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Cuba, el derecho a la autodeterminación

“Te lo prometió Martí
Y Fidel te lo cumplió,
Ay Cuba ya se acabó
El cuero de manatí
Conque el yanqui te pegó”
Nicolás Guillén.

La historia de Cuba está marcada por la presencia constante de la imposición de una voluntad ajena a la de la propia isla. Casi puede decirse que, fue antes de la llegada de la cultura europea a Nuestra América, que Cuba tuvo plena autonomía y autodeterminación en su territorio. A Cuba se le ha considerado como la llave de América Latina, y realmente hay razones de peso para ello; de Cuba salieron prácticamente todas las expediciones para la conquista de América. Así, desde el S. XV, la Mayor de las Antillas perdió su derecho a definir su propio destino, quedó supeditada a la corona española, y con el tiempo pasó a ser la perla mayor de la corona del Imperio Español, consolidado bajo el reinado de Carlos V. Antes de la llegada de Colón a nuestras tierras, Cuba era lo más semejante al paraíso descrito en la Biblia; la naturaleza fue muy generosa con la isla y sus habitantes. Tainos, Siboneyes, Caribes y otras etnias, desconocían totalmente el significado del concepto trabajo, pues la isla tenía una abundancia de frutas y demás plantas alimenticias; la caza y la pesca eran actividades sencillas, accesibles y no significaban un gran esfuerzo para nadie. Por todas estas circunstancias, estos pueblos vivían sin preocupación de alguna significación, lo cual les fue violentamente arrebatado a la llegada de los españoles a estas tierras.

La perspectiva de los europeos por América, era la de obtener de aquí las especias perdidas por la caída de Constantinopla en manos de los otomanos, y con ello la cancelación de las rutas, de las especias y la seda. Así que, al percibir que América no era Las Indias, sino otras tierras desconocidas, decidieron explotar éstas en todas las formas posibles a su alcance. Como consecuencia de esta explotación inhumana, los pueblos originarios de Cuba casi se extinguieron totalmente, y como la explotación y cultivo de los grandes latifundios de café, tabaco y caña de azúcar no podía detenerse, fue necesario traer fuerza de trabajo de otros lares, y su mirada se posó en África. Los yoruba, arará, bantú y carabalí, fueron arrancados de sus tierras originarias y llevados a los campos cubanos como esclavos para cultivar la tierra. Así nace la mezcla de sangres que da la gente cubana esa gran y amplia riqueza que la hace única en el mundo. Cuatro siglos dura en Cuba el período colonial, largo lapso en el cual, toda decisión sobre Cuba, era tomada desde España. Durante estos cuatro siglos, Cuba no fue dueña de decisión alguna sobre su destino. Al nacer el S. XIX, los aires de libertad se van extendiendo por toda Nuestra América. En el primer cuarto de ese siglo, la gran mayoría de los pueblos de América, obtiene su independencia. Lo cual no sucede con Cuba, que la va a obtener hasta finales del propio siglo y con circunstancias muy especiales que van marcar otra ruta en la que tampoco será libre.

Aun cuando ya la totalidad de los pueblos de Nuestra América ya era libre e independiente, Cuba, casi amaneciendo el S. XX, no lo era. Luchas de patriotas cubanos habían sido derrotadas, así sucedió con los heroicos Mambises en la Guerra de los Diez Años; figuras como Antonio Maceo, Máximo Gómez o Calixto García, no lograron el ansiado sueño de la libertad de Cuba. Surge otro movimiento bajo el luminoso pensamiento de José Martí, que empieza a cristalizar en 1898. Ya el propio mártir se había percatado de un gran peligro, la ambición y el creciente poder del imperio yanqui. “Conozco al monstruo pues he vivido en sus entrañas”, advierte Martí. Y era cierto, USA, aprovecha el levantamiento social en Cuba, hace una farsa en un muelle de España (Un auto atentado al barco El Maine) y declara la guerra a España y la pone de rodillas con su fuerza militar y, el precio de la paz es, la independencia de Cuba. La perla preciada es arrancada de la corona española, para caer en manos de un colonialismo peor y más inhumano. El imperio yanqui, quita y pone gobernantes a su antojo y conveniencia. Cuba se convierte en el prostíbulo de los Estados Unidos de América. Hasta la mafia siciliana pone sus intereses en Cuba, patentados en casinos y hoteles de lujo. Hay un tremendo desarrollo material, Cuba es el primer país de América Latina en tener muchas cosas modernas, pero estos avances sólo beneficiaron a una reducida oligarquía corrupta que pone la rodilla al suelo ante el amo.

Los resultados de la llamada República Mediática son abrumadores. A mediados del S. XX, en Cuba hay uno de los índices más altos de mortalidad infantil y desnutrición, el analfabetismo es del 85%, los guajiros o trabajadores rurales, no tienen en los hechos derecho alguno. Hay un contraste doloroso, mientras en La Habana hay una vida de lujos y abundancia de una oligarquía, la inmensa mayoría del pueblo cubano vive en condiciones miserables y de insalubridad. La medicina cubana, desde siempre, ha destacado por su calidad, una gran cantidad de médicos mexicanos y yucatecos, va a La Habana para especializarse; pero esa medicina no es gratuita ni alcanza a la gran mayoría de la población. La mano del norteamericano, sostiene en el poder en Cuba a siniestros dictadores como Gerardo Machado y el innombrable e impresentable sargento Fulgencio Batista; gente que bañó de sangre a su patria por servir a los intereses de su amo yanqui. Vidas preciosas de estudiantes como Frank Pais caen en esta barbarie. Hasta que, el 26 de julio de 1953, con el asalto en Santiago al Cuartel Moncada, se inicia un cambio que llevará a la Revolución Cubana, y a la verdadera independencia de Cuba. El proceso es largo y accidentado. El asalto fracasa y vendrá una larga lucha armada en Sierra Maestra, hasta que, el 1 de enero de 1959, la revolución entra triunfante a la capital.

