Yucatán

La odisea de mi vida: don Francisco Rivas Domínguez

Apenas cien años, dice sonriente don Francisco Rivas Domínguez, mientras evoca su edad. Deportista, comerciante, hombre de familia y entregado a la fe católica, el siglo que ha vivido a plenitud ha sido “toda una odisea, una aventura”.

Nacido el 21 de abril de 1921, don Francisco sigue siendo protagonista y testigo de la evolución de Yucatán y de su sociedad: “Yo vi crecer esta ciudad; antes Mérida era otro mundo, un mundo más amable, más honesto, más sincero, y llegué a tener muchos amigos; ahora es muy diferente… yo quisiera que volviera esa Mérida”, explica no con poca nostalgia.

-¿Por qué quisiera que regresara ese tiempo?

 -Porque todo se facilitaba, porque la gente era más sencilla y generosa.

La casa de la calle 27 de la colonia México, una de las primeras en esa zona y a la que don Francisco llegó hace 65 años, parece estar de fiesta: en la mesa del comedor departe la familia. Su esposa, doña Elia María Gamboa Maldonado, junto con sus hijas e hijos, Elia, Silvia, Francisco y Fernando, desayunan por el Día de la Madre. Hace unos minutos, don Francisco se desprendió de ahí para conversar en la sala sobre los acontecimientos que forjaron su carácter y su visión sobre los momentos culminantes de su existencia.

Cuando aún era muy joven, sus padres lo enviaron a estudiar a la Ciudad de México. “Ahí estuve diez años. Entonces yo me apliqué, no quería defraudar a mis padres, y siempre traté de ser el primero de la clase, el mejor; haga lo que uno haga siempre tiene que intentar ser el mejor”.

-¿Cómo fueron esos años, los de su juventud?

-En México también hice mucho deporte. Por ejemplo, me tocó ver a los españoles que llegaban a refugiarse a nuestro país por la guerra civil. En esos tiempos jugué fútbol contra el Asturias, de Isidro Lángara, en el estadio Nacional. Precisamente Lángara venía huyendo de la guerra. También practiqué el frontón…

-Y eras bueno, ¿verdad papá? -tercia su hijo, el empresario Francisco Rivas Gamboa.

-Pues creo que sí. Yo les ganaba -recuerda don Francisco-. Conmigo perdían su dinero.

Sonríe de nuevo.

Pero su vena deportiva no se agotó en la Ciudad de México. En Mérida, don Francisco se convirtió en pitcher velocista de softbol, muchos aficionados y jugadores de entonces todavía lo recuerdan. “Era el terror de los bateadores”, dice su hijo Francisco. De hecho, el antiguo Club Bancarios acabó siendo escenario de muchos de sus triunfos, de sus campeonatos, aunque “a veces los equipos contrarios no querían que yo les lanzara, por eso me volví utility. Hice muchas cosas”.

-También como empresario usted era versátil. ¿Cuándo empezó en el comercio?

-Yo siempre fui comerciante. Me inicié en el negocio de los abarrotes, era mayorista, aunque primero me separé del negocio de mi papá. Vendíamos de todo. Luego yo tuve una de las tiendas de la Conasupo, pero me la quitaron porque vendíamos muy bien. Entonces fundé mi primera tienda en la Calle Ancha del Bazar, exactamente en la 65 con 54. Se llamó Casa Rivas y nació en 1945. Más adelante empecé con la primera “Económica Popular”. Comencé en Itzimná, después en el Chen Bech y en Chuburná. ¿Te acuerdas de ellas?

-Claro. Todo Mérida conoció esas tiendas…

-Pues ese fue mi negocio. La más famosa fue la de Itzimná. En mi época no había cadenas de supermercados. La cosa era más fácil y la vida más sencilla. Lo que pasa es que yo aprendí desde joven a que todo se conseguía con base en el trabajo y me propuse que, además, quería ser feliz con lo que hacía. ¿Quieres ser feliz?… ¿de veras quieres ser feliz? Entonces haz feliz a los demás, a los que te rodean, para que tú puedas serlo también. Hay que ser generosos y tratar bien a la gente. Esa ha sido mi filosofía, tanto en las tiendas como con mi familia.

Y no se ha equivocado: don Francisco se casó con doña Elia en 1949. Su matrimonio de 72 años ha sido otra prueba de la congruencia con la cual ha conducido su vida. Su familia se compone ahora de sus cuatro hijos, diecisiete nietos y nueve bisnietos.

-¿Cómo le ha hecho para vivir cien años?

 -Amando al prójimo como a uno mismo. Lo mejor de mi vida ha sido creer en Dios, en la religión. Me acerqué mucho a la fe cuando tomé los cursillos de cristiandad. Durante muchos años asistí a ellos y eso me fortaleció. Por eso he llegado a vivir tanto. Cuando era comerciante, yo siempre pensaba que para vender tenía que convencer a la gente, luego tratarla bien y ser honrado. Lo mismo hice con mi familia.

Don Francisco tiende la mano para despedirse. Su hijo le recuerda que también tuvo una moto, una Harley 1200, que le servía para pasear a las chicas… “y también a las grandes”, añade don Francisco con cierta picardía.

“La tuve cinco años y me gustaba mucho andar en ella, iba por todos lados con mi moto”, cuenta con el entusiasmo de un niño. Por su espíritu vitalista, pero sobre todo por su amor a la gente, nadie duda de que don Francisco Rivas Domínguez tendrá todavía una larga vida por delante.

2 Comentarios

  1. Que gusto leer una entrevista a Dn Francisco Rivas Dominguez, gran hombre y pilar de la sociedad yucateca, ejemplo de hombre honesto, trabajador y muy entusiasta, gran católico que ha vivido su vida congruentemente y es por eso que tanto como comerciante y como gran Hombre y padre de familia ha dado gran ejemplo a todos los que hemos tenido la oportunidad de conocerlo y a sus hijos, grandes personas con principios, nuestros padres lo conocieron y se expresaban de él y de su magnífica esposa Dña Elia Maria Gamboa Maldonado como magníficas y grandes seres humanos.
    Gracias por magnífica entrevista.
    Maria Ofelia Rodríguez Cámara.

  2. Yo me acuerdo de él mucho en Itzimna cuando salíamos del Montejo comprábamos ahí algo ,,,, era muy atento y siempre alegre ! Enhorabuena

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