Bienestar Espiritual

“La increíble gracia de Dios”

(Josué 2: 1-24)
Antes de que los Israelitas tomaran posesión de la tierra prometida, Josué envió a dos espías para inspeccionar la ciudad de Jericó. Dios los inspiró para que su informante de excelencia fuera RAHAB, una mujer dedicada a la prostitución. Ella les da toda la información necesaria y además los motiva para que inmediatamente tomen por asalto la ciudad, al decirles: “Sé que el Señor, Dios de ustedes, les ha entregado este país; estamos asustados y los habitantes del país tiemblan ante ustedes. Pues hemos sabido que su Dios secó las aguas del mar Rojo para que pudieran pasar al salir de Egipto. Sabemos cómo trataron a los dos reyes de los amorreos que vivían al otro lado del Jordán, a Sijón y a Og, a los que ustedes exterminaron por anatema. Estas noticias nos han asustado, y todos se quedan sin ánimo ante ustedes porque el Señor es Dios arriba en los cielos como abajo en la tierra.”(Josué 2: 9-11).

¡Qué motivación les brindó esa mujer! ¡El Espíritu Santo les habló por boca de ella! Esta mujer llamada Rahab fue esposa de Salmón, príncipe de Judá. Su hijo fue Booz, esposo de Ruth y bisabuelo del Rey David. ¡Qué gran bendición le vino a Rahab que se convirtió en la tatarabuela del mismo Divino Salvador! ¡Qué cambio tan radical experimentó Rahab, de ser una prostituta a ser la Tatarabuela del Mesías! Aquí vemos claramente que Dios no tiene preferencia por nadie, tal como lo afirma San Pablo: “Porque en Dios no hay acepción de personas.” (Romanos 2:11). Esta mujer deja su oficio de prostituta y se convierte en la respetable esposa de Salmón, príncipe de Judá. En este acontecimiento estamos presenciando cómo la gracia divina transforma a las personas y las lleva del no ser al ser; de la nada a la existencia; del pecado a la vida. Hasta podríamos ver cómo la gracia se parece mucho a una prostituta. Una prostituta no investiga tu pasado, ni tu posición socio-económica, ni si eres feo o guapo, si estás enfermo o sano, si estás joven o viejo, simplemente te cobra y te ofrece sus servicios.

La gracia de Dios no se interesa por tu pasado ni tu presente; ni si tienes recursos o no; si tienes clase o no. ¡Simplemente viene a transformarte!

Rahab una vez que les dio toda la información, les pidió que tuvieran piedad de ella, de sus padres y de sus hermanos. Ella puso por señal para que la respetaran ese listón rojo. Ese mismo que la distinguía cuando vivía en pecado y ahora es la señal de su honorabilidad. Cuando era mujer galante tenía su listón rojo de señal que indicaba que estaba en espera de hombres deseosos de estar con ella y, ahora, ese mismo listón rojo es la señal para que sea respetada y para que nadie la ofenda, porque la gracia divina la ha hecho experimentar un cambio maravilloso a grado de convertirse en la tatarabuela del Divino Salvador y en gran benefactora del mundo judío y de toda la humanidad.

Rahab abogó por sus padres, sus hermanos y encontró gracia para todos. A nosotros los cristianos nos urge que pidamos gracia para salvar a muchos de los nuestros, tal como lo hizo esa gran mujer. Dios quiere que también nosotros nos atrevamos a gozar de ese cambio extraordinario a fin de disfrutar de las excelencias de la gracia divina.
Jericó cayó en poder de los Israelitas no por el sonido del shofar que tocaron los sacerdotes, ni por las vueltas que le dieron a sus murallas con el Arca de la Alianza, sino por el pacto que Dios hizo con Rahab, quien colaboró con el pueblo elegido para que tomaran posesión de las tierras de los cananeos. Dios hizo derribar los muros porque los israelitas obedecieron todo cuanto se les ordenó. La fe siempre implica obediencia absoluta y total a las condiciones impuestas por Dios.

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