A partir de ese momento, se opera en el país una serie de importantes cambios. En 1962, con la gestión de Armando Hart en el Ministerio de Educación y Cultura, con el programa de Los Brigadistas, se abate en un solo año el analfabetismo, hasta hacerlo desaparecer de la nación, estado que se conserva hasta la actualidad y que ningún otro país ha logrado, incluido USA. El acceso a la salud se hace universal y gratuito, para garantizar este acceso, se crean los llamados policlínicos, que están ubicados en todos los rincones de la isla, hasta los más apartados. En ningún otro país del mundo, si por ejemplo, un leñador de los que elaboran el carbón, en los pantanos de Zapata, al sur de la isla, requiere un trasplante de riñón, se le traslada al hospital más cercano, y se le practica el trasplante sin un centavo de costo. Otro importante programa de salud fue el de integrar a un médico en cada rumbo de las poblaciones y esté al servicio de sus vecinos las veinticuatro horas del día. La mal llamada Libreta de Racionamiento, es una garantía de que, cada ciudadano de Cuba reciba la alimentación básica. Claro que no es totalmente suficiente, pero es una base alimenticia para la totalidad de la población. La educación de Cuba está calificada como la más eficiente de América Latina, dato certificado por la ONU y el FMI. Existe 0% de desnutrición infantil, certificado por UNICEF.

La otra cara de la moneda. Es totalmente cierto que una gran cantidad de edificios de la ciudad de La Habana están en muy mal estado, eso es innegable. Es totalmente cierto que escasean los alimentos y las medicinas, también es una realidad. Que hay que hacer largas colas para adquirir las cosas básicas, es verdad. Pero se tiene mucho cuidado en los medios de comunicación de omitir que estas circunstancias son causadas en gran medida por el genocidio más grande en la historia de la humanidad, el inhumano bloqueo de más de sesenta años impuesto unilateralmente por USA. Desde el triunfo de la Revolución Cubana en 1959, el rencor y la inquina del imperio yanqui ha dejado sentir sus terribles efectos, no sobre el sistema de gobierno del país, sino sobre el pueblo cubano que, heroicamente, se ha mantenido de pie y ha salido adelante, pese al endurecimiento gradual en las medidas de asfixia económica, cada vez más perversas. En 1962, John F. Kennedy impulsa una invasión de mercenarios desde Miami que resulta un total fracaso y lo pone en ridículo ante el mundo, y su rencor se desata en forma de instituir desde ese entonces el inhumano bloqueo. Sin ir tan atrás en la historia, el desarbolado Donald Trump, establece más de ciento treinta restricciones más de carácter económico contra Cuba. ¿Cómo puede una nación levantar cabeza con esas circunstancias adversas?

¡Pues el heroico pueblo cubano lo ha hecho! He viajado a Cuba desde 1987, y me ha tocado atestiguar muchos sucesos de su historia. A la caída de la URSS, tuve la oportunidad de platicar con el comandante Fernando Guillén Celaya, el mexicano que se hizo a la mar en el GRANMA, con Fidel, Raúl y el Che. Esa entrevista se llevó a cabo en la Casa de la Amistad Yucateca Cubana. El comandante Guillén me dijo: “Ariel, la caída de la Unión Soviética nos pone contra la pared, estamos en situación cero, vamos a tener que aprender a rascarnos con nuestras propias uñas”; y supieron hacerlo, Cuba no se cayó, ni se arrodillo, ni dio un solo paso atrás en las conquistas de la revolución. Vivieron carencias terribles, sobre todo en alimentación; ¡Y no se quebraron! Pero el llamado “período especial” ha quedado atrás, ya no se come en Cuba picadillo de soya todos los días, y en el período especial no había ni eso. Es verdad que las infames medidas de Trump han causado daño a la situación actual de Cuba, y ésta se ha agravado por la pandemia, cómo en todo el mundo, circunstancia que está siendo aprovechada por los enemigos de Cuba para crear los desórdenes que se están suscitando en estos momentos.

Los reclamos de quienes están saliendo a las calles, son justos en su gran mayoría. De estas voces discordantes con el sistema cubano puede venir un cambio profundo en la vida de esa nación. Seguramente todos los cambios serán para bien. Pero una cosa es muy importante; estos cambios deben ser decididos por los cubanos sin la injerencia de ninguna fuerza o voluntad ajena a ellos. No es aceptable que, desde ningún lado se esté prohijando la violencia y la agresión. Es un asunto de una nación y sus ciudadanos, y quienes están fuera de ella por voluntad propia, ya no lo son. Que los cubanos se sienten y decidan el rumbo de su patria libremente, sin la mano en la obscuridad que trate de mecer la cuna. Y por encima de todo: ¡QUÉ SEA LEVANTADO EL EMBARGO!

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