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Auto sacramental del siglo XV, de Alonso Del Campo (II y última)

  Como final de la breve semblanza de los Autos de la Pasión, habría que acotar que:

  “A finales de siglo XVI empezaron a representarse cada viernes, en la capilla de San José de los Naturales los Pasos, en memoria de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, y por aquel entonces también inicio fray Juan de Torquemada unas representaciones durante el sermón de la misa mayor en la misma iglesia, a las cuales se dio el nombre mexicano de neixcuitilli. Sería muy extenso el enumerar todas las representaciones de que nos ha quedado  noticia del siglo XVI en México. Es evidente que su eficacia misionera debió de ser muy grande, cuando se generalizaron y persistieron por tanto tiempo”. Hermegildo Corbató. MISTERIOS Y AUTOS DEL TEATRO MISIONERO EN MEXICO DURANTE  EL SIGLO XVI Y SUS RELACIONES CON LOS DE VALENCIA. DE EL TEATRO FRANCISCANO EN LA NUEVA ESPAÑA María Sten coordinadora, Oscar Armando García, Alejandro Ortiz Bullé.Goyri compiladores, UNAM/ CONACULTA/FONCA, México, 2000, p. 102.

 En Yucatán, al igual que en el resto del país, se presentaron estos Autos o Pasos de la Pasión, como también se les llamó. Pervive un texto en maya, latín y español, que gocé del privilegio de tenerlo entre mis manos.

Todo lo anterior, es para ubicar al lector, sobre la importancia de que se estrenara en Mérida este Auto de la Pasión de Alonso del Campo, e hizo inflamar mi imaginación y mis expectativas de ver la puesta en escena.

 Nunca explicaron que sería lo que iban a escenificar, ni que querían conseguir con ello. Y como ahora, ya nadie da al público una hoja fotocopiada para informar de quienes actúan y quien dirige, y quien es el autor. Pues nos quedamos volando en la luna de Valencia.

La puesta en escena

 Muy triste, porque de pronto se volvió un pretexto el texto de Alonso del Campo para hacer una serie de componendas muy disparatadas, ya que jugar con realidades fragmentarias= futuro, pasado y presente o cualquiera de las formas en que pongamos estos tres tiempos y espacios, se necesita tener una excelente destreza como escritor (a).

 Los productos televisivos o cinematográficos que han logrado muy bien este juego de tiempo y espacio a nivel de memoria de los personajes o del personaje de una historia, siempre parte de la idea de una persona y se desarrolla por un súper equipo de escritores.

Y aquí se volvió un “shek” sin pies ni cabeza.  

 Creo que si queremos contar la historia de Jesus Cristo. Debemos conocer muy bien a cada uno de los personajes que estuvieron a su lado y no quedarnos con los estereotipos que sólo han confundido la verdad histórica. En el caso de hacer componendas a un texto que hasta hace tres décadas se le adjudicó a Alonso del Campo.

 El conflicto de Judas, que de pronto se vuelve un chofer de taxi que es cuate de Chucho, y que ya le dijeron que lo va a traicionar y cuestiona esto frente al público:

-¿Traicionarías a un amigo?, ¿no?, ¿sí?, ¿quién sabe?

 Para terminar diciendo y hacer mutis:

-Puede ser, que tire la primera piedra quien esté libre de pecado.

 UUUUUffffffff, esa respuesta está bien jalada de los pelos del sobaco, ya que el verdadero motivo de  la “traición” de Judas, es producto de sentirse traicionado por Jesús, porque él, siendo un judío que estaba en pie de lucha para derrocar a los romanos -el pueblo opresor de su pueblo, que pensaba, como terminó siendo, con una rebelión armada-, ante la postura de Jesús con la revolución del espíritu y la conciencia no le cuadró en su ideal de libertad. Y menos cuando hablaba de mansedumbre de espíritu. Creo que con esto, estamos hablando de la verdadera razón de por qué el pueblo pidió soltaran a Barrabás: porque era un líder popular que estaba abiertamente en contra del imperio romano.

 Ahora sabemos muy bien que para hacer la revolución, cualquiera que sea y en donde sea, se necesita de un líder con el arma en las manos y otro líder que sea el ideólogo.

 Y esto se vuelve más patente, cuando nos quieren presentar en ciertos momentos a Jesús como un líder popular que incita a la rebelión. Creo que no aprendieron bien la lección del catecismo de la iglesia Cristiana y que no se resuelve jugando a lobo y oveja.

 En este siglo XXI, las cosas tienen que ser muy claras, nada debe dejarse a la imaginación o a la ignorancia de los demás, porque eso cae en el pecado de soberbia. Y este pecado, si te lleva al infierno, pero al de aquí en la tierra.

 En ese momento, cerré los ojos, y me dormí pensando que estaba en el siglo XV viendo el Auto de la Pasión, con toda la parafernalia propia de esa época.

 Después me enteré que era teatro cristiano, para quienes profesan esa variante de la religión y que al otro público nos estaban adoctrinando al estilo de los pobres Testigos de Jehová. a quienes expulsan a las calles, por sus dirigentes,  a golpear de puerta en puerta para repetir una lección bien aprendida, como la de la televisión:

-¡SI HABLA EN LOS PRÓXIMOS 15 SEGUNDOS, LE DAREMOS OTRA DOTACIÓN IGUAL Y LE HAREMOS OTRO 25% DE DESCUENTO!

 Respeto a todas las religiones y sus sectas, siempre y cuando me respeten a mí, o si me invitan a una sesión o a un mitin, que me avisen y expliquen primero, para que yo sepa si quiero asistir o no. Creo en la existencia del libre albedrío.

 Me sentí estafado en despoblado.

 La puesta tiene momentos afortunados, unos más que otros, pero eso no hace toda una obra de teatro. Pero en una ansiedad por cubrir 90 minutos de estar parados en el escenario, desbarataron algo que pudo ser un rescate teatral y no un discurso proselitista para ganar adeptos. Esto es una gran falta de respeto al espectador y al teatro mismo.

 Porque aun sabiendo que íbamos a ver teatro evangelizador, estábamos en disposición de ver y gozar una dramaturgia naciente en el siglo que se escribió, y que emergía en el idioma que hablamos la mayoría: el español.  

 Qué forma de desperdiciar a cuatro excelentes actores. Y  a la voz de una niña que la totalidad del público nunca supo cómo se llamaba y nada más la denominó: la chica del vestido dorado de quince años.

 No se necesita tener dinero para hacer una buena puesta en escena, se necesita tener fe como actor. Nada más.

Fernando Muñoz Castillo

Escritor, hacedor de libros objeto, dramaturgo y director de teatro. investigador e historiador de teatro y cine. curador y museógrafo. periodista cultural. ha publicado varios libros.

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