Bienestar Espiritual

“¡Dios nos quiere abrir los ojos para que le veamos!”

(San Juan 9: 1-41)
¡Qué tremenda realidad que no hemos visto! ¡Qué ceguera estamos sufriendo en ese valle de tinieblas, de abandono, de soledad y sin esperanza! ¡No hay peor ciego que aquel que no quiera ver!


Hoy ha aparecido ante nosotros UN RAYO DE LUZ y quiere untar “en nuestros ojos que no ven” ese barro que regenera, que restaura, que recrea y abre nuestros ojos del Espíritu a fin de que abandonemos ese valle inhóspito y nos traslademos a ese mundo de luz, de color, de calor, de fraternidad, de esperanza y de amor. El Espíritu Santo nos invita amorosamente, diciéndonos: ¡Vengan, tomen la luz del día sin final del Reino…! Pero la triste realidad es que las mayorías prefieren permanecer en su ceguera y en su oscuridad. “La luz de Dios llegó al mundo, pero la gente amó más la oscuridad que la luz, porque sus acciones eran malvadas.” (San Juan 3:19).


Este ciego de nacimiento nos representa a todos los seres humanos, porque a pesar de que estaba ante el mismo Creador de la luz, y que Él mismo es la Luz Verdadera, que el ciego ni siquiera se lo imaginó. Los Apóstoles estaban, como buenos judíos, especulando sobre el que causó tal ceguera: si los padres del ciego o por sus propios pecados.

Muchas veces, nosotros hacemos lo mismo. Nos ocupamos más en ver la parte teológica, la sana doctrina, la ortodoxia en la fe y no nos damos cuenta que mientras perdemos el tiempo en todo esto, muchas almas están cayendo en los infiernos. ¡Tomemos la actitud de Cristo! “¡Mientras esté yo en el mundo, luz soy del mundo!” ¡Dejémonos llenar de la luz de Cristo para iluminar en la oscuridad a fin de que sean muchos los que vean la Luz de Cristo! ¡Todos hemos nacido ciegos para que se manifieste en nosotros la gloria de Dios! “Este nació ciego para que la obra de Dios se hiciera evidente en su vida.” (San Juan 9:3)


¡Permitamos que Cristo inunde de su luz a nuestras almas y convertidos en lumbreras seamos motivo de salvación rescatando del poder de las tinieblas a tanta gente que está condenada en vida!
De una juventud sin Cristo nada podemos esperar, porque también está sumida en ese calabozo tenebroso donde impera el desorden, la crueldad, la injusticia y la desesperación.


Señor de la Luz Admirable y sin ocaso: ¡Ilumina a toda nuestra juventud a fin de que comprenda que en la oscuridad no hay esperanza, no hay amor ni buen humor! Que Lo tenebroso es caos, desorden, malestar, ¡pero jamás ambiente propicio para prosperar! Al optar por permanecer en las tinieblas de este mundo, solo tendrá una idea vaga de lo que es y representa la vida, porque se vive sin vivir en la bendita libertad de los hijos de Dios y siempre esclavizados de la tecnología digital o a cualquier adicción, donde lo material y carnal es algo pasajero, placentero, romántico, pero que le impide conquistar lo extraordinario y trascendente.


¡Dale Tu Luz y la energía de Tu gracia divina a fin de que iluminada descubra ese tremendo potencial y, viviendo en la lucha que dignifica, vea realmente en toda su dimensión todo lo que está en sus manos y, por favor, sonríele y manifiéstale que Tú les has dado la dicha de tener ojos que ven más allá de este mundo y más allá del universo! Te lo suplicamos, porque hemos comprendido que una juventud que ve con mirada sobrenatural hará que nuestro mundo recupere su prístina y original belleza que Tus manos divinas formaron y, finalmente, será el amor con rostro de color, armonía y esplendente bienestar el que triunfe y nos mantenga en Tu comunión, oh Bendito Padre Celestial. Amén.

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