CulturaEntérateEspeciales

Los libros en la pandemia / La adversidad nos ha obligado a reinventarnos

–No recuperaremos lo que perdimos durante los meses que permanecimos cerrados, pero la pandemia de Covid 19 nos ha obligado a reinventarnos, a adoptar nuevos canales de venta, como las plataformas digitales, que llegaron para quedarse. Eso es indiscutible. Durante sus 120 años de existencia, Porrúa ha sabido sortear situaciones difíciles y el desafío que enfrentamos ahora no será la excepción, manifiesta Armando Sánchez Hernández, gerente de la sucursal Mérida.

Entrevistado en el entrepiso de la librería ubicada sobre el Circuito Colonias, en la calle 31 # 144 A por 40 de la colonia Buenavista, Sánchez Hernández (Ciudad de México, 1968) ocupa el cargo desde 2002, pero lleva 35 años como trabajador de este corporativo. La sucursal meridana se inauguró el 2 de septiembre de 2002.

–No niego que la situación de los negocios sea difícil en estos momentos, pero por eso mismo hay que poner nuestro mejor empeño en lo que hacemos; las situaciones adversas nos enseñan a no confiarnos, a rectificar el camino, a innovar; nosotros no esperamos que los clientes vengan a la librería, salimos a la calle a encontrarlos, añade.

–¿Qué tan fuerte afectó las ventas la pandemia?

–Pues después de un año de reabrir te pudo decir que vendemos entre un 35 y 40 % menos de lo que registrábamos antes de la emergencia sanitaria.

–¿Y cuándo calcula Ud. que recuperarán su anterior nivel de operación?

–Es difícil saberlo; todos los negocios, incluido el editorial, dependemos de que la economía del país, y en nuestro caso, de Yucatán, se recupere totalmente, que haya más empleo; aunque se ha avanzado con la reapertura segura, las restricciones siguen impactando negativamente a las empresas.

Actualmente Librería Porrúa, que funciona en un local rentado de unos 400 metros cuadrados, abre de lunes a sábado de 11:00 a 20:00 horas y por los protocolos de salud por ahora solo pueden estar en el interior 16 personas como máximo.

–¿Cómo operaron durante los primeros meses de la emergencia sanitaria?

–Durante marzo y abril del año pasado trabajamos a puerta cerrada. Además de la página web del corporativo (www.porrua.mx), se creó una plataforma especial en la que que se subieron los títulos disponibles en cada sucursal; el cliente seleccionaba y pagaba los títulos de su interés y, a través de Rappi y Corner Shop, los recibía en su domicilio. También llevamos personalmente los libros a las casas, cuando fue necesario.

–¿Se mantiene este servicio?

–Sí, estas plataformas, que ofrecen puntos, entregas gratis y otras promociones a sus clientes, llegaron para quedarse y nos han servido para vender libros.

–Pero supongo que no en el volumen que hubieran deseado.

–Eso es cierto, pero algo es mejor que nada.

Esta casa editorial, que tiene colecciones legendarias como “Sepan cuantos…”, Biblioteca Porrúa, Escritores Mexicanos y la de Derecho, ha ampliado su catálogo en los últimos años con su Biblioteca Juvenil (para estudiantes de secundaria), Gusano de Luz (primaria), Nomen / Omen, así como textos para profesores de todos los niveles, desde preescolar hasta posgrado. Desde luego, también oferta miles de títulos de numerosas editoriales nacionales y extranjeras.

–Entiendo que Porrúa aventaja a sus competidores en materia de libros de texto.

–Sí, de libros de texto que usan las escuelas particulares, porque los de las escuelas públicas los suministra el gobierno.

–¿Qué porcentaje de sus ventas representa este renglón?

–Un cincuenta por ciento aproximadamente.

–¿Y también se cayeron?

–Desde luego que sí, porque no solo hubo cierre de planteles aquí, principalmente de preescolar, sino que también se redujo la matrícula en muchas escuelas particulares. Además, el sector público suspendió sus licitaciones y adquisiciones de libros durante varios meses, lo que también nos pegó. Las universidades dejaron de comprarnos libros para sus bibliotecas. Sí hubo una afectación importante.

