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Cuando el trabajo es arte, se convierte en el mejor trabajo del mundo

Hace más de 2,500 años, el filósofo chino Confucio pronunció una de sus clásicas frases célebres que aun hoy día trascienden: “Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día en la vida”.

El ex campeón estatal de ajedrez Jorge Alberto BalamDíaz, un viejo amigo, más esto último que lo primero, cita con frecuencia ese dicho cuando se le pregunta cuál es su labor. “Mi trabajo es jugar ajedrez”, subraya con mal disimulada satisfacción.

Ayer sábado, con motivo del Día del Trabajo, se le interrogó sobre su ocupación oficial en la “Casa del Ajedrez”, como se le conoce a la céntrica Plaza Diamante, donde tienen su sede el club “Bobby Fischer” y la tienda “Diagonales”, especializada en artículos del juego ciencia.

Cuando el ex monarca respondió que como encargado del local tiene el mejor trabajo del mundo, que es jugar ajedrez, añadió: “Y no estoy obligado a ganar, ni siquiera a jugar bien”.

En el mundillo de los 64 escaques hay, según los expertos, dos maneras de jugar: ajedrez por la sangre y ajedrez por placer. El primero es el que practican los jugadores de torneos, que buscan con ansias la victoria o de perdis el medio punto que aporta el empate. Eso conlleva una buena dosis de sufrimiento cuando no se logra el objetivo.

En cambio, nuestro camarada, cuyo viaje al reino del juego ciencia ya se acerca al medio siglo (comenzó a jugar durante la fiebre del “Match del Siglo” entre Bobby Fischer y Boris Spassky), sólo disfruta de las emociones inherentes a la batalla de las ideas.

Balam Díaz sostiene que podría perder todas sus partidas y no se amargaría la existencia. Tengo mis dudas, pero dejémoslo así, con su versión. Como quiera que sea, en mis casi cotidianas visitas a la “Casa del Ajedrez”, lo veo ganar casi siempre los incontables duelos a los que se presta de buen grado. Incluso juega con handicap, dándole ventaja de caballo o torre a algún adversario que no está a su nivel, con tal de equilibrar un poco las acciones.

Precisamente ayer lo vi dejar boquiabierto a un jovenazo con aires de petulancia, quien, tras enfrentarse simultáneamente a dos jugadores en el “Bobby Fischer”, bajó y se estrelló en tres ocasiones ante el ex campeón, a pesar de que este le dio ¡torre de ventaja!. Para Ripley.

El guerrero del tablero, cuya humildad y sencillez contrastan con la furia que despliega sobre la palestra cuadriculada, agregó que, fuera de eso, lee libros (en la tienda hay cientos, de aperturas, medio juego finales y problemas artísticos) para poder recomendar mejor alguno a los numerosos clientes que se apersonan en busca de algún ejemplar para aprender o entrenar.

Ciertamente, y en ello coinciden todos los ajedrecistas a los que les pregunté, Jorge Balam tiene el mejor trabajo del mundo, una ocupación en la que ya lleva cerca de 10 años. Que la disfrute durante mucho tiempo más.

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