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El Sombrerón (III)

El espíritu de la tierra. – es el hombre, alucinado con su poder.
Bernardo Ortiz de Montellano.
El Sombrerón

Que, durante 4 años, Erika trabajó con Pedro Herrera sobre la hechura de la partitura sinfónica del espectáculo El Sombrerón.

  La música es totalmente el estilo de Emir Kusturica (Sarajevo, Yugoslavia, 1954), director de cine, compositor y director de su propia banda y que ha estado en nuestro país con sus músicos dando conciertos.

 Pero Herrera vuelve a cometer el mismo error que con Canek, el ballet creado por Víctor Salas. En esa ocasión creó un popurrí que no una sinfonía, en esta ocasión el problema es de volumen y comprensión de lo que Erika nos presenta como dramaturgia y concepción escénica.

 Hay momentos que la música no tiene que ver con la acción dramática y en otros, los pobres actores, en especial Víctor Belmont, tiene correr a todo lo que da, para poder  ir al son que le tocan. Y aquello es como estar en el Hipódromo de las Américas, sólo que el actor es un actor y no un caballo de carreras. Y el compositor y director de la orquesta, nunca se da por enterado de esto.

¡Qué tristeza!

 Porque lo que se pretendía, existe en la música, un actor que dice cantando un texto, es un estilo, los franceses lo usan mucho, o lo usaron en el siglo XIX y parte del XX. Lo que pretendía Erika no es nada nuevo, no era encontrar el hilo negro, ni inventar el agua tibia. Pero, parece que Herrera no lo entendió o no conoce esta variación musical.

 Y en todo esto, el que quedó bailando en el espacio fue el actor y eso es una falta de respeto, tanto de quien dirige la escena, como de quien dirige la orquesta y compuso la música.

 Lo anterior nos hace entender que Herrera es un buen compositor, arreglista y director de orquesta, pero no entiende del todo, el fenómeno escénico.

 Existe una competencia, o al menos eso parece, entre los músicos y los actores, Analie y Carlos se salvan, por el dominio de su voz y sus modulaciones. Pero no sucede así con los otros dos personajes en escena.

 Esto nos hace pensar o que es demasiada soberbia y vanidad, o simplemente no le interesa el trabajo de los que están en escena.

 Jamás domina el volumen de sus músicos y sus instrumentos.

Tal vez hubiera sido mejor crear un ballet con uno dos momentos de breves, brevísimos textos dichos por los intérpretes.

 Tristemente, la culpa recae sobre  la directora general al no poder hacer entender a Herrera o, mandar a bajar el volumen de la orquesta y hacerlo con voz firme y decidida.

 Falta mucho tiempo de ensayo, para poder ensamblar este todo que por ahora parece nada, en el sentido que promete lo que no cumple y queda en el absurdo y en lo inoperante, que nada tiene que ver con el surrealismo como ella dice.

 O concierto, o texto y actores o coreografía con danzarines. 

 Cuatro años para dar como resultado musical como el que vimos. Perdón, pero me parece una mentira más de las que suelen decir y presumir los que se sienten genios y costurados a mano, que viven sobre las lajas de esta Península.

 Deseo que el tiempo y el sentido común hagan brincar con éxito a este espectáculo todos los “hándicaps” que se pusieron ellos mismos como creadores.

 Demos pues, tiempo al tiempo y veamos luego de varios meses de funciones, otra vez el espectáculo.

Fernando Muñoz Castillo

Escritor, hacedor de libros objeto, dramaturgo y director de teatro. investigador e historiador de teatro y cine. curador y museógrafo. periodista cultural. ha publicado varios libros.

2 Comentarios

  1. veo dos publicaciones del sombreron I y III, donde esta la de sombreron III. creo que falta. podrian anexarla pues la nota esta incompleta. gracias

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