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Notas al aire 19

Nada más desagradable y que puede llegar hasta el terror, es el sentirte vulnerado en tus espacios privados e íntimos.

 Eso es lo que esta mañana me sucedió en mi casa (espacio privado), cuando estando durmiendo, alguien entró y se paseó por ella y me observó dormir (espacio íntimo).

 Me levanté como siempre a las 7 de la mañana y tomé mi primera medicina para la diabetes, mientras esperaba media hora para tomar los siguientes medicamentos y desayunar muy frugalmente: té, 3 galletas y una fruta.

 Realizado todo esto, me sentí muy cansado, realmente había estado leyendo hasta las 4 de la madrugada, buscando una información que no encontraba, para la continuación del ensayo sobre Lord Byron, que ahora corresponde a su escritura sobre vampiros.

 Así que me recosté y me dormí profundamente.

 Fanny Ortiz me habló para decirme que me llevaría el documento sobre PIAS de Maris Bustamante, ya que estoy revisando y poniendo en orden mi archivo vertical y me faltaba ese documento en el dossier de quien fuera conocida como la Reina del Performance en México.

 Me levanté, fui al baño y me volví a recostar, hasta que como a las tres y media de la tarde, volvió a llamar Fanny para decirme que ya estaba cerca de la casa.

 Me levanté y salí a esperar que pasara y me diera el documento. Fue el momento que comenzó una especie de tormenta eléctrica.

 Guardé el texto en su dossier y me dirigí a la cocina para hacerme de comer; al entrar a ella me sentí incómodo y por instinto revisé el espacio. Cual va siendo mi sorpresa de ver que la puerta que da a la terraza, había sido abierta y mal cerrada de nuevo. 

 Habían roto el miriñaque de la ventana y habían realizado toda una suerte de movimientos para entrar.

 Lo primero que sentí fue un golpe muy extraño en el estómago, que me recordó algún momento en el estudio de la Ciudad de México cuando entraron por la ventana del baño que, por prisas para salir al trabajo, no se cerró y por allí entraron y salieron los asaltantes. A quienes afortunadamente arrestó la policía.

 Revisé inmediatamente la casa de cabo a rabo, todo estaba en su lugar, sólo gotas de agua en una mesa de la sala y en el piso un pequeño charco. Instintivamente miré hacia el techo, y no, mi techo estaba seco, de hecho, hace dos años se impermeabilizó en su totalidad.

 Me dio una sensación más rara todavía.

 Revisé mi cuarto y sí vi, algo descolgado que antes de colgarlo bien, cayó al suelo.

 Todo estaba en orden. No se llevaron nada.

 Y tuvieron la osadía de salir por la puerta de la calle.

 No sé, qué pensar.

¿Fue un aviso de próximo robo, entraron para decirme que no estoy seguro, querían ver cómo vivo y sobre todo verme dormir?

 La indefensión es inmensa.

 Quien entró lo hizo brincando del techo de la casa de al lado, que siempre desde las 8 de la mañana sus habitantes ya están sumergidos en la piscina y se la pasan todo el día y casi parte de la noche en el jardín de atrás. 

¿No se dieron cuenta de que alguien brincó por su techo hacia mi casa?

 No es la primera vez que caminan por los techos y que me he dado cuenta, llamando a la policía que siempre llega casi inmediatamente y hace una exhaustiva revisión de patios y techos aledaños.

 Hoy otra vez he tenido que hablar a la fuerza pública.

 No entiendo cómo es que se habla y alardea en los medios locales, nacionales e internacionales de que Mérida es una ciudad segura, cuando en el Centro Histórico, los depredadores se pasean por el techo a cualquier hora, con singular alegría.

 Lo más terrible, fue cuando quise ver como habían roto y abierto la puerta desde afuera. Mi brazo no entra por la estrechez de los barrotes, así que quien entró, o es una mujer, un adolescente, o alguien muy delgado.

 Debo de aclarar, que mis brazos nunca han sido frondosos. Son delgados, acordes a mi cuerpo, bueno, no el de dos años a esta fecha, en que estoy hecho un rotoplás, pero como panzón que he quedado, mis brazos tristemente no engordaron: siguieron estando flacos.

 La Ciudad de la Paz, es la ciudad sin nombre, donde los malhechores se pasean a sus anchas, digo esto, porque he oído a varias personas que transitan a pie desde el centro, por los cuatro puntos cardinales, hasta las zonas conurbadas, de la pasividad de quienes gobiernan, ante el crecimiento de robos, asaltos a mano armada y asesinatos que no se registran en las notas rojas de ningún medio de comunicación.

 Ahora sí, ya comenzamos a vivir en una “ciudad” como cualquier otra de este país donde reina la inseguridad y la impunidad.

 ¿Ya están contentos conciudadanos?

  ¡POR FIN LO LOGRAMOS!

P. D.: Antes la ciudad estaba muy bien patrullada. Cada 10 o 5 minutos hacia su ronda una patrulla de policía. De un tiempo a esta parte ha dejado de suceder en toda la ciudad. ¡¿?!

Fernando Muñoz Castillo

Escritor, hacedor de libros objeto, dramaturgo y director de teatro. investigador e historiador de teatro y cine. curador y museógrafo. periodista cultural. ha publicado varios libros.

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