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Los primeros espectáculos en el Circo Teatro Yucateco (XV)

Turconi Bruni

Después de poner en contexto la obra, Parsifal enderezó una filípica contra los que, en el propio El Eco del Comercio, habían criticado duramente a la orquesta de la compañía porque, desde su perspectiva, lo habían hecho sin tomar en cuenta las condiciones en materia musical que prevalecían en Yucatán en esos momentos y también porque sus juicios no habían sido constructivos:

[…] En primer lugar, disculpo a la orquesta de ciertos ataques, bastante injustos (dado el medio musical en que vivimos) nacidos de ilustradas personas muy familiarizadas con el arte, las cuales entiendo que prestarían un positivo servicio al desenvolvimiento musical yucateco si utilizaran sus vastos conocimientos en algo más práctico que en señalar defectos de ejecución de una partitura cuyo absoluto desconocimiento se extendía a la generalidad de los habitantes de Mérida. Iluminen el camino del profano, sirviéndole de guía en el sendero que ha de conducirlo a la posesión relativa del asunto que ha de juzgarse, alienten y estimulen los escasos elementos orquestales de que puede disponerse en el país, y la tarea resultará doblemente útil y meritoria […] […] Y defiendo a la orquesta, aparte de lo dicho anteriormente, porque entiendo que no debe exigírseles más a unos profesores que se lanzan a las arideces y escollos de un pentagrama tan saturado de dificultades, con solo dos ensayos. Si Puccini [no] llegase a tener conocimiento de esfuerzo tan supremo, lamentaría, por descontado, el que su partitura no hubiese sido interpretada como la interpretan allende los mares nutridas orquestas de excelentes profesores, previos los ensayos precisos para llegar al dominio de la ejecución; pero, esto no obstante, no escatimaría el elogio a esos valientes que se han lanzado a navegar por mares desconocidos, con toda la suficiente fuerza de voluntad y sin más rumbo que el esfuerzo extraordinario del inteligente maestro Azzali […] (1)

No era raro en esa época que las orquestas visitantes contrataran a músicos locales como refuerzos, así como tampoco lo era que sus profesores tomaran parte en festivales de la comunidad. Este párrafo y una nota posterior, como se verá más adelante, confirman que, efectivamente, la orquesta de Tomba se complementó con músicos del patio. Varios de los integrantes de la orquesta de esa compañía intervinieron en una velada que tuvo lugar el lunes 4 de febrero de 1901 en los salones de La Lonja Meridana a beneficio del reconocido pianista Ricardo Río, que pasaba una temporada en Puebla para recuperar la salud. (2)

            Don Serapio se ocupó luego de las y los cantantes que habían actuado en el estreno de La Bohemia, ahora sí, en una ópera seria, vestida con toda propiedad, en la que el realismo de los decorados y el vestuario pertinente de los protagonistas transportó a los espectadores al mismísimo barrio latino de París en los años 30 del siglo XIX. El crítico llamó la atención sobre ciertos pasajes de cada uno de los actos de La Bohemia, que con el paso de los años se convertirían en fragmentos con vida propia, como había sucedido con otras óperas célebres adoptadas por el gusto popular:

            […] Destácase en la ópera, entre otras bellezas del acto primero, la frase del tenor: che gelida manina, con la que empezó a demostrarnos el Sr. Almansi que aquel era su ambiente, y no el de la opereta con que se dio a conocer al público. El joven tenor posee una voz fresca, agradable; la emite sin esfuerzo aun las veces que toca el registro agudo y ataca las notas con toda la pureza y energía necesarias. Es de una delicadeza extrema el raconto (i.e. racconto) de la Mimi, en la que la Sra. Turconi Bruni luce su hermosa voz de soprano, limpia de obstáculos, rozaduras y defectos de emisión. Su escuela, como cantante, es irreprochable. Sólo la encontramos fría en el dúo con el poeta, que a nuestro modo de ver, reclama más pasión, más entusiasmo […] (3)

            Del segundo acto, dijo que la simpática Ricci, en el papel de Musetta, había interpretado felizmente del precioso vals que distingue esa parte de la obra, y confesó que le gustaba más el barítono Pozzi, que su colega que había debutado en Doña Juanita.

