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Mi diario y yo (3)

11 de Junio de 2021

Querido Tobiholoch:

Cuando los yucatecos creíamos ver la luz al final del túnel (una expresión más común que todas las machincuepas y otras marranadas propias de nuestras campañas políticas tercermundistas, que ni el INE ni el IEPAC investigan y que se pretenden lavar y purificar el día de la elección), pues ahora resulta que esa luz, que parecía un potente reflector, se percibe ahora como una débil flama de un cabo de vela a punto de apagarse.

Me explico: con la reapertura económica, primero, y la aplicación de vacunas, después, hubo una relajación de las medidas de prevención y el resultado es un incremento en el número de contagios, de ingresos a los hospitales y del número de muertos. Hasta el 10 de junio habían sucumbido 4,307 personas por Covid 19 en Yucatán.

Me acuerdo que en uno de sus videos al principio de la pandemia, el gobernador Vila exhortó a los yucatecos, unidos como uno solo, a adoptar las medidas de prevención para que al final “no nos falte nadie”. Bueno, ya nos faltan muchos y ese número seguirá creciendo desafortunadamente.

El caso es que el Gobierno del Estado ha reimpuesto restricciones en materia de movilidad y operación de bares, restaurantes y centros religiosos, aunque no ha cambiado el color del semáforo de riesgo epidemiológico.

El problema que enfrentamos ahora los yucatecos y el Ejecutivo estatal es que a las personas adultas mayores es más fácil meterles miedo y convencerlas de que se queden en sus casas, pero me temo que esa estrategia de control social no surtirá efecto con los jóvenes porque la mayoría de ellos se sienten invulnerables.

Por las redes sociales circulan infinidad de videos en los que se ve a muchachas y muchachos de clase media y alta en fabulosas pachangas en las que, por supuesto, ninguno lleva cubre-bocas ni mucho menos guarda distancia social, ya que se abrazan y besan como si no estuviéramos en una pandemia.

En uno que me llamó la atención, la cámara de un teléfono celular va recorriendo un espacio en el que se lleva a cabo una animada boda y se detiene en varios de los invitados, quienes siguen el siguiente formato: “Hola, soy Richard, y este es mi primer trago”; “Hola, soy Karla, y esta es mi séptima copa”. Los más cool expresan: “Hola, soy Sonia y este es my first drink”. Hay imágenes en las que otros jóvenes, hombre y mujeres de entre 25 y 35 años de edad, que ya están completamente ebrios, expresan: “Hola, soy Fernando y este es mi trago no sé qué número” o bien “Hola, soy Stephani y me importa madre qué número de trago sea este”. Luego de cada testimonio se alcanza a escuchar risas, murmullos y la música tecno a todo lo que da.

No vamos a caer en la postura del gobernador y del titular de la Secretaría de Salud estatal de satanizar a los jóvenes y echarles la culpa del repunte de casos de Covid 19 (aunque luego trataron de suavizar sus afirmaciones), pues en otras entidades y otros países ha sucedido lo mismo con la reapertura económica y también por la aparición de nuevas cepas, más agresivas, del virus.

En una entrevista con la prensa el gobernador Vila exhortó a los padres de familia a cuidar a sus hijos jóvenes, lo que implicaba, en el contexto que nos ocupa, a mantenerlos dentro de sus casas, a fin de que no salgan y traigan al hogar el temible virus que propague el contagio entre padres y abuelitos. Esta exhortación se nos antoja ingenua, por no emplear otro calificativo, porque refleja la concepción de una familia ideal en la que el jefe de familia pontifica ante su progenie y todos lo obedecen de modo reverencial y casi con temor. Esa imagen difundida en las películas de la época de oro del cine mexicano ya desde entonces resultaba falsa.

La mayor parte de los jóvenes de clase media y alta ya están emancipado de sus padres, lo que quiere decir que viven fuera de sus hogares, en un departamento o casa rentada o propia, y hacen su vida, con o sin pareja, sin tomar en cuenta lo que les digan, sugieren o recomiendan sus progenitores.

Insistimos en que la estrategia de miedo no va a funcionar con ellos, a menos que estos jóvenes comiencen a ver morir a sus contemporáneos, lo que a primera vista parece una pedagogía cruda o desalmada, pero que sin duda es la más eficaz.

También ha quedado claro, querido Tobiholoch, que con o sin vacuna, hay que seguirse cuidando pues esta epidemia va para rato y es muy probable que, como sugieren algunos, jamás regresemos a la “normalidad” como la conocíamos antes, sino a una “nueva normalidad” en la que nos tendremos que comportar como ostiones: cada uno encerrado en su concha, lo que para los políticos, insisto, es la condición ideal: nada de movilizaciones, nada de protestas en las calles y plazas, nada de reuniones masivas; todos encerrados en sus casas como momias, quietos como pesados muebles, empolvados como viejos libreros, pálidos como me imagino a las almas del purgatorio, aunque con algo de rubor por las llamas purificadoras.

Pendientes.- Con la renovación del miedo al contagio ya hasta se me olvidó que iba a escribir aquí. Espero recordarlo para la próxima.

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