Armando me comenta que la venta de libros de texto requiere una atención especial pues hay que estar pendientes de que las escuelas tengan las ediciones más actualizadas y que las editoriales cuenten con el número suficiente de ejemplares para surtir la demanda en un momento determinado.

–Detrás de las pilas de libros que ve aquí –dice mientras me muestra los que están colocados en tarimas, listos para su despacho—hay muchas horas de trabajo, de visitar a los directores y maestros de escuela, de negociar las mejores condiciones de venta para que en vez de que vayan a comprarlos a la capital del país nos permitan a nosotros darles ese servicio. Lo logramos la mayor parte de las veces porque hacemos una constante labor de promoción y estamos pendientes de las novedades editoriales, aunque no sean de nuestro propio sello, subraya.

Las temporadas más activas para la venta de libros de texto son de julio a septiembre, con el inicio de cursos, y de enero a marzo, con el cambio de semestre, pues los alumnos de las escuelas particulares llevan libros adicionales o suplementarios.

El Corporativo Porrúa tiene 60 sucursales en todo el país y durante la pandemia mantuvo sus salarios y prestaciones a todo el personal. “Estamos agradecidos por ello, pues la empresa siempre se mostró firme con sus trabajadores y en ningún momento se pensó en cerrar definitivamente alguna sucursal. Eso mismo nos obliga a dar lo mejor de nosotros mismos”, indica nuestro entrevistado. En la sucursal Mérida laboran cinco personas, entre ellas Nansy (con s) María Uc Pech, a quien conocí hace 35 años cuando prestaba sus eficientes servicios en la desaparecida Librería de Cristal, que estaba a una cuadra del inicio del paseo de Montejo, y después en McGraw-Hill.

–¿Qué promociones tienen ahora?

–Tenemos promociones durante prácticamente todo el año. En nuestra página web, si una persona compra libros por doscientos pesos o más, los recibe gratis en su domicilio, pues absorbemos los gastos de envío. Tenemos un monedero electrónico (tarjeta de puntos Porrúa) para nuestros clientes que les aporta un punto por cada diez pesos del monto de su compra. Cada punto equivale a un peso y se pueden redimir en la siguiente compra o en cualquier otro día en un plazo de un año. Además, son válidos en cualquier sucursal de la cadena. Aplicamos 10 % de descuento en muchos libros para el público en general y para maestros en particular. En ocasiones especiales, como los días del padre, de la madre, del niño, del abogado, del maestro, etc., o bien en la fecha del cumpleaños del cliente, otorgamos hasta el 15 por ciento.

–¿Cómo se ha comportado la venta de ebooks?

— Desde hace unos ocho años, Porrúa hizo una alianza con Gandhi y lanzó su dispositivo de libro electrónico denominado KOBO. Se vende bien, principalmente entre los jóvenes, pero no creo que vaya a desplazar al libro impreso.

Armando llama mi atención sobre puntos poco conocidos: Corporativo Porrúa, además de publicar y distribuir libros convencionales, electrónicos y audiolibros, presta otros servicios, como digitalización de documentos para los sectores público y privado; impresión de libros bajo demanda y de antologías elaboradas por profesores; equipos de cómputo para universidades que usan materiales digitales almacenados en la nube hechos a la medida de sus necesidades; papelería personalizada; artículos de oficina, juguetes didácticos, etc.

–¿Cómo ve el negocio de los libros en el corto y mediano plazos?

–Honestamente no creo que este año nos recuperemos totalmente, pero sí tengo claro que debemos mejorar en lo que resta del ejercicio. Haremos todo lo que esté de nuestra parte para elevar las ventas hasta alcanzar un 80 %. Los padres de familia están comprando libros de texto, lo que para nosotros es una buena señal. Pero insisto en que necesitamos que la economía mejore para que nos vaya bien a todos, finalizó.

Leave a Reply

Back to top button
error: Este contenido está protegido. Gracias.