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Unos no quieren sacar a los niños. Otros piden clases. Y ambos pueden tener razón

El regreso a clases ha traído consigo una discusión sobre qué es lo mejor para los menores de edad. Por un lado, padres de familia y docentes advierten del riesgo del retorno en medio de la pandemia, sobre todo en planteles donde hacen falta los insumos básicos. Por el otro, las autoridades educativas buscan atender el rezago y abandono registrado en el encierro. Y en una vertiente más, están quienes dicen que encerrarlos más tiempo dejará secuelas en su salud mental. Al final, cada arista dibuja una problemática compleja en la que los menores están atrapados.

-Con información de Dulce Olvera y Guadalupe Fuentes

Ciudad de México, 19 de agosto (SinEmbargo).– El inminente inicio del ciclo escolar ha dado pauta a un debate en el que, por un lado, algunos padres y profesores han cuestionado la falta de condiciones sanitarias para el regreso presencial, mientras que por el otro lado, las autoridades educativas y el Presidente Andrés Manuel López Obrador han manifestado la urgencia del retorno a las aulas para atender el rezago y el abandono escolar, situaciones que se han exacerbado durante la actual pandemia.

En medio de este dilema se encuentran los menores de edad, quienes —a diferencia de los adultos de todas las edades— no han sido vacunados contra la COVID-19 ni están considerados en el plano inmediato para ser inmunizados. Además, ellos tendrán que enfrentar a futuro las consecuencias de las deficiencias de la educación a distancia en la que se desarrolló el pasado curso.

En el caso de un retorno presencial, la seguridad de los más pequeños estará sujeta al control que se establezca en los hogares, pero además a la infraestructura de los planteles, la cual tiene carencias de tiempo atrás. Un ejemplo de ello es que sólo el 51.6 por ciento de las escuelas públicas de nivel básico cuenta con drenaje, el 69 por ciento con agua potable y el 87.2 por ciento con sanitarios, según los datos del Censo de Escuelas, Maestros y Alumnos de Educación Básica y Especial (CEMABE) 2014, que son los más recientes que existen.

A todo ello se suma otro factor: el número de contagios entre menores de edad. De acuerdo con datos de la Secretaría de Salud, los casos de niñas, niños y adolescentes con resultado positivo de SARS-CoV-2 pasaron de 84 a 60 mil 928 del 12 de abril de 2020 al 08 de agosto de 2021, el último corte reportado por el Sistema Nacional de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes (SIPINNA). 

Al respecto, el Gobierno de México ha señalado que “en el mundo no existe evidencia de epidemia por COVID-19 en menores de edad” y ha precisado que sólo el 1.6 por ciento de los hospitalizados actuales por esta enfermedad son menores de edad. “Si yo estoy haciendo el llamado para que se regrese a clases es porque considero que no hay riesgos o que son menores”, declaró el día de ayer el Presidente López Obrador.

No obstante, algunos docentes y padres de familia advierten del peligro de volver a los salones de clases, mientras que otros señalan los riesgos de exacerbar el rezago educativo, situación que se ha presentado desde que en marzo de 2020 se cancelaran las clases presenciales.

“Es un riesgo e irresponsabilidad volver a las aulas con alumnos sin vacunar, pero también aunque lo estén, no los quita del riesgo y el problema es que de parte de la SEP no existe un protocolo real de cómo volveremos, ya que el gel antibacterial y la toma de temperatura no es para nada un protocolo sanitario y mucho menos seguro, y no, no existe una infraestructura que aguante 37 alumnos o 15 en modo híbrido”, comentó en entrevista Dani, una profesora de una escuela de educación especial localizada en la Alcaldía Tláhuac.

Mónica Monterrubio, profesora de una escuela primaria privada localizada en la colonia Del Valle, señaló a su vez que en el plantel donde enseña habrá un regreso presencial o híbrido. Además manifestó la necesidad de un retorno para que los niños vuelvan a socializar.

“Es importante (el regreso) por la socialización, comparten entre ellos experiencias o simplemente al observar cómo lo hacen sus compañeros. Los niños necesitan aprender jugando y muchas veces en casa no tienen con quién hacerlo, ya sea porque son hijos únicos o porque sus padres trabajan y simplemente no pueden. También es importante el socializar para saber cómo actuar ante algunas situaciones y tengan tolerancia a la frustración”, abundó.

