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Los primeros espectáculos en el Circo Teatro Yucateco (XIV)

La Bohemia

La Compañía Tomba planeaba arrancar en Mérida su temporada el domingo 20 de enero de 1901 con Don Pedro de Medina, la misma ópera cómica con la que había debutado en la ciudad de México y que era una de sus cartas fuertes.

Sin embargo, no pudo hacerlo ese día porque, en primer lugar, condiciones marítimas adversas habían impedido el arribo oportuno del barco donde viajaba el grueso del personal y, en segundo lugar, porque el caricatto Marangoni, que representaba al duque, uno de los principales protagonistas de la referida obra, seguía enfermo de erisipela, que se le presentó durante el viaje de Veracruz a Progreso, a bordo del vapor Seguranga. Mientras se reponía en el hotel Concordia, donde se alojaba, Marangoni quedó al cuidado de los doctores José Patrón Correa y Leocadio Lara. (1)

Rafael Tomba decidió entonces suplir a Don Pedro por Doña Juanita, opereta cómica con la que debutó en el Circo Teatro, no el lunes 21, como se había asegurado, porque Marangoni seguía en convalecencia, sino el martes 22 de enero por la noche. Desde luego, aquel cambio repentino del programa trajo frustración al público por varias razones: se representó en italiano, idioma que la mayoría de los asistentes no comprendía; la obra no exigía mucho a los cantantes, de manera que no se pudo apreciar sus facultades vocales, y finalmente porque en aquella opereta todo se reducía al “gracejo de la frase” y al “movimiento escénico ligero y flexible”, propio de la extravagancia de aquel género.

[…] Parece extraño, decimos, si se tiene en cuenta lo que el público esperaba, a saber, el estreno de la compañía con una producción del género serio, en la que, siendo lo principal la música, fuese el regalo del oído lo que se experimentase; pero, viendo las cosas como deben verse, nada de particular se descubre en el estreno de la graciosa obra de [Franz von] Suppé […] (2)

            Esa noche, el Circo Teatro lucía esplendoroso porque la concurrencia fue numerosa y selecta, sobre todo en palcos y butacas, que “estaban ocupados por damas y caballeros de nuestra mejor sociedad”; en las gradas también había mucha gente, “en su mayor parte formada de gente del pueblo”. Todo aquello evidenciaba, para el redactor, que la troupe del Sr. Tomba había tenido una brillante acogida y probaba, asimismo, “que el público de Mérida se va aficionando cada vez más a los espectáculos cultos”.

            Ahora bien, como durante los entreactos y después de la función muchos de los presentes preguntaban a sus compañeros de asiento, unos con ingenuidad y otros con simulada malicia, qué opinión les merecía lo que habían visto en escena esa noche, como si los moviera el deseo oculto de recibir una opinión adversa, el crítico de El Eco del Comercio sentenció, para evitar la especulación y uno que otro disparate, que, si bien aquella opereta carecía de mérito, resultó obvio que “la labor artística que nos presentó anteanoche la compañía “Tomba”, es más valioso que el que antes nos habían presentado las compañías de zarzuela”. (3)

            […] Los intérpretes no desperdiciaron detalle: Don Pomponio (el alcalde) encomendado al actor cómico, Sr. Poggi, nos reveló en éste a un artista de sangre; en la Srita. Lafont (i.e. Lafón), de opulentas y esculturales formas, vimos una Doña Juanita bastante flexible; en el coronel inglés Douglas, el Sr. Majeroni, viejo actor, sorprendimos buenos detalles, y así en lo demás, entre lo que deben contarse las preciosas decoraciones y la indumentaria bastante cuidada, con algunas excepciones.

Y, si a todo eso se agrega que la orquesta es magnífica y que fue dirigida por el Sr. Richieri, que es un verdadero director de orquesta, ya se verá que, según la función del martes, tenemos que confesar el mérito de la compañía “Tomba” en el desempeño de operetas […] (4)

El miércoles 23 de enero se estrenó en Mérida La Bohemia de Giacomo Puccini (1858-1924), en cuya reseña Parsifal (Serapio Baqueiro Barrera (1865-1940) mostró conocimiento sobre el compositor italiano y ese fruto de su creación. En efecto, recordó a los lectores que Puccini había reflejado en esa obra pasajes de su agitada vida juvenil cuando estudiaba en el Conservatorio de Música de Milán y también que su estreno había provocado una agria polémica entre partidarios de diversas escuelas operísticas, como la wagneriana y la italiana, e incluso que algunos críticos exaltados habían acusado de plagio al natural de Luca. Sin embargo, con el paso de los años, el veredicto universal sobre la partitura era contundente e inapelable: era “una de las más preciosas joyas del arte musical contemporáneo”. (5)

El libreto de La Bohemia es de Giuseppe Giacosa (1847-1906) y Luigi Illica (1857-1919), quienes se basaron en la novela Escenas de la vida bohemia del francés Henri Murger (1822-1861). Fue estrenada el 1 de febrero de 1896 en el Teatro Regio de Turín, Italia, y el 21 de agosto de 1897, en el Teatro Principal de la ciudad de México. La escena se ubica en el barrio latino de París en 1830, donde entrelazan sus vidas Rodolfo (poeta), Marcello (pintor), Colline (filósofo), Schaunard (músico), Mimi (florista), Musetta (coqueta), Benoit (el casero), Alcindoro (viejo rico) y Parpignol (vendedor de juguetes). (6) (Continuará).

Referencias

  1. La primera función de ópera. (20 de enero de 1901). El Eco del Comercio, p. 2; Artista enfermo. (22 de enero de 1901). El Eco del Comercio, p. 2; Caricatto no tenor. (24 de enero de 1901). El Eco del Comercio, p. 2; Primera función de la Compañía Tomba. (22 de enero de 1901). El Eco del Comercio, p. 2.
  2. Notas de la ópera. (24 de enero de 1901). El Eco del Comercio, p. 2.
  3. Íbid.
  4. Ibídem.
  5. La Bohemia. (29 de enero de 1901). El Eco del Comercio, p. 2. Sobre Serapio Baqueiro Barrera véase Yucatán en el tiempo. (1998). Mérida, Yucatán, México, p. p. 466, así como su entrada en Wikipedia. Agradezco a Carlos Barrera Jure haberme confirmado la identidad de este personaje, pues en la página 28 del libro Catálogo de seudónimos, anagramas, iniciales y otros alias usados por escritores mexicanos y extranjeros que han publicado en México, de María del Carmen Ruiz Castañeda y Sergio Márquez Acevedo (UNAM, 1985), se lee que el seudónimo de Parsifal pertenece a Serapio Baqueiro Barrera, pero se consigna que este nació en 1838 y murió en 1900. Según la investigación genealógica hecha por Barrera Jure, esas fechas no corresponden a Baqueiro Barrera, sino a Serapio Baqueiro Preve. Véase la entrada de este último en la enciclopedia citada arriba, pp. 468-469, que lo confirma.
  6. Olavarría y Ferrari, Op. Cit., p. 1820; Hoogen, Eckhardt van de. (2005). El ABC de la ópera. Todo lo que hay que saber. México: Taurus, Pensamiento, p. 84; Bourne, Joyce. (2009). Ópera. Los grandes compositores y sus obras maestras. China: Blume, p. 129.

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