CulturaEspeciales

Noctambula (II)
(Deseo escénico para actriz ebria)

(Se escucha en off)

Ella:

        Salí asqueada de ese horrendo festival a beneficio de los niños cíclopes. Todo

        era horrendo, yo quería un trago, un tequila, y allí sólo ofrecían limonadas y

        horchatas. Afortunadamente siempre voy prevenida, así que en el “dizque”

        camerino me eché unos buenos tragos…Me querían llevar a mi casa, pero ya

        no soportaba ni un minuto más su caridad pro derechos humanos ni su afán

        pasado de moda por la paz…así que abordé un taxi. Tenía ganas de acción y

        el chico que fungía como chofer no estaba nada mal. No tuve que esforzarme

        mucho. El me llevó a las afueras de la ciudad donde se reúnen otros choferes

        de taxi para beber, drogarse y rolarse a las putas –como yo- que levantan   

        por la asquerosa ciudad purulenta y apestosa de smog.

(Ella baila con los taxistas una canción de Scorpions. Conforme sube el tenor del texto: Cuarto Canto de Maldoror del Conde de Lautremont, extrae con un fórceps las entrañas de los taxistas que se multiplican y las arroja al público. Sus manos, rostro y ropa queda manchadas de sangre.)

Ella.-

        Soy sucia. Los piojos me roen. Los cerdos vomitan al mirarme. Las

        costras y las escaras de la lepra han convertido en escamosa mi piel

        cubierta de pus amarillenta. No conozco el agua de los ríos ni el

        rocío de las nubes. En mi nuca crece, como en un estercolero, un

        hongo enorme de pedúnculos umbelíferos. Sentado en un mueble

        informe no he movido mis miembros desde hace cuatro siglos. Mis

        pies han echado raíces en el suelo y forman hasta la altura de mi

        abdomen una especie de vegetación viviente, repleta de innobles

        parásitos, que todavía no llega a ser planta y que ha dejado de ser 

        carne. Sin embargo mi corazón late. Pero, ¿cómo podría latir si la

        podredumbre de mi cadáver (no me atrevo a llamarlo cuerpo) no lo

        nutrieran abundantemente? Bajo mi axila izquierda una familia de

        sapos ha fijado su residencia, y cuando uno de ellos se mueve, me

        hace cosquillas. Tened cuidado de que no se escape alguno, y vaya a

        frotar con la boca el interior de vuestra oreja: sería capaz de

        penetrar luego en vuestro cerebro. Bajo mi axila derecha hay un

        camaleón que perpetuamente les da caza para no morirse de

        hambre: es justo que todos vivan. Pero cuando una parte

        desbarata completamente los ardides de la otra, no encuentran

        nada mejor que dejar de molestarse, y entonces chupan la grasa

        delicada que recubre  mis costillas: ya estoy acostumbrada. El ano

        ha quedado obstruido por un cangrejo; envalentonado por mi

        inercia, guarda la entrada con dos pinzas, haciéndome mucho daño.

        Dos medusas cruzaron los mares, saboreando una esperanza que no

        fue defraudada. Examinaron atentamente las dos porciones

        carnosas que forman el trasero humano, y adhiriéndose al contorno

        convexo, las han achatado en tal forma mediante una presión

        constante, que los dos trozos de carne desaparecieron, quedando

        sólo dos monstruos surgidos del reino de la viscosidad, iguales en

        color, en forma y  en saña.

        Viajero cuando pases a mi lado, te ruego que no me dirijas la menor

        palabra de consuelo: debilitarías mi ánimo. Déjame templar mi

        tenacidad en la llama del martirio voluntario.

( Al sólo quedar una montaña de cuerpos masculinos, ella da un grito primal mientras se arranca las patas de tarántula que ostenta como falda. La culminación de esta orgía de sangre, desata una tormenta con rayos, truenos y relámpagos. La lluvia le lava el cuerpo, el Angel y los seres cubiertos de plástico transparente, la visten con unos escandalosos Hot Pants; la calzan con zapatos de altísima plataforma basados en los diseñados por Julio. Ritualmente le ponen un antifaz de ave exótica, para esconder el rostro que ya luce señales de deterioro. Adornan sus cabellos con una peluca que ostenta serpientes doradas. Al terminar de ajuarearla, los taxistas desaparecen no sin antes sacar los cuerpos con palas. El ángel le pone un brazalete que abarca parte de la mano y los dedos en forma de salamandra cuajada de piedras. Fondo musical: El cielo se está perdiendo un ángel.)   

Ella:

        ¿Quién eres?

Angel:

        El ángel de tu guarda.

Ella:

        No seas cursi, eres otro grueso y reventado igual que yo…¿Qué te metiste

        para que alucines ser mi ángel de la guarda?…a lo mejor eres un padrote

        que quiere venderme a un jeque árabe o a un gringo dueño del mejor

        prostíbulo  de New York o de Malasia…(ríe grotesca) Ay si:

        Yo tenía un ángel,

        un ángel que era mi tesoro

        que reía conmigo

        y lloraba si yo lo hacía…

        pero un día ese ángel voló de mi lado

        hacia ese lugar ignoto

        donde viven las almas buenas…

        (Patea al ángel en la cara y lo derriba.) ¡Vete a la mierda y métete la lengua

        en el culo!

(Saca de entre sus senos un papel celofán, lo abre e inhala la coca que contiene… Se prende una esfera con espejos propia de discoteque de los 70 del sigo XX. Fondo musical: Gloria Gaynor :Sobreviviré. )

Ella:

        Gracias por este homenaje que me hacen ustedes por mi carrera

        de actriz… es cierto lo que dijo el maestro de ceremonias, he trabajado

        con todos o casi todos los grandes directores de este país y la verdad

        es que o son unos putos irredentos, que odian a las mujeres o unos padrotes

        redivivos y misóginos, o sea que todos, pero todos, son iguales: unos

        explotadores y regenteadores del talento ajeno.

        El público (ríe), el público es…como decirlo…(bebe de una copa súper

        adornada y cursi de color violeta.) Bien, se los explicaré con un pequeño

       poema en prosa de Charles Baudelaire, espero que hayan oído hablar de él en

       algún libro de la preparatoria, bueno, si es que tuvieron oportunidad de ir a

       ella…

        “Perrito mono, perrito bueno, perrito mío, ven aquí y aspira este

        excelente perfume que he comprado en la mejor perfumería de la

        ciudad.

        Y el perro, moviendo el rabo, lo que, según tengo entendido, en

        estos pobres seres equivale a la risa y a la sonrisa, se acerca y pone,

        curioso, su húmedo hocico sobre el frasco destapado, luego,

        retrocediendo de pronto asustado, empieza a ladrarme a modo de

        reproche.

        ¡Ay, miserable perro! ; si te hubiera ofrecido un paquete de

        excrementos lo habrías olfateado con deleite y quizá devorado. En

        eso, indigno compañero de mi triste vida, te pareces al público, a

        quien no hay que ofrecerle nunca perfumes delicados que le

        exasperan, sino basuras cuidadosamente escogidas.”

                                            (Continuará)

Fernando Muñoz Castillo

Escritor, hacedor de libros objeto, dramaturgo y director de teatro. investigador e historiador de teatro y cine. curador y museógrafo. periodista cultural. ha publicado varios libros.

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