EL PROTOCOLO DE REGRESO A CLASES

El pasado 12 de agosto, la Secretaria de Educación Pública, Delfina Gómez Álvarez, expresó durante la conferencia de prensa matutina la necesidad de volver a los planteles educativos para que los menores tengan “un espacio amigable y propicio para sociabilizar, porque también necesitan un cobijo para aminorar el estrés y la posible violencia que pudieron sufrir durante largos meses de pandemia y de confinamiento, porque también regresar a clases es precisamente regresar con todas las precauciones que hemos aprendido a lo largo de esta situación tan difícil que ha sido la pandemia”.

En ese sentido, Gómez Álvarez anunció un protocolo sanitario de 10 acciones:  1) un comité participativo de salud integrado por padres, profesores y autoridades; 2) establecer un filtro de salud en casa y participar en los de la escuela y de salón de clases; 3) lavarse las manos con agua y jabón o con gel antibacterial; 4) el uso correcto de cubrebocas; 5) mantener la sana distancia; 6) dar mayor uso a los espacios abiertos; 7) la suspensión de ceremonias y reuniones generales; 8) avisar inmediatamente de la presencia o sospecha de casos de COVID-19, tanto en la escuela como en casa; 9) inscribirse a los cursos de apoyo socioemocional en la línea SEP-Salud Retorno Seguro, y 10) al salir de casa llevar a la escuela la carta compromiso de corresponsabilidad. 

La Secretaria de Educación, Delfina Gómez, al presentar el protocolo para el regreso a clases. Foto: Andrea Murcia, Cuartoscuro.

“Los menores estarán en peligro porque, por su edad, tienden a no respetar normas. En tres de las nueve escuelas de mi zona a veces no llega el agua, los grupos son de 45 y la ventilación es muy mala, no hay insumos, los padres tienen que costear todos los insumos. También los maestros estamos en peligro porque la vacuna que nos pusieron apenas está presentando resultados. La carta compromiso es un documento que nos muestra el riesgo que corren los alumnos, si a mí me la dieran a firmar para mi hijo simplemente no lo llevo”, comentó en ese sentido una asesora metodológica asignada a una supervisión de secundaria en Naucalpan, en el Estado de México, quien pidió el anonimato.

En cuanto a la carta compromiso que el Gobierno ha pedido que los padres firmen, la profesora Mónica Monterrubio consideró que es necesaria porque “hay casos en los que los papás ven a sus hijos con flujo nasal (o algún otro síntoma) y aún así los quieren enviar a la escuela”. 

“El riesgo es inevitable. En el plantel donde trabajo de alguna manera sí se cuenta con lo mínimamente necesario, también se ha recurrido al apoyo de los padres de familia, por ejemplo, en la lista de útiles se agregó que agregaran un lysol para la limpieza constante de superficies”, refirió tras señalar que de cara al retorno al curso se consultará a los padres de familia para determinar quienes regresarán a las aulas y quienes lo harán a distancia.

La profesora Dani indicó, por su parte, que en su escuela la vuelta al plantel educativo se definirá con la opinión de las familias, “sin embargo, nosotras como equipo de trabajo hemos dicho que lo mejor es continuar en línea, pero esto no sería viable si las familias quieren volver a clases de manera presencial, esa consulta la haremos terminando el consejo técnico”. 

Esas mismas inquietudes son compartidas por algunas madres y padres de familia. 

“No considero que en el plantel existan las condiciones necesarias para un regreso presencial, puesto que no se nos ha llamado a junta para hablar sobre el tema, además la escuela está abandonada y no hay agua”, comentó una madre de familia, que pidió no ser identificada y que tiene a dos hijos inscritos en una escuela primaria ubicada en San Antonio Tlacamilco, municipio de Acajete, en Puebla.

Aunque para ella, la educación a distancia no ha funcionado como hubiesen querido: “aquí las clases nunca fueron virtuales sino los maestros mandaban las tareas por WhatsApp, nosotros las imprimíamos y cada semana los profesores las recogían, pero sólo evaluaron con el cumplimiento de las tareas, no revisaban si estaban bien o no”.

“Nosotros como padres decidimos enseñarles por nuestra cuenta y pagar clases por fuera”, expresó.