            […] El tercer acto resultó el éxito de la noche. Entiendo que es el mejor de la obra. En él hay un verdadero derroche de melodías, de frases bellísimas, de conceptos grandiosos, de combinaciones de sabia instrumentación, de encontradas pasiones que bullen en ingenioso contraste, ora reconciliándose Mimi con el poeta, ora llenándose de improperios Marcello y la Mussette. Al terminar el acto, el público premió la fina labor de los artistas llamándolos al palco escénico. Éstos correspondieron galantemente, repitiendo todo el cuarteto […] (4)

            En el cuarto y último acto, las escenas patéticas –la triste despedida de la Vecchia zimarra, senti, el cuarteto de los bohemios y la muerte de Mimi–, convencieron por su realismo.

            […] Para concluir, justo es consignar que merecen un caluroso aplauso la Sra. Turconi y el Sr. Almansi por aquella frase final del acto tercero en que, atacando un si natural, desaparecen de la escena sosteniendo la nota algunos segundos, sin vacilar, con afinación muy precisa y sin contar con más elementos de armonía que los escasamente ejecutados por el violoncello y el clarinete […] (5)

            En aquella larga reseña, Parsifal reiteró su reconocimiento a la esplendidez de aquel puñado de caballeros yucatecos que, ajenos a toda idea de lucro, y con el único afán de proporcionarse y proporcionar a los demás, agradables veladas musicales, habían sacrificado sus bolsillos al contratar a la compañía Tomba, lo cual resultaba aún más plausible, si se tomaba en cuenta la falta de estímulo para el arte por parte de aquellos (léase el gobierno) que tenían la obligación de sostenerlo y difundirlo.

Antes de la tercera función, se pidió encarecidamente a la empresa “Tomba” que ordenara regar el piso del Circo Teatro Yucateco los días de función, “a fin de evitar, en lo posible, el que los trajes de las señoras concurrentes no se ensucien con el polvo de aquel lugar”. (6) (Continuará)

Referencias

  1. La Bohemia. (29 de enero de 1901). El Eco del Comercio, p. 2. Un crítico, que muy probablemente era Benjamín Aznar Rivas, había escrito que la orquesta había presentado notables deficiencias en la ejecución de la partitura de La Bohemia y que, “por respeto al gran maestro [Puccini] y por decoro al arte”, se reservaba su opinión hasta no ver la ópera otra vez en escena. “Con esto demostramos que no es nuestro propósito pillar defectos, sino omitir una opinión franca y honrada, buscando las mejores condiciones para los ejecutantes. Y hacemos constar que la indirecta censura no va contra el entendido maestro Sr. Augusto Azzali, a cuya hábil batuta estuvo encomendada la dirección de “La Bohemia”. Véase: Notas de la ópera. (27 de enero de 1901). El Eco del Comercio, p. 2. Sobre Aznar Rivas, véase la entrada respectiva en la enciclopedia Yucatán en el tiempo. (1998). Mérida, Yucatán, México: Inversiones Cares, pp. 442-443.
  2. Notas alegres. (3 de febrero de 1901). El Eco del Comercio, p. 2.
  3. La Bohemia. (29 de enero de 1901). El Eco del Comercio, p. 2.
  4. Íbid.
  5. Ibídem.
  6. Súplica. (24 de enero de 1901). El Eco del Comercio, p. 2.

Aprovechando las bondades que nos ofrece la tecnología de hoy, ofrecemos a las lectoras y lectores que han seguido con interés estos artículos, algunos de los fragmentos más populares de La Bohemia y también la ópera completa desde el Teatro alla Scala de Milán, a fin de que vivan la misma experiencia de quienes asistieron al estreno de esa obra en Yucatán, hace 120 años.

Che gelida manina, con subtítulos en español: https://www.youtube.com/watch?v=Io34MVYKCVY

Vals de la Mussetta: https://www.youtube.com/watch?v=crNegGH37xU

Vecchia zimarra, senti, con subtítulos en español: https://www.youtube.com/watch?v=_wVrHbnXnsk

La Bohemia completa, subtitulada en español: https://www.youtube.com/watch?v=ZXB7FxK_d8E

Un Comentario

  1. Amigo Faulo, qué pedazo de texto me acabas de regalar, docto, lleno de conocimientos, ameno, ordenado, bello y, en fin, tan bueno que lamenta uno no haber dedicado aunque sea algunos años a cultivares en el conocimiento de las bellas artes. Me hizo recordar cuando por orden de don Mario cubrí una gala de ballet con estrellas cubanas que se realizó en el atrio de Catedral, y tuve que darme unas mañas para lograr una nota respetable (creo yo)
    Aprovecharé también los links (enlaces, pero no le temo a un poco de extranjerismos), ya vi el primero.
    ¡Muchas gracias, amigo!

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