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La cultura, un indicador cualitativo

Lázaro Cárdenas en su primera visita a la Escuela de Bellas Artes de Yucatán, firmando en la mesa maya de Miguel Rodríguez. A la izquierda, de perfil y de traje oscuro, el escultor Alfonso Cardone, director de la Escuela (1934).

“Tú vienes de Yucatán”. Me sorprendió que una conferencista sudamericana se dirigiera hacia mí durante una de las sesiones de un encuentro nacional de lectura celebrado hace algún tiempo en Sinaloa. “Yucatán, donde viví dos años y que se distingue por una notable actividad cultural en todas las disciplinas y casi siempre gratuita o con un bajo costo de entrada. Y esa labor cultural en plazas públicas, museos, galerías y teatros está directamente relacionada con las condiciones favorables que ofrece esa provincia. Yo viví en Mérida durante dos años y me hubiera quedado a vivir ahí para siempre, pero me ofrecieron una irresistible oportunidad de trabajo en Canadá y con todo el pesar del mundo me tuve que mudar”.

Es claro que la actividad cultural es un indicador cualitativo de la situación positiva o negativa por la que atraviesa una sociedad. Y lo que comentaba la ponente ante aquel público (donde también había representantes del Ejército) es demostrativo de un desarrollo humano y social, que enseguida detectan quienes nos visitan o nos observan desde afuera. Una ciudad donde los recintos culturales son notorios y funcionan de manera permanente está demostrando que tiene cuando menos una aceptable calidad de vida.

Esto es algo que han entendido históricamente nuestros políticos más relevantes. Si pienso en el ámbito nacional puedo mencionar la formidable obra cultural realizada durante el Porfiriato, etapa con la que no concuerdo ideológicamente, pero de la cual no dejó de reconocer el enorme caudal de obras que siguen vivas en nuestras artes y nuestra literatura. Por lo general, los presidentes (exceptuando a Victoriano Huerta, aun cuando contaba con intelectuales en su gabinete) se han caracterizado por darle importancia -en diferentes grados eso sí- a la producción cultural. No dejo de admirar que en los gobiernos de Fox y de Calderón se mantuvo una intensa labor editorial variada y plural. O que en el Peña Nieto gobernador del Estado de México funcionaba un Consejo Editorial con una planta de cien empleados, en su mayoría especializados, responsables de lo que tal vez sea la mayor producción de libros que cualquier gobierno estatal de nuestro país haya efectuado.

No dejo de pensar en el Porfirio Díaz visitando la exposición del yucateco Juan Gamboa Guzmán en la capital del país y adquiriendo cuadros suyos; las visitas de Lázaro Cárdenas a la Escuela de Bellas Artes de Yucatán y sus memorables apoyos a Pancho Vázquez y a Emilio Vera para estudiar en la metrópoli; la creación de museos durante los gobiernos de López Mateos y Díaz Ordaz, algo que honra a esos dos gobiernos tan represores.

O a nivel estatal, los grandes momentos de gobiernos tan distintos como los de Olegario Molina, Salvador Alvarado y Felipe Carrillo Puerto; la relevante obra cultural del gobierno de Ernesto Novelo Torres; la que se dio con Agustín Franco Aguilar, quien fue amigo de Antonio Mediz Bolio, Santiago Burgos Brito y Juan Duch Colell; a Carlos Loret de Mola impulsando a los pintores y escultores yucatecos para dejarnos un importante legado visual y cívico en Mérida y otros municipios grandes y pequeños; o la excelente labor editorial y artística en el gobierno de Francisco Luna Kan.

Recordar a Federico Granja Ricalde llegando a las exposiciones y al propio Museo Macay antes que los propios artistas; a Dulce María Sauri encabezando abiertamente, sin ningún temor, reuniones con periodistas (sentando a su mesa a Antonio Betancourt Pérez, Leopoldo Peniche Vallado, Luis Ramírez Aznar y Oswaldo Baqueiro López) al igual que con escritores y artistas visuales; a Patricio Patrón Laviada, quien recibió dos veces a nuestra Alianza por la Artes en el Palacio de Gobierno, escuchando nuestros desacuerdos hacia su política cultural –reconozco que memorable en varios aspectos- y dando respuesta puntual y cara a cara; a Ivonne Ortega apoyando la continuidad de las propuestas culturales positivas de su antecesor y abriendo las puertas a los integrantes de la comunidad cultural que se habían sentido relegados; a Rolando Zapata Bello en las inauguraciones del Museo Macay recorriendo obra a obra las numerosas exposiciones o recibiendo sin cesar en una cena a artistas y docentes de artes que se acercaban a él con la única petición de darle un abrazo…

¿Quién honra a quién? Todos ellos y también la mayoría de los no mencionados dejaron huellas en nuestra vida cultural, sembraron semillas y multiplicaron frutos. Incluso en aquellas épocas de sangrientas disensiones en el siglo XIX -tiempos de escasez de recursos para colmo malgastados en cuartelazos y rebeliones partidistas- se consideró de valor la tarea cultural y artística que se hacía o se presentaba en Yucatán. Fueron épocas difíciles y las hubo también en algunos momentos del siglo XX, pero ahora, lejos de las entendibles condiciones de aquellas épocas, a nivel estatal estamos viviendo la etapa cultural más pobre de los últimos 180 años de historia política yucateca, para desgracia destruyendo groseramente el pasado y el presente, sin proponer ningún tipo de alternativas dignas y trascendentes.

Es triste que se pierda de vista el valor de la cultura como indicador cualitativo del bienestar y la confianza de una sociedad y como elemento activo de la imagen pública de un gobierno tanto dentro de sus límites territoriales como más allá de éstos. Esperemos que haya una toma de conciencia y se rectifique el rumbo para bien de Yucatán.  

(Y derivado de lo anterior sería de agradecer que la SEGEY y la SEDECULTA informen públicamente acerca del destino del mural del maestro Manuel Lizama que se encontraba en el auditorio del demolido edificio de la Benemérita Escuela Normal “Rodolfo Menéndez de la Peña”. Un mural que forma parte de nuestro patrimonio artístico y educativo).

Jorge Cortés Ancona

Licenciado en Derecho, con Maestría en Cultura y Literatura Contemporáneas de Hispanoamérica. Es egresado del Doctorado en Literatura de la Universidad de Sevilla con una tesis sobre teatro y boxeo, y cuenta con un DEA (equivalente de maestría) de la misma institución. Ha impartido clases y cursos en diversas instituciones educativas y culturales sobre literatura e historia de las artes visuales. Ha escrito numerosos artículos y entrevistas sobre temas culturales y figura en varias antologías de poesía.

One Comment

  1. Excelente texto. Nuestro tejido social tiene en su trama a la cultura. No olvidemos que este es el elemento sobre el cual se sostiene nuestra tan valiosa y envidiable seguridad.

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