Al mismo tiempo hay evidencia que muestra un mínimo impacto de casos COVID-19 en un eventual regreso presencial. El pasado 5 de agosto, el movimiento #ABREmiESCUELA, que impulsó la apertura de 23 108 escuelas en trece estados, presentó una serie de cifras sobre el retorno a estos planteles. Indicó que durante las clases presenciales sólo se presentaron 97 casos COVID, lo que se tradujo en una tasa de incidencia de 0.01 por ciento.

El ciclo escolar pasado cerró con el regreso a clases presenciales en algunos planteles. Foto: Andrea Murcia, Cuartoscuro.

EL REZAGO Y ABANDONO EDUCATIVO

Este jueves, la Unicef y la Secretaría de Educación Pública presentarán los resultados de un estudio que llevaron a cabo para dar cuenta del impacto que ha tenido en la enseñanza el que los menores no asistan a clases.

“Si la Unicef plantea, yo no lo aseguro, pero si ellos dicen que hace más daño el tener a los niños encerrados que un posible contagio, pues deben tener fundamentos, yo no quiero que los niños se enfermen, que se contagien, nadie, pero hay que revisarlo”, argumentó este miércoles el Presidente López Obrador, quien ha insistido en la necesidad del retorno para atender las cuestiones de rezago.

De acuerdo con los datos de la Encuesta para la Medición del Impacto COVID-19 en la Educación (ECOVID-ED) 2020, elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), de los 54.3 millones de personas de 3 a 29 años, el 62.0 por ciento (33.6 millones) estuvo inscrita en el ciclo escolar 2019-2020. De éstas, se estima que el 2.2 por ciento (738.4 mil personas) no concluyeron el ciclo escolar 2019-2020 y más de la mitad (58.9 por ciento) señaló directamente que fue por un motivo relacionado a la COVID-19.

La encuesta indica que los alumnos que sí estuvieron inscritos en el ciclo escolar 2019-2020 pero que no continuaron o desertaron del sistema educativo en el ciclo 2020-2021 debido a la pandemia por la COVID-19 o debido a la falta de recursos económicos fueron 1.8 millones; la mayoría fue de escuelas públicas con 1.5 millones en comparación con 243 mil de escuelas privadas.

Expertos en materia educativa refieren la necesidad de discutir cuál será el camino a seguir una vez que se retomen las clases presenciales. Foto: Andrea Murcia, Cuartoscuro.

En ese sentido, Claudia Santizo Rodall, investigadora del sector educativo de la UAM, explicó en entrevista por escrito que restablecer una ‘normalidad’ implica regresar “a una situación previa con resultados educativos cuestionables, pero acompañada de riesgos e incertidumbre por las secuelas que causa la COVID-19”. 

“Si el objetivo del regreso a clases presenciales es la recuperación de aprendizajes, entonces se necesita saber cuáles son las estrategias pedagógicas que se aplicarán o desarrollarán para recuperarlos, tanto los bajos aprendizajes previos a 2019 como los profundizados por el encierro por la COVID. Los docentes deben tener el apoyo de personal especializado, trabajadores sociales, psicólogos, además de recursos económicos que permitan mantener condiciones de higiene”, dijo.

Y agregó: “Regresar a clases presenciales con los recursos y métodos previos a la pandemia no resuelve el problema de la pérdida de aprendizajes y coloca a todos en situación de riesgo por los efectos inciertos de la COVID para la vida futura de adultos y estudiantes”.

Marion Lloyd, investigadora del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación (IISUE) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), señaló a su vez que es importante que haya un regreso presencial a clases voluntario y sin politizar. Citó para ello un reporte del Banco Mundial, en el cual se alerta que en la región latinoamericana aumentará el rezago educativo así como la brecha entre pobres y ricos.

Justo por la desigualdad, Lloyd expuso que debe considerarse, además de los efectos psicoemocionales, que no todos los menores en edad de estudiar pueden seguir en el modelo en línea ni híbrido al carecer de las herramientas digitales requeridas.

A nivel general, las personas mayores de 15 años que presentaban rezago educativo en todo el país ascendían a 30 millones 472 mil 241, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Hogares (ENH) 2017 elaborada por el INEGI.

Es por ello, que los expertos en materia educativa refieren la necesidad de discutir cuál será el camino a seguir una vez que se retomen las clases presenciales.

Por: SinEmbargo

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