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La princesa Mexica
Tecuichpo – Isabel Moctezuma

Fueron muchos los descendientes de Motecuhzoma Xocoxotzin emperador de los mexicas, se calcula que 19 con sus esposas y un número indeterminado de vástagos con concubinas. Entre estos, tuvo a sus preferidos a los que encomendó su protección y cuidado a su captor, El Malinche de Hernán Cortés, en su lecho de muerte; en especial a su hijo heredero y a tres hijas que eran: las joyas que le daba, principalmente a la mayor que él quería mucho. En la segunda Carta-relación del conquistador, describe su huida de Tenochtitlan en junio de 1520, después de muerto Motecuhzoma y previo a lo que se conoce como la “noche triste”, y anota lo siguiente: “…Desamparada la fortaleza …me salí lo más secreto que yo pude, sacando conmigo un hijo y dos hijas del dicho Mutezuma…”.

El príncipe heredero muere en la noche del escape de Tenochtitlan, al igual que muchos de los señores principales con sus mujeres e hijos apresados en el palacio de Axayácatl, pero entre los sobrevivientes a esa terrible noche, estaba la mencionada hija mayor y preferida: Tecuichpotzin Ichcaxóchitl (la hija del señor-flor de algodón) quien, siendo aun una niña, en la confusión de las batallas, es protegida por sus familiares mexicas.

Ella pertenecía a los pipiltin miembros de la élite mexica, por lo que creció con pañales bordados, en esteras de plumas, con hermosos huipillis y vestidos de algodón, bellas joyas labradas con piedras llamadas chalchihuites, frecuentes baños, cremas y perfumes, una educación esmerada y privilegios propios a su nobleza. Los cronistas la describen como muy hermosa, y de sangre real por los dos lados ya que su madre era una princesa de Tlacopan, hoy Tacuba. Estando niña, como se acostumbraba, fue prometida en matrimonio a un primo de la nobleza, quien falleció antes de la llegada de los españoles, por lo que se le consideraba viuda.

Tecuixpo. Isabel Moctezuma

Estando Tecuichpo bajo el amparo de su tío Cuitláhuac, hermano de su padre Motecuhzoma, y quien renegó de su actitud entreguista ante el invasor, tomó el título de huey tlatoani y comandó las fuerzas para enfrentar a los españoles; con el fin de conservar su linaje y su poder político, la toma como esposa, ella contaba con aproximadamente de 10 a 12 años. La ceremonia de la boda, aunque fue modesta debido a las circunstancias, no excusó ninguno de los rituales tales como los baños previos con el copalzocotl llamado por los españoles “árbol de jabón”, el adorno de su cabello con flores y el precioso huipillli de algodón, el cual sería anudado con la fina manta del novio, mientras unos músicos tocaban, sellando así su unión. Sin embargo, escasos 80 días duró Cuitláhuac como emperador, ya que la viruela que trajeron los españoles, a través de un esclavo negro que viajó con Pánfilo Narváez, lo mató al igual que a muchos de los guerreros mexicas, dejando nuevamente viuda a la princesa.

El nuevo huey tlatoani el joven Cuauhtémoc señor de Tlatelolco y primo de Motecuhzoma, trató de reorganizar la capital mexica que se encontraba desbastada por la guerra y la enfermedad, él era reconocido como un buen líder militar, valiente y osado, un Caballero Águila y por las mismas razones políticas de su antecesor, se casa también con Tecuichpo.

Al año de su apresurada huida, los españoles regresan acompañados por miles de aliados principalmente tlaxcaltecas, comenzando el 30 mayo de 1521 el sitio a Tenochtitlán, que duró hasta el 13 de agosto. Cuauhtémoc intentó defender a su pueblo y ciudad, pero se encontraban ya desgastados, enfermos y abandonados por sus antiguos súbditos. En un intento por romper el cerco de la ciudad que los estaba haciendo padecer hambre y sed, el último rey mexica es capturado en Tlatelolco a bordo de una canoa, por el capitán García Olguín. En las crónicas se menciona que al apresarlo estaban con él su mujer, aliados y familia, el pide que los dejen libres, sobre todo que nadie tocara a la reina Tecuichpo. Él era altivo y orgulloso y al presentarlo ante Cortés, según varios cronistas de la conquista, le dijo las siguientes palabras: “Señor Malinche, ya yo he hecho lo que estaba obligado en defensa de mi ciudad y vasallos, y no puedo más; y pues vengo por fuerza y preso ante tu persona y poder, toma luego ese puñal que traes en la cintura y mátame luego con él”.

En otra ocasión y en relación con su esposa Tecuichpo, demuestra nuevamente su carácter orgulloso, ya que, al encontrarla sentada junto a Hernán Cortés en Coyoacán donde se estableció el conquistador, se enoja y emplea duras palabras de burla y reclamo que son recogidas en el “Canto tlaxcalteca de la conquista” dentro de los Cantares mexicanos, las que habrán causado gran confusión y tribulación a la joven.

“¿Quién eres tú que te sientas junto al Capitán general?

¡Ah es doña Isabel, mi sobrinita!

Por cierto, serás esclava, serás persona de otro:

Será forjado el collar, el quetzal será tejido en Coyohuacan.                                                                             

(Versión de Ángel María Garibay K.)

Cortés no consideró conveniente en ese momento, matar al huey tlatoani, ofreció respetarle algunos de sus privilegios a cambio de que ayudara en la pacificación y el orden de la ciudad, por lo que nombra a Cuauhtémoc gobernador de Tlatelolco. Asimismo, hizo que los bautizaran, a él como Don Hernando Alvarado Cuauhtémoc y a Tecuichpo como Doña Isabel Moctezuma. Como esposos únicamente se les menciona como parte de la comitiva que en 1524 recibió a los 12 primeros frailes franciscanos que llegaron para la evangelización. Sin embargo, la desconfianza mutua entre conquistador y conquistado prevaleció, lo que derivó en la cruel tortura que dejó cojo a Cuauhtémoc y su sentencia a muerte colgado de una ceiba, durante la expedición a las Hibueras en 1525. Nuevamente Tecuichpo, ya como doña Isabel, quedaba viuda de un emperador.

A su regreso a la ciudad de México en junio de 1526, Hernán Cortés percibe que pronto perdería el poder absoluto en la Nueva España, debido a varias acusaciones en su contra y a la llegada de representantes directos del rey, por lo que decide, como uno de sus últimos actos de gobierno, otorgar encomiendas a las hijas de Moctezuma. A Isabel le concede a perpetuidad y para sus descendientes, la más grande del Valle del Anáhuac, la de Tlacopan o Tacuba tierra de su madre, la cual tenía aproximadamente 6,000 indios que le daban tributo, convirtiéndola en una figura además de respetada, muy rica en el naciente México. Los motivos de esto están, entre el deseo de cumplir las promesas que le hizo al emperador antes de morir y su ambición de seguir controlando las tierras por él conquistadas, ya que estas adjudicaciones se las otorga como dote y arras para casarla con el español Alonso Grado, quien de acuerdo con Cortés, se había distinguido en las batallas y demostrado lealtad hacia él, considerándolo un Hijo Dalgo que lo acompañó desde el principio, aunque otros lo calificaban como “hombre de mas entender de negocios que de guerra”.

El mismo día del matrimonio el 27 de junio de 1526, Cortés nombra a Alonso Grado como Juez Visitador General de la Nueva España para garantizar la cristianización de los indios y su buen trato, lo que algunos cronistas interpretan como uno de sus ardides políticos ya que su interés era mantenerlo lejos de la capital y de su esposa, quien era pieza clave en la conformación de los poderes del nuevo gobierno por el respeto que le tenían los mexicas al ser considerada la heredera de Motecuhzoma. Grado muere muy pronto a los 6 meses de haberse casado y en condiciones extrañas, con versiones de algunos historiadores de que Cortés tuvo que ver con la planificación de esta muerte. Isabel es por cuarta vez viuda.

Convenía a Cortés tener cerca de él a la princesa varias veces viuda, es por eso y con el pretexto de protegerla, que la lleva a su casa donde Isabel tuvo que convivir con muchas mujeres, varias indias nobles hijas de caciques y con españolas que conformaban una especie de harem a su servicio. Algunas de ellas resultaron embarazadas del conquistador o de los principales capitanes, como es el caso de una hermana menor de Isabel, o de Marina la “lengua” de quien nació Martín Cortés conocido como “el mestizo”, entre otras. Doña Isabel no fue la excepción y después de una relación, que la mayoría de los cronistas consideran con violencia y el desagrado de ella, queda embarazada a finales de 1527.

Antes del nacimiento de su hija con Isabel, Cortés la casa de nuevo con Pedro Gallego de Andrada(e), conquistador que llegó con Pánfilo Narváez y a quien Bernal califica como “gracioso y decidor”. Aproximadamente a los seis meses de casada nace su hija Leonor de Cortés Moctezuma y según la creencia popular Isabel la rechaza, otra versión es que el conquistador se la quitó para dársela a su primo Juan Gutiérrez Altamirano para su cuidado y protección. En el testamento de Isabel no incluye a esa hija que tuvo con Cortés, pero su padre no la abandona y años después la legitima y le concede parte de su herencia, la cual no era nada despreciable, además de que ella se casó con un importante conquistador de Nueva Galicia y Zacatecas dueño de minas, por lo que sus descendientes gozaron de una buena posición y dinero.

Pedro e Isabel tuvieron un hijo llamado Juan de Andrada(e) Moctezuma que fue bautizado en 1529 por el primer obispo de la Nueva España Fray Juan de Zumárraga, Isabel se encariño mucho con su hijo y lo tuvo siempre a su lado. Juan fue el heredero de la encomienda de Tlacopan y fundador de la dinastía de los Condes de Miravalle sobreviviendo hasta la fecha varios de sus descendientes en España. Pedro Gallego murió al año siguiente en 1530, de “muerte natural”, quedando por quinta vez viuda Tecuichpo-Isabel.

En 1531 estando ausente Hernán Cortés, Isabel se casa con Juan Cano de Saavedra, el único al que se considera que ella eligió. Su matrimonio fue estable teniendo cinco hijos, tres varones y dos mujeres que fueron monjas fundadoras del Convento de las Concepcionistas, primero para mujeres de la ciudad. Juan Cano en varios de los juicios contra Cortés declaró en su contra y entabló pleitos defendiendo los derechos de su esposa. A su lado Isabel aceptó y practicó con fe el cristianismo, ya que él era amigo del obispo Zumárraga. El cronista Gonzalo Fernández de Oviedo lo entrevistó cuando estaba preparando su libro y el declaró: “…yo me casé con una hija legítima de Montezuma, llamada doña Isabel, tal persona que, aunque se hubiera criado en nuestra España, no estoviera más enseñada e bien doctrinada e católica e de tal conversación e arte, que os satisfaría a su manera e buena gracia”.

Tecuichpo-Isabel hace testamento meses antes de su muerte, en el año de 1550, cuando ya se encontraba enferma, como ella misma confirma: “…yo Doña Isabel Montetezuma, mujer legítima que soy de Joan Cano, mi señor y marido, vezino desta gran ciudad de Temixtlitlan, México, desta Nueva España, enferma de cuerpo del mal y enfermedad que Dios nuestro señor ha sido servido de me dar”.

Entre las instrucciones que consigna el testamento, resultan interesantes las siguientes: – Como ya se comentó, no incluyó a su hija Leonor Cortés, pero el dinero que dejó para sus funerales fue excesivo por lo que, al haber sobrantes, sus albaceas decidieron otorgárselo a esa hija no considerada. – Admite que no firma el documento porque no aprendió a escribir. -De acuerdo a las costumbres acepta la sumisión a su marido, Juan Cano “su señor”, a quien pide permiso para poder legar sus bienes. A pesar de esa aparente docilidad, Isabel legó a su hijo mayor Juan de Andrada su mayor propiedad la encomienda de Tacuba, con lo que no estaba de acuerdo su marido, a pesar de aceptarlo en su lecho de muerte. Ya muerta Isabel, Juan Cano y sus hijos varones entablaron varias demandas para impugnar esa disposición.

La más importante decisión de Isabel fue la de otorgar la libertad a sus esclavos: “…es mi voluntad que todos los esclavos yndios e yndias naturales desta tierra que dicho Joan Cano, mi marido, e yo tenemos por nuestros propios, por parte que a mí me toca sean libres de todos servicios e servidumbres e cautiverios como personas libres”. Algunos piensan que esta última disposición es tardía ya que en vida no los liberó, sin embargo, no hay que olvidar que era una princesa que contaba con esclavos desde su nacimiento, bajo el poder mexica, por lo que no le habrá parecido escandaloso disponer de ellos bajo el gobierno español.

En su lecho de enferma habrá meditado y es factible que tuviera un deseo de redención a su familia y pueblo a quien vio sufrir y morir, recordó probablemente a su padre Motecuhzoma, a sus esposos Cuitláhuac, Cuauhtémoc, señores de un gran imperio, a su madre y hermanos que murieron en la noche triste o de la victoria de acuerdo con el lado que se analice, pensó en su inocencia perdida y su explotación para obtener ventajas de su linaje, sus matrimonios con extranjeros, su periódica viudez y es probable que esos pensamientos inclinaran a la princesa a otorgar tan importante disposición: La libertad de su pueblo.

Referencias:

  • Cartas de Relación. Hernán Cortés. Editorial Porrúa. Vigesimotercera edición. 2010.
  • Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España. Edición Miguel León Portilla.
  • Doña Isabel Moctezuma, Tecuichpotzín (1509-1551). Artículo para la revista de la Universidad de México del historiador Rodrigo Martínez. 1994
  • Testamento de Isabel Moctezuma del 11 de julio de 1551. López de Meneses Amada, revista de Indias, Madrid España. Editado por el Instituto Gonzalo Fernando de Oviedo 1948. Reproducido por María Eugenia Herrera de Palabra Clío.

Laura Elena Rosado Rosado | Mexicanas por Descubrir

Originaria de Mérida, Yucatán es egresada de la Licenciatura en contaduría pública por la UADY y Máster en Grandes Religiones por la Universidad Anáhuac. Entre los cursos y diplomados que ha cursado se encuentran el Diplomado en cultura religiosa, historia, arte y religión en el área maya impartido por el CIESAS y la UNAM y el Diplomado en historia del arte universal por la Universidad Modelo. Es además, estudiosa sobre la historia de Yucatán con diversos cursos en el Centro Cultural Prohispen y el Colegio Peninsular Rogers Hall. Entre sus publicaciones se encuentra los libros “Llévanos en tu zabucán” y “En cuatro tonos de Rosado”. Ha participado también en publicaciones como el libro “Mujeres en tierras mayas” coordinado por Georgina Rosado y Celia Rosado Avilés y es frecuente colaboradora en diversos medios de comunicación impresos.

One Comment

  1. Laura felicidades por tu trabajo de investigación Como siempre muy profesional y de carácter novedoso . Me encanta tu manera de describir los hechos. En hora buena nl

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