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Entre sorbetes, paletas, bolis y esquimos

Sin lugar a duda, los yucatecos parece que estamos inmunes al calor, pero lo que estamos padeciendo en estos años, es casi casi, una visita al averno, tal y como nos lo han pintado desde niños.  El calor insoportable y eso es gracias a la modernidad y urbanización, cada vez las ´pareas arboladas son menos. Pero los yucatecos comunes y silvestres poco o nada podemos hacer en este aspecto. El encontrar alguna fuente de frescura o que nuestra garganta o gaznate sientan un momento de descanso ante la resequedad que debe de producir en nuestro organismo el respirar aire caliente, siempre será agradecido por nuestro cuerpo.

                Los yucatecos siempre hemos tenido la costumbre de degustar algo frío, ya sea por las mañanas o por las tardes (aunque en épocas de mucho calor como ahora, la noche es también un momento adecuado) , ya que nuestro clima por lo regular es caluroso y no hay que esperar un determinado tiempo para poder llevar a nuestra boca alguna golosina fría. Ya sean paletas o bien sorbetes. Refiriéndonos a las posibilidades que teníamos hace algunos años atrás.

            Entre las paletas y los sorbetes siempre ha habido una competencia gastronómica, por decirlo de alguna manera, ya que muchas personas son más afectas a las paletas que a los sorbetes, aunque algunas personas que tenían una solvencia económica mayor, podían acceder a otro tipo de helado o sorbete, no es necesario que  éste no se sirviera con una barquilla o en un recipiente de plástico, podían degustarlo en una elegante copa y tenían que pagar más por aquella delicia, me refiero a uno de los helados o sorbetes que ya tienen más de 100 años en nuestra tierra, los de El Colón. Aquí los sorbetes ya adquieren otra dimensión.

            Pero en esta nota el de la letra, hará  referencia a lo que la gente común y silvestre consumía ( y aún hoy día muchas personas lo siguen practicando) allá por los barrios y calles de nuestra Mérida. Como se mencionó con anterioridad, siempre había una lucha entre si querer paleta, esquimos, bolis o sorbete. Hagamos referencia primero a las paletas para terminar con lo que lleva el título de la presente.

Las paletas como todo en la vida han ido evolucionando al igual que la sociedad y han variado sus sabores hasta retar a la imaginación. En tiempos pasados las paletas se podían adquirir en dos sitios, ya sea en la misma fábrica donde se elaboraban o bien cuando pasaba con su carrito el paletero pregonando ; “….paletas y boliiiiiiis, hay esquimos…”. Sin importar las inclemencias del tiempo, el paletero pasaba o bien estaba en las puertas de las escuelas.

            Hay que mencionar que siempre han tenido dentro de su carrito dos tipos de paletas normales, las de agua, entre sus sabores preferidos estaban de sandía, melón, uva, nancen, piña, limón y el sin igual sabor de pirata, es decir, medio chocolate y medio coco (esta es una paleta híbrida) . También estaban las de leche, había de arroz con leche, chocolate, cacahuate, elote, guanábana, leche quemada y de coco, eran las que tenían mayor demanda, es posible que también se elaboraban de otros sabores, pero sin lugar a dudas la reina de las paletas era la que venía cubierta con un sobrecito de plástico, el inigualable esquimo, paleta de chocolate cubierta con coco y acompañada con ralladura de la misma fruta.  Su costo casi duplicaba la de las de agua, pero era una delicia el poder probarlas.

            No puedo dejar de pasar por alto una de las paletas que seguramente venían del centro del país, cubiertas con una especia de cartón especial y con un nombre que no se podía olvidar Yom-Yom.  Estas paletas eran de otro nivel ya que solamente se podían encontrar en determinadas tiendas del centro de la ciudad y recuerdo que también había en una refresquería nevería situada enfrente del Centro Escolar “Felipe Carrillo Puerto”. De variados sabores y que estuvo en el gusto delos yucatecos durante varios años.

            En la actualidad las paletas y sus sabores ya son variados como la misma gama de colores, los hay de sabores de galletas, de queso de bola, de chamoy, de napolitano, de fresas con crema, solamente falta que las hagan de cochinita pibil y lechón al horno, no duda el de la letra que haya algún emprendedor que se atreva a elaborarlas y también le entre con el relleno negro y frijol con puerco. Hay franquicias nacionales de paletas que se encuentran en todo lo largo y ancho de nuestra ciudad.

            No hay que olvidar a la reina de las paletas, desde luego solo para los sibaritas y aquellos con más solvencia, me refiero a los esquimos, venían (y aún hoy hay algunas paleterías que las fabrican de la misma manera) envueltas en una bolsita transparente de plástico. El de la letra se refiere a los esquimos, si las paletas de coco, con cobertura de chocolate y ralladura de coco encima. Los esquimos pueden costar lo doble que una de agua , el precio depende de la fábrica o bien de la calidad del mismo. Sin lugar a dudas, es la paleta elegante y fina por excelencia.

            Los esquimos siguen estando en los carritos de los paleteros, y son muchas personas que las prefieren por encima de los bolis y las demás paletas. Sin lugar