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Mi diario y yo (9)

Mérida, Yuc., Mex., a 18 de julio de 2021.

Querido Tobiholoc:

Después de año y medio de permanecer encerrado en mi casa a piedra y lodo para evitar contagiarme de Covid 19, ayer por fin salí de mi caverna y en compañía de mis primos Protasio y Crustasio nos aventuramos a ir a comer a una sucursal de conocida cadena de restaurantes que tiene el nombre de un juguete tradicional mexicano.

El lugar estaba semivacío y ni esperanza de que mejorara la afluencia de clientes porque en un dos por tres el cielo se ensombreció y comenzó a caer una copiosa lluvia. Después de ordenar, me levanté para ir al baño y cuando regresaba a mi mesa me encontré en el camino a un conocido mío, que funge actualmente como encargado del lugar. Este este el diálogo que sostuve con él y que ilustra lo que actualmente ocurre en el sector restaurantero de la ciudad.

–¿Y cómo va el negocio?

–¿No lo ves?

–Veo que hay poca gente.

–Sí, aunque primero se nos autorizó a operar al 50 %, luego al 75 % y después de nuevo al 50 % de nuestra capacidad, en la práctica, desde que abrimos en julio del año pasado, nunca hemos alcanzado ni siquiera a ocupar el 40 por ciento de nuestras mesas. Esta es la realidad.

–¿Y cómo están las demás sucursales?

–Tenemos cerradas cinco ubicadas en el mismo número de plazas comerciales de Mérida y lo más probable es que no se vuelvan a abrir, al menos no en el corto plazo, pues se desmantelaron completamente.

–Entonces eso quiere decir que hubo despido de personal.

–Sí, durante los primeros tres meses del encierro, se buscó trabajo a los meseros en otros lugares pero pronto muchos renunciaron porque lo que ganaban no les alcanzaba. Los meseros, como sabes, no viven de su sueldo sino más bien de las propinas. Además, aquí tenían comida gratis todos los días.

–¿El propietario del negocio no se solidarizó con ustedes pagándoles sus salarios mientras estaban cerradas las sucursales?

–¿Cómo podía hacerlo con tres meses sin ingresos?

–Pues en otros lados sí lo hicieron e incluso el gobierno del Estado proporcionó préstamos a los empresarios para evitar despidos, al menos esa fue la versión difundida oficialmente.

–Pues eso aquí eso no sucedió.

–¿Y qué hicieron antes de reabrir sus puertas a los comensales?

–La cocina se mantuvo unos meses atendiendo pedidos para llevar pero desde luego con un volumen mucho menor en comparación con lo acostumbrado.

–¿Y cuál es la perspectiva a corto plazo?

–La verdad, no creo que mejore mucho en el corto plazo, sobre todo ahora con la nueva oleada de contagios de Covid. Al menos dos de nuestros compañeros, personas jóvenes, de menos de cincuenta años, sin comorbilidades, fallecieron hace algunas semanas.

–Pues el gobierno del Estado afirma que se han recuperado 8 de cada 10 empleos perdidos durante la pandemia.

–Pues no sé en qué sectores, pero sí te puedo asegurar que en el restaurantero las cosas van de mal en peor.

–Ahora que lo dices, ahora que veníamos para aquí vimos que restaurantes de todos los tamaños y categorías están cerrados.

–Así es y dudo que vuelvan a abrir sus puertas, sobre todo si funcionaban en lugares rentados. Las ventas ahora no son suficientes para pagar todos los gastos de operación.

Después de despedirnos con un choque de puños cerrados, regresé a la mesa con mis primos que ya se habían despachado prácticamente el guacamole, el queso fundido y otras entradas y estaban a la espera de las dos pizas gigantes al pastor, que seguramente a los italianos les parecería un ultraje a su gastronomía pero que a nosotros nos encanta comerla con chile habanero.

Mientras escuchaba las voladas de Protasio y Crustasio recordé que el 16 de junio último Mauricio Vila Dosal sostuvo una peculiar reunión con varios ex dirigentes de la Canirac, quienes, literalmente, fueron a hacerle el caldo gordo al gobernador. ¿Que por qué lo digo?

La citada junta tuvo lugar pocos días después de que la dirigencia de esa organización hiciera público su descontento por la disposición del Ejecutivo estatal para reducir de nuevo el aforo a los restaurantes.

“Es inaudito que luego de las aglomeraciones causadas por las campañas políticas, las fiestas y convivios, la autoridad a pesar de saber que la pandemia continuaba NO HIZO NADA PARA SANCIONARLOS y hoy venga a anunciar medidas restrictivas que ponen en riesgo de nuevo la operación y el patrimonio de los restaurantes yucatecos”, decía la declaración oficial de la Canirac del 9 de junio. (https://estamosaqui.mx/2021/06/09/restauranteros-no-aceptaran-reducir-aforos-o-cerrar/)

Pues bien, en esa junta varios de los ex dirigentes convocados por el Ejecutivo estatal asumieron una actitud lamentable, por no decir que indigna, puesto que criticaron a la propia dirigencia de la Canirac por no ser “empática” con la autoridad, es decir, por criticar las disposiciones oficiales que consideraba nocivas para los intereses restauranteros. (https://www.yucatan.gob.mx/saladeprensa/ver_nota.php?id=4648) Entre los presentes estuvo precisamente el propietario de los restaurantes que llevan el nombre de un juguete tradicional mexicano.

En resumen, después de lo que vi en la sucursal a la que fui a comer y de lo que me contó mi amigo, me parece más creíble la versión de que las cosas van de mal en peor en el sector restaurantero que el cuento color rosa de las autoridades estatales y de los ex dirigentes de la Canirac.

Pendientes.- En la próxima consulta con el médico familiar del IMSS debo solicitarle varias cajas de senósidos porque me da mucho trabajo hacer del dos. ¿Será porque me embuto pizas waffles, hot cakes, cuernitos, conchas, patas y tutis de queso, churritos, chetos y demás? Lo más seguro es que sí pero…. qué ricos son. Mi amiga Hespérides, que es científica, me ha confesado que tiene debilidad por los productos etiquetados por la Secretaría de Salud con octágonos de fondo negro con letras blancas que advierten del exceso de azúcar, sodio, grasas saturadas y calorías. “De hecho mientras más octágonos tiene el envoltorio más me atraen”, me dijo el otro día. Creo que debe ir con un siquiatra o, mejor, con un nutriólogo porque a ese paso también tendrá que ingerir tantos senósidos como yo.

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