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Un nuevo acto fallido de la policía

Todavía el caso de José Eduardo Ravelo está ocupando la atención de los medios de comunicación dentro y fuera de nuestro país, cuando nos llega un nuevo caso de una acción incongruente por parte de unos patrulleros de la Secretaría de Seguridad Pública del Estado. Un joven de vida recta, de gente de bien, gente trabajadora y que nunca se ha visto involucrada en escándalo alguno, nuevamente, y sin razón, es detenido, revisado, calumniado, y lo más grave, maltratado, por los encargados de una patrulla de vigilancia. Y después del atropello, le hacen advertencias de que se ande con cuidado porque van estar muy pendientes de él. Nuevamente nos preguntamos ¿A qué obedece esta conducta por parte de nuestros agentes de la policía? ¿Con qué autoridad legal se comete esta clase de atropellos? Tal parece que, como reza el dicho: Nadie adquiere experiencia en pellejo ajeno; y por lo visto, los agentes de las corporaciones policíacas se avienen a esta frase en una manera exacta. ¿Será que es necesario qué nuevamente algo muy grave señale a nuestras corporaciones policíacas para que se vaya poniendo remedio definitivo a estas cosas? Es muy lamentable que, reciente el escándalo en que se ven envueltas las corporaciones, se de uno nuevo y sin justificación.

La tarde de hoy, al hacer su alto en un semáforo, una patrulla le ordena al joven Joaquín Antonio Mena Aguayo que se orille sin razón alguna, lo obligan a descender de su vehículo, lo catean, le aseguran que tiene varios ingresos al penal, lo amenazan y, al no encontrar nada que justifique su detención, le dicen: “Vete con mucho cuidado porque vamos a estar muy pendientes de ti”. La vejación sufrida lleva a Joaquín a esta reflexión que nos externa: “SI NO ERES RICO, BLANCO Y HETEROSEXUAL, ESTA CIUDAD NO ES SEGURA PARA TI; Y LA POLICÍA NO ESTÁ PARA CUIDARTE, TE ASESINA”. Es sumamente grave que un joven, a resultas de una experiencia como la expuesta, llegue a una conclusión como esta. Existe un problema real en toda la administración pública. Sirve de muy poco que, las más altas autoridades se propongan cambiar las cosas, pues sus buenas intenciones se van desvaneciendo a medida que se va descendiendo a los mandos medios, y es mucho peor al llegar al personal de base. Y en materia de seguridad pública, es urgente emprender un saneamiento total en las corporaciones, impartir con urgencia y de inmediato cursos de relaciones sociales a los elementos de todos los niveles, y sin excusa alguna, castigar ejemplarmente a quienes cometan atropellos al ciudadano de a pie. Si no se hace así, veremos cometer más atropellos como este, y aún más graves.

Estos últimos acontecimientos, han puesto la mirada del mundo sobre Mérida y sobre Yucatán, pero lo malo es que ha sido con un sentido muy negativo. Todos los promocionales que cuestan tanto dinero al erario, se ven nulificados y rebasados por un solo hecho negativo que se difunda ampliamente en las redes, y si a esto se agrega que, nos hacemos noticia de la nota roja en los principales noticieros nacionales, cualquier campaña de promoción turística del estado se nulifica; y si cómo sucedió con el caso de José Eduardo, esto se proyecta a noticieros de clase internacional, el daño a la imagen del estado se hace de tono mayor, y revertir esto, es una tarea titánica de resultados dudosos. Es una realidad que, un ingreso de la mayor importancia para Yucatán está en la actividad turística, y la publicitación y difusión de sucesos como estos nos afecta económicamente a todos, y en estos días en que la situación económica está en una grave depresión por las razones sanitarias que todos conocemos; echar leña al fuego es un suicidio. Flaco servicio hacen estos desleales y corruptos agentes a nuestras autoridades y al pueblo de Yucatán entero.

¡Ya basta de que, el criterio de los patrulleros se mueva por el principio del sospechosismo! Hay que capacitarlos con urgencia para que adquieran un criterio coherente, que se sujeten a un protocolo establecido para proceder, que entiendan que, tratar al ciudadano con cortesía y respeto no es una dádiva de su parte, sino un deber ineludible. Es necesario, más bien indispensable, que las autoridades, desde el más alto nivel, emprendan una campaña efectiva y total para limpiar completamente las corporaciones policíacas de todos los órdenes, sea municipal, estatal, judicial, o cualquier otro; sólo así se logrará que el título de que, Mérida es la ciudad más segura de México, corresponda a una realidad inobjetable. Todos amamos a nuestra ciudad y nuestro estado, todos queremos vivir tranquilos y seguros. Es un interés general y es un Derecho Humano.

Levantamos nuestra voz para pedir a las autoridades en general, para que tomen las medidas y decisiones necesarias para ostentarnos como LA CIUDAD MÁS SEGURA Y TRANQUILA DE MÉXICO.

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