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El despertar industrial en Yucatán en el siglo XIX: entre sogas, cigarros, jabones y velas

El siglo XIX representa un período muy importante en la historia de nuestro Estado, ya que durante este período las industrias tuvieron un gran impulso. Esto se reflejó en la apertura de nuevas factorías que dieron como resultado la elaboración y comercialización de productos que hasta entonces se tenía que importar. De la misma manera otra de las consecuencias fue la apertura de nuevas fuentes de trabajo.

            El auge henequenero, la apertura de bancos que emitieron  sus propios billetes, así como la adquisición de nuevos conocimientos por medio de estudios realizados en el extranjero, fueron algunos de los elementos que se conjugaron en la apertura de las nuevas industrias.

            Cabe destacar que en este tiempo (s. XIX) se aprovechaba todo aquello que resultara del trabajo de la tierra: la caña de azúcar, el algodón, las diversas fibras, el tabaco, la higuerilla, la vainilla, el sikilté las palmeras, los productos de las hortalizas y algunos árboles cuyas maderas y frutos eran utilizadas para la elaboración de objetos de uso cotidiano.

            Estas fábricas representaban grandes ingresos para el estado, entre ellas se encontraban las cordelerías, los ingenios (azucareras) , la fabricación de pólvora, de cigarros y puros, la cerillera, jabones y velas entre otros de elaboración local.

            La cordelería en el siglo XIX se basaba en un trabajo manual. En ellas se elaboraban sogas, hilos y las llamadas tiboneras, éstas se torcían con las palmas de las manos de tal suerte que se corchaban para dejar una soga muy fuerte.

            Había factorías de mediano tamaño que se llamaban corchaderías, en su mayoría utilizaban material muy rudimentario  y en las cuales se fabricaban sogas, cuerdas, cabos y jarcias que se enviaban para su venta a las ciudades de Veracruz, Campeche, Sisal y La Habana, cabe mencionar que existía un complicado sistema de acopio de material, esto es, que personas con gran capital compraban la producción a las corchaderías para después ellos venderlas al exterior. De esa manera las factorías aseguraban su producción, aunque el precio que se les pagaba no siempre era el mejor.

            Según Molina Solís, fue Francisco Alzina, capitán de marina, que residía en Yucatán, la primera persona que instaló la primera cordelería en nuestro estado en el año de 1839. Esto se debió a que en uno de sus constantes viajes que realizaba a España, trajo consigo a Juan Planas y Ramón Cara, quienes eran expertos en cordelerías, con la intención de trabajar y enseñar a los yucatecos para que aprendieran este oficio. A  las cordelerías de ese tiempo se les conocía como corchaderías y la primera se instaló en el barrio de Santa Ana, en la Quinta “Del Obispo”

            Posterior a la instalación de la fábrica de Alzina, surge otra denominada “La Yucateca”(1847) que se instaló en el barrio de La Mejorada y era propiedad de Irineo y José Esteban Solis. Se cuenta que en ésta laboraban tanto hombres como niños. Surgieron fábricas posteriormente, siempre en La Mejorada, una del mismo nombre que el barrio propiedad de Manuel Medina,  por su parte Matilde Pasos, instaló la suya conocida como “El Monifato”, en la calle de Izamal. Otra fue la de Leónido Kuyoc que fabricaba hilos finos y semi finos. Su taller de construcción de paja con 100 varas de extensión se llamó “La Constancia”.

Las corchaderías se empezaron a extender por toda la ciudad y en algunas poblaciones del interior del estado, una de ellas que  aún laboraba en el siglo XX fue “La Industrial”, creada como Sociedad Anónima en 1897 por Olegario Molina Solis, Leandro León Ayala y Enrique Muñoz Aristegui, entre otros socios.

Una de las industrias que en su momento tuvo un buen auge y representó la más promisoria industria en Yucatán, fue la azucarera. Hoy en día  es una actividad que en la ciudad y estado ha caído en completo abandono.

Hay datos que confirman que una de las primeras personas en iniciar el cultivo de la caña de azúcar en el siglo XVII fue el Dean de la Catedral de Mérida, esto se realizó en pequeña escala en su hacienda de San Pedro Chucuaxin, en los alrededores de nuestra ciudad.

La producción azucarera como  actividad en gran escala se inició alrededor de los años de 1823 a 1825. Las principales haciendas azucareras se encontraban en esta ciudad y en Campeche. Entre las principales de la ciudad de Mérida se encontraba la de Vicente Calero y en el vecino estado la de Antonio Frutos.

Laley sobre la ocupación de terrenos baldíos de 1825, facilitó  la proliferación de esta actividad, ya que nuestro estado proveía de tirrra fértil a las personas que quisieran adjudicarse alguna para dedicarse y explotar esta actividad económica. En todo el territorio yucateco había grandes extensiones de sembradíos de caña de azúcar.

La sublevación de 1847 fue una de las causas por las que la producción  de la caña de azúcar decayó y las haciendas fueron abandonadas, aunque a finales de 1890 aún se podían encontrar  algunas de ellas funcionando.

Dela producción de la caña de azúcar se obtenía el mascabado, panelas y melazas. En 1869 se empezaron a instalar en los ingenios, motores de vapor para aliviar y ser más productivos en el trabajo.  Para el año de 1893, ya había en nuestro estado 40 de estas máquinas.

Entre los principales ingenios que se encontraban en Yucatán, estaban : Kakalná, de Juan José Duarte Zavalegui, Santa Rita, de Anselmo Duarte Zavalegui y la hacienda Catmís, cuyo propietario fue el Gobernador del Estado Manuel Cirerol. Las haciendas Kakalná y Catmís, subsistieron hasta las primeras décadas del siglo XX.

Una de las primeras fábricas dedicadas a la elaboración de pólvora que se instaló en nuestro estado, fue “La Constancia Yucateca” que además se dedicaba a la producción del salitre. Esta fábrica fue inaugurada el 15 de agosto de 1845 y se instaló en una  propiedad del Obispo yucateco José María Guerra en la hacienda de San Pedro Chucuaxim.

Tres eran las materias primas que se utilizaban para la producción de la pólvora el salitre y el carbón que se obtenía de manera local y el azufre que se tenía que importar. La producción pronto comenzó a tener problemas de liquidez, por lo que los dueños tuvieron que pedir ayuda al gobierno del estado para lograr obtener la exención de algunos pagos(impuestos) que les permitirá darles un nuevo impulso.

No se obtuvieron las ganancias que se habían previsto y la fabrica se tuvo que vender a los señores Eduardo y Joaquín Gutiérrez. Esta fábrica continuó laborando con altas y bajas hasta principios del siglo XX.

La fabricación de cigarros era otra de las actividades practicadas por los yucatecos en el siglo XIX.  Se aprovechaba el cultivo de la hoja de tabaco que se encontraba muy arraigada en nuestra tierra.

Los productos que se elaboraban eran cigarros con hoja de maíz y que se llamaban joloches. Estos se amarraban en los extremos con fibra de henequén y también se podían elaborar con papel de estraza. La producción de joloches era muy grande, se exportaban  a ciudades de Norteamérica como Nueva Orleans, por vía marítima, saliendo del pyerto de Sisal. Según menciona Suárez Molina, para el año fiscal 1860-1861 se exportaban un total de 364,500 puros y 26 barriles de cigarros.

Para envolver los cigarros se utilizaba por lo general papel de origen español de las marcas “Tres Gracias”, “Parrillas”, “Orozuz” y “Berro”. Cabe destacar que las cajetillas se decoraban con pinturas, alegorías y retratos, lo cual representaba un atractivo para los consumidores.

Una de las primeras fábricas de cigarros  que se instaló en Mérida fue la de Rogerio G. Cantón y Cámara, denominada  “La Adelita”, situada en la calle 59 No. 501 x 60, en la esquina conocida como del “Perro”. Para  el año de 1878 ya existía en nuestra ciudad algunas fábricas como : “La Flora”, “La Aurora”, “La Bella Meridana”, “La Conchita”, “El Comercio” entre otras.

Una de las fábricas de cigarros que tuvo renombre y reconocimiento de otros países, fue “La Nacional” de Gregorio Grajales, ésta merca tenía un competidor que siempre le pisaban los talones , “La Paz” de Agustín Vales Castillo, que subsistió hasta los primeros años del siglo XX. El precio de los cigarros fluctuaban entre los 3 centavos y 1 peso, variando según la cajetilla o la rueda que traía 40.

Cabe mencionar que a inicios del siglo XX, se inauguró una fábrica que manejó no solo cigarros locales sino que también fue un expendio de cigarros que se fabricaban a nivel nacional en otros estados del país y posiblemente de otras partes del mundo. Esta fábrica fue denominada “La Libertad”, de la firma Sánchez y  Cía.

Otras de las industria importantes en Yucatán, fue la dedicada a la elaboración de jabones, ya sea de limpieza o de tocador. Para su fabricación se utilizaba grasa animal y posteriormente se combinó con la vegetal, agregándole algunos elementos químicos para darle color y olor. Uno de los impulsores de esta industria fue el químico yucateco  Joaquín Donde Ibarra, quien había realizado sus  estudiados  en Estados Unidos y con su experiencia pudo elaborar jabones parecidos a los norteamericanos. 

Entre las fábricas que se dedicaban a la elaboración de este producto  se pueden mencionar “El Elefante”, de Pedro Leal Gamboa,  otra instalada por Clotilde Baqueiro. Un dato importante es que en plena plaza principal y contra esquina del Divino Maestro se instaló una más, que contaba con maquinaria norteamericana y que fue propiedad de Gregorio Diego Ayora.  Para finales del siglo XIX  se inauguraron dos fábricas de jabones en el barrio de “Chuminópolis”, denominadas “La Esperanza” y “La Carmelita”.

Para concluir mis caros y caras lectoras con las  industrias yucatecas, el de la letra harpa referencia de aquellas que se dedicaban a la elaboración de velas.  Es importante señalar que este era un producto esencial en los hogares yucatecos ya que en esos tiempos, pocas familias en sus hogares poseían electricidad.  Las velas no solo se usaban para la iluminación de los hogares, sino  también eran utilizadas para las calles y carruajes.

Entre las fábricas de velas se pueden mencionar las de Clotilde Baqueiro (también tenía una de jabón),  otra de Fernando Sauri denominada “El Obrero” que se encontraba frente a la estación de ferrocarriles. En el rumbo de La Mejorada estuvo instalada la fábrica “La Estrella” de Eusebio Villamil y “La Yucateca” de Miguel Sastré. Sin lugar a dudas cada una de estas fábricas trataba de ofrecer a su clientela productos de calidad, pero una de las fábricas que era merecedora por parte del respetable  por la calidad de sus productos lo fue “La Colmena”, de Felipe Serrano.

Hasta aquí mis caros y caras lectoras, un pequeño viaje al pasado para enterarnos de algunos datos que posiblemente desconocíamos y que nos permite tener el conocimiento que nuestra ciudad siempre ha sido un  motor importante en la industria tanto local como nacional y en ocasiones a nivel mundial.

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