustraciones de libros, ha diseñado invitaciones, carteles y programas de mano. Su labor incluye también importantes colaboraciones con la heráldica y la numismática. Dígalo en el primer caso el Escudo de Armas del Estado de Yucatán, ya que si en su concepción general, de prefiguración, el autor fue Juan Francisco Peón Ancona, a don Emilio corresponde la parte propiamente plástica, una tarea conjunta que realizaron también en la creación de escudos de armas de varios municipios yucatecos.

Su vida está llena de acciones positivas, una de ellas, hecha igualmente en colaboración, fue la elaboración empírica de un tórculo para la Escuela de Bellas Artes a fin de hacer posible el arte del grabado en dicha institución. Hasta hace unos años, ese tórculo aún funcionaba en el actual CEBA y esperemos que se mantenga en uso.

El grabado implica la reproducción en serie para hacer posible originales múltiples  con una técnica compleja a partir del uso de mecanismos y con toda la capacidad de ser un campo propicio para expandir la creatividad de un artista.  A don Emilio se debe la revaloración de esta disciplina artística que a menudo no es apreciada en su debida magnitud por el público, a pesar de que vivimos en la tierra de Gabriel Vicente Gahona “Picheta”, uno de los más antiguos y más grandes grabadores mexicanos, y de que hemos tenido un respetable número de destacados grabadores como Pancho Vázquez, maestro de don Emilio y que igualmente tuvo la oportunidad de estudiar en la naciente Escuela de las Artes del Libro en la Ciudad de México gracias a la beca concedida por el Gral. Lázaro Cárdenas en 1937. El nombre de ambos se aúna al de otros destacados grabadores yucatecos como Manuel Cachón, Raúl Gamboa Cantón, Rubén Pérez Morales, Fernando Castro Pacheco, Alberto García Maldonado, Jorge Euán, Manuel Lizama y Jaime Castellanos.

En su aprendizaje de las técnicas de grabado en metal, madera y piedra, Emilio Vera fue discípulo de Koloman Sokol, artista de la entonces Checoslovaquia y radicado temporalmente en México, y de Francisco Díaz de León, justo el redescubridor de Picheta. Precisamente en el acervo del Fondo Díaz de León del Museo Virtual Blaisten se encuentran dos impresionantes grabados de tema social realizados por don Emilio a fines de los años 30. Uno es el aguafuerte “Hambre”, y otro el grabado en madera de hilo titulado “Transformación”. También en el Museo Nacional de Arte (MUNAL) se encuentran otras tres xilografías suyas de 1939: “Los amigos”, “Tianguis” y “Mi hogar”, los dos primeros de tema social urbano de la Ciudad de México y el último, rural yucateco. Todos los mencionados pueden verse por medio del internet.

La tarea efectuada en materia de diseño gráfico, tanto a nivel editorial como en la publicidad, es memorable. Y esto se relaciona con su colaboración en otras disciplinas como la literatura, la historia, la música y las artes escénicas, en todas las cuales también ha tenido muchas amistades. En verdad, don Emilio ha sido un animador nato de nuestra vida cultural.

Con algunas precisiones, incluyo el párrafo con que concluí el discurso de semblanza del día que le fue entregada la Medalla Eligio Ancona en 2010:

Don Emilio ha sido personaje frecuente de los retratos de grupo de artistas plásticos y escritores, pero también es autor de uno de los principales autorretratos de la plástica yucateca y que formó parte de una exposición colectiva efectuada en la Universidad de Yucatán en 1950. En este autorretrato se ve en primerísimo plano a un joven de 28 años, de frente ancha y cejas pobladas. La posición del cuerpo es oblicua, con pliegues en el cuello que indican la fuerza de la torsión del cráneo. Al fondo, un paisaje de ambiente surrealista muestra un cielo grisáceo, una formación pétrea a la izquierda, algunos arbustos a los lados y unos delgados troncos secos atravesados por hamacas. Cada ojo parece mirar a un punto distinto. Uno más centrado en la realidad, el otro más introspectivo. Es el cruce de varios tiempos encarnados en una persona: el que transcurre, el que reverdece, el que siempre ha estado ahí viéndonos y siendo visto: una amable presencia permanente, que es decir el primer plano en que siempre habrá de estar don Emilio Vera Granados.

Jorge Cortés Ancona

Licenciado en Derecho, con Maestría en Cultura y Literatura Contemporáneas de Hispanoamérica. Es egresado del Doctorado en Literatura de la Universidad de Sevilla con una tesis sobre teatro y boxeo, y cuenta con un DEA (equivalente de maestría) de la misma institución. Ha impartido clases y cursos en diversas instituciones educativas y culturales sobre literatura e historia de las artes visuales. Ha escrito numerosos artículos y entrevistas sobre temas culturales y figura en varias antologías de poesía.

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