Opiniones

Los absurdos del estacionamiento del mercado de San Benito

Cuando Ana Rosa Payán Cervera fue presidenta municipal de Mérida, hizo dos obras, a su consideración, emblemáticas y ejemplares para la península de Yucatán. Aludía a la avenida de los columpios con la que le rindió homenaje a don Víctor Correa Rachó, gran panista de la entidad y expresidente municipal de Mérida. De la segunda, expresó su orgullo y la consideró de lo mejor. Hablaba, hablamos del mercado de San Benito.

De lo que la avenida Correa Rachó fue no queda ni tímido reflejo. Al día de hoy parece un largo mercado sobre ruedas donde uno encuentra desde tacos de canasta hasta tamales torteados de espelón y pollo. A quedado tan fea esa avenida que resulta indigna para el nombre que lleva.

El mercado de San Benito dio muestras de inutilidad al poco tiempo de haber sido ocupado por los venteros de Yucatán, que hacen sus faenas entre huacales, palanganas, cubetas bocabajo y toldos de cualquier plástico, y no entre reducidas mesetas de concreto.

Del san Benito resultaba muy interesante únicamente su estacionamiento subterráneo que a través de dos rampas-escaleras que servían como distribuidores, llegaba uno de manera inmediata al mercado de carnes o al de los joyeros. Estaba bien iluminado y a su entrada se agarraba un ticket que entregaba el usuario a la salida que era el momento de pagar.

Como pasa con las cosas buenas en Yucatán, surge siempre el geniecillo de la modernidad que da al traste con todo. Ocurrió que de pronto pusieron una máquina a la que se le apretaba un botón y entregaba un ticket. En ese mismo lugar pero en el otro lado estaba la caja del cobratario, quien veía el tiempo de ocupación de los cajones de estacionamiento, cobraba y tantán, uno salía.

Hoy 3 de mayo de 2021, tuve que hacer uso del estacionamiento subterráneo. Necesitaba anís de estrella, y eso solo se vende en una tiendita naturista ubicada sobre la calle 56 enfrente del mercado. ¡Ay, Dios mío! Hay que hablar a Sergio Grosjean y su equipo de salva cenotes para que vayan a ver si pueden hacer algo para salvar ese hoyo oscuro, caluroso, pestilente y lleno de contrasentidos que es el estacionamiento de San Benito.

Después de apretar un botón y agarrar el ticket viene el trabajo de encontrar lugar donde estacionarse. Y para encontrar un cajón donde estacionarse, uno tiene que pasar por paredes con vectores que indican por dónde ir o no ir, señales de no pasar, alto, chupones, y sogas que amarran anuncios. Por fin quedé en el ultimo carril, en el ultimo cajón del estacionamiento, pero juntito a la salida. De regreso al querer hacer uso de la salida esta era impedida por dos cadenas. Tuve que hacer reversa entre columnas, coches estacionados y coche esperando detrás de mi para ocupar mi lugar. Había que regresar en sentido contrario hasta encontrar el sentido adecuado para transitar. Llegué a la salida para pagar y me dicen que “no es aquí, la caseta esta ahí. De la vuelta y desde su coche paga”. No hay tal. Tuve que bajarme a pagar, quejarme por una ubicación tan absurda de la caseta. O sea, sea la caseta esta adentro del estacionamiento, junto a una de las rampas-escaleras. A la salida una aguja te detiene el paso. Pido ayuda. Sale un tipo de una oficina con fuerte aire acondicionado. Me dice que hay que saber y leer y me muestra un papel tamaño carta pegado en la pared donde se dice que hay un lector infrarrojo. Este papel está ubicado después de la máquina lectora. Le digo al tipo que no se ve y tiene prisa por entrar a su sillón y sentarse en su aire acondicionado. Le digo, ya te escuché, ahora escúchame a mí, todo este manejo del estacionamiento es un absurdo. Se da vuelta y veo desde un agujero en la pared que se apoltrona y sigue en el disfrute de la climatización de su cuartito.

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