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El Estado mexicano pide perdón a indígenas por agravios desde la Conquista, la Guerra Social Maya y la actualidad

03 de mayo/ Cancún, Q. Roo.- En un acto simbólico celebrado hoy en Tihosuco, municipio de Felipe Carrillo Puerto, sede de la resistencia indígena durante la Guerra Social Maya, en 1846, el Estado mexicano pidió perdón al pueblo maya por los agravios cometidos a partir de la conquista de México y por la situación de exclusión, discriminación, despojo, desplazamiento, injusticia, humillaciones y abusos que han prevalecido en contra de los pueblos originarios durante la historia moderna de la nación.

La disculpa pública fue enunciada por la titular de la Secretaría de Gobernación (Segob), Olga Sánchez Cordero, quien durante su discurso resaltó que la petición de perdón busca la reconciliación del país con sus raíces, en busca de una nueva etapa tendiente a sembrar la paz entre los muchos “méxicos”, que es México.

“El día de hoy soy portavoz de un reconocimiento del Estado mexicano de los agravios cometidos en contra del pueblo maya, históricamente, desde la Conquista, hasta nuestros días, pero particularmente por los vividos durante la Guerra de Castas. Por todo ello, perdonémonos. Por ello, al pueblo maya de México, hoy, le pedimos perdón en nombre del Estado Mexicano por los agravios cometidos en su contra a lo largo de nuestra historia y por la discriminación en la que aún son víctimas en el presente.

“Con este acto queremos mirar juntos hacia el futuro, con la confianza de que estamos sembrando juntos una semilla de paz; la semilla de una paz justa y digna, que en su momento nos permitirá obtener frutos abundantes, porque uno de los frutos del perdón, es la paz”, expresó la encargada de la política interna de México, quien enunció estas palabras también en maya.

En medio de gritos de protesta por parte de colectivas feministas, entre ellas de jóvenes mayas, quienes intentaban hacerse escuchar, el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, indicó que el acto se circunscribe en la celebración, este año, de los 700 años de la fundación de México Tenochtitlan; a 500 años de invasión europea y a 200 años de concretada la Independencia.

Acompañado del presidente de Guatemala, Alejandro Giammattei, de los gobernadores de Campeche, Carlos Miguel Aiza González; de Chiapas, Rutilio Escandón; de Quintana Roo, Carlos Joaquín González; de Tabasco, Adán Augusto López Hernández; y de Yucatán, Mauricio Vila Dosal, y de miembros del gabinete y diplomáticos, el mandatario federal se remontó a 1849, tras el inicio de la rebelión de los mayas y recordó cómo la opinión publica de la época, era favorable en la convicción de “acabar con la población indígena”.

El tema sirvió de nueva cuenta para lanzarse en contra de la prensa, esta vez de aquellos años, en cuyos editoriales había una carga tendiente a sembrar la idea de que había que “desaparecer” a los pueblos originarios, ya sea mediante la violencia o a través de la aculturación y la asimilación, para “civilizarlos”.

Durante su discurso, Sánchez Cordero se remontó a 1847 con el estallido de la Guerra Social Maya -conocida como Guerra de Castas- movimiento iniciado por el pueblo indígena para cuestionar y rebelarse ante los sistemas opresivos que les esclavizaron y despojaron de sus derechos, con la venia del Estado mexicano, que “se ensañó” contra el pueblo en rebeldía.

El fin de la revuelta, años después, mantuvo a los pueblos originarios a la sombra del desarrollo; fueron excluidos por el sistema político y económico que les arrebató, entre otras cosas, el derecho a la autodeterminación, dijo la funcionaria.

En ese contexto, este año, a propósito de los 200 años de consumada la Independencia de México, se abrió la oportunidad para dar un paso hacia la reconciliación nacional, a partir del reconocimiento del pasado y de los errores cometidos.

“Hoy reconocemos algo que hemos negado por mucho tiempo: Los agravios e injusticias cometidos en contra del pueblo maya. Estamos ante una nueva oportunidad para construir una nueva nación que no permita que el pueblo maya sea violentado, despojado y excluido.

“La reconciliación que buscamos es para entender, de una vez por todas, que somos una sola voz: México”, manifestó.

La petición de perdón tendrá que reflejarse, aclaró Sánchez Cordero, en una relación de respeto e inclusión del pueblo maya.

“Pedir perdón es un acto necesario para mirar hacia el futuro y generar un cambio verdadero. Enfrentar nuestras más duras verdades es doloroso, pero también es impostergable, pues solo si trabajamos basándonos en la humildad y en el amor, rechazando toda forma de odio y de discriminación, podremos alcanzar la paz tan anhelada en nuestro México.

“A través del perdón y de la reconciliación buscamos abrir canales para escuchar a través de generaciones más jóvenes, que no es la que nosotros sabemos, sino la que el pueblo maya tiene que contar y que han transmitido ustedes durante años para mantener esa lucha viva por la dignidad de su gente”, sostuvo.

Karen Dzib, elegida para llevar el mensaje de los pueblos mayas, enalteció la memoria de los líderes rebeldes de la Guerra Social Maya: Jacinto Pat, Cecilio Chi y Manuel Antonio Ay, que dieron la batalla en Chan Santa Cruz, hoy Felipe Carrillo Puerto, como respuesta a la orden del capitán Diego Ingay, de incendiar las viviendas de Tepich y quemar a sus habitantes, la agresión más violenta que habita en la memoria maya.

Habló de la importancia de la fecha simbólica en que transcurre la petición de perdón recibida, hoy, día de celebración de la Santa Cruz, que es para los indígenas la Cruz Parlante, la Cruz que habla que guió a los mayas cruzoob, la cual encarna lo femenino y masculino, el nacimiento y la muerte, la lluvia y la sequía, todo en comunión.

La indígena afirmó que actualmente los mayas siguen en pie de lucha; que los mayas antiguos no han desaparecido y que los actuales mantienen la defensa de su identidad, cultura y costumbres.

Aquella guerra que inició en 1846 y duró más de medio siglo, alcanzando su punto más álgido durante el porfiriato, fue escenario de la destrucción de milpas, el saqueo, el incendio de bosques, iglesias y lugares sagrados, dijo.

“El poder de los gobernantes se ensañó”, manifestó, al considerar la petición de perdón al pueblo maya, como un acto “muy importante”, que calificó como “genuino” y “de buena fe”, al ser un reconocimiento de los agravios cometidos y un paso para la “verdadera reconciliación nacional”.

“Pedir perdón significa la recuperación de la memoria histórica y que todos los mexicanos sepan lo que pasó aquí. Que no se repitan situaciones como las vividas en la colonia. Por eso necesario acabar con injusticia explotación y racismo”, enunció al hacer una solicitud con cuatro puntos.

Uno, crear una comisión de la memoria y el reconocimiento; elaborar un Plan de desarrollo del pueblo maya; el reconocimiento de la dignidad y derechos de los pueblos originarios y garantizar que no se repitan las injusticias, la exclusión y la discriminación; y llevar a la acción el principio del nuevo régimen, con una importante adaptación: “por el bien de la nación, primero los pueblos indígenas”.

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