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Mi ojo izquierdo

He estado ausente. Eso no es raro. Los que me conocen saben que tengo temporadas. Que me agota socializar y necesito espacio. Pero esta vez es distinto. Me he alejado porque sé que quiero decir algo, pero no sé bien todavía qué o cómo decirlo. Y necesito tiempo. Necesito encontrar las palabras y el tono adecuado.

Una mañana al salir al patio una mancha amarilla se atravesó en mi mirada. Pensé en Van Gogh. Imaginé que tenía los ojos llenos de girasoles. Movía la cabeza para ver si la mancha me perseguía. Y siempre estaba ahí. Tengo mi propio sol, pensé, y me sigue a todas partes. Conforme avanzaron los días el asombro se convirtió en desazón. Esto no es normal. Y así, igual que Adán descubrió el pecado y su desnudez, me di cuenta de que estaba perdiendo la visión del ojo izquierdo gradualmente.

Es el ojo que tengo más pequeño. Es el ojo que me duele cuando tengo migraña. Quizá tengo esto. Quizá padezco lo otro. Quizá es un castigo. Quizá. Quizá todo. Quizá nada.

La doctora dijo que no había nada que preocuparse. Que sólo era estrés. Sólo era estrés. Los ojos se me hicieron agua. Dos ojos de agua salada, honda y turbia. Me dolió descubrir que yo era el responsable de mi mal. Yo y mi falta de madurez y fortaleza; de inteligencia emocional para lidiar con el mundo.

Salí de allí aliviado. La pregunta no era si iba a perder la visión del ojo, si no cuándo iba a recuperarla. Te han hecho prescindir de un ojo para que comiences a ver. “Podrían haber sido los dos ojos”, me consolé. “Podrías no estar en esta situación”, me reprendí.

Pensé en Odín. ¿Qué conocimiento me será otorgado al sacrificar mi ojo izquierdo? Ninguno, porque soy un mortal.

No seas dramático. Extrapolar las cosas es lo que te ha traído aquí. Relájate. Respira. Recuerda que lo escencial es invisible a los ojos.

Por primera vez, esa frase que tanto amo me pareció absurda.

¿En realidad estoy tan agobiado? ¿Y qué si pierdo la vista en ambos ojos? ¿Qué se supone que debo hacer?

He padecido insomnio, ansiedad, eczema, dolores estomacales. Las formas en que mi cuerpo somatiza las emociones son variadas, pero siempre agudas y puntuales.

Decidí que era necesario hacer cambios. Me organicé un régimen de bienestar emocional. Tratar de despertar a la misma hora y tener una rutina que por las mañanas incluye practicar yoga y escribir un diario. Hacer meditación por las tardes. A veces tomar una siesta. Comer bien y beber mucha agua. Alejarme de las redes sociales y los noticieros. Soltar. Dejar que las cosas fluyan. Adoptar mis lugares comunes. Vivir el presente. Analizar mis emociones. Beber té verde por las tardes. Estaba asustado. Esas son las cosas a las que me orilla el miedo.

Esta experiencia es lo más cercano que he estado a ese momento en las películas en que un amante amenaza con marcharse. Estaba dispuesto a hacer todo lo necesario para demostrar que me merecía otra oportunidad y así conservar esa compañía que tanto me dolería tanto perder.

La visión ha ido volviendo poco a poco. A veces hay días nublados. Así como en esa escena de Amarcord bailo entre la niebla. No dejo que el miedo me paralice. Me muevo. Sonrío y me muestro contento. Sé que para recuperar lo perdido debo ser optimista. Demostrar que he cambiado. Es parte de mi aprendizaje, del viaje del héroe.

Hay días en que cierro un ojo y uso solo el bueno. “Descansa. Te lo mereces”, le digo al ojo malo. La verdad es que lo cierro porque así veo mejor; pero todas las relaciones tienen sus secretos. Si queremos salvar lo nuestro debemos ser prudentes.

A veces veo un relámpago. Me asusta que eso anuncie tormentas; pero respiro y trato de relajarme. Dicen que la realidad no existe, que es algo que cada uno construye con lo que tiene. Así que me hago de cosas mejores; durante el día recolecto las cosas más bellas que encuentro. Me procuro una buena vida.

Necesito los dos ojos para ver La Noche Estrellada de Van Gogh, los cerezos en Japón y todas las postales que me regale el futuro.  Respira. Recuerda que nada es para siempre.   

Luis Edoardo Torres

Dramaturgo, director de teatro y promotor de lectura. Nací en Nuevo Laredo, Tamaulipas. Actualmente radico en Atenas. En Londres dirigí un taller de escritura que editó dos antologías. También coordiné un club de lectura. Actualmente imparto talleres de escritura creativa y coordino un club de lectura virtual. Mis obras de teatro han sido publicadas en antologías, producidas y traducidas al inglés y el alemán. Tengo un podcast “Un hombre camina” y publico en mi blog http://edtorsan.blogspot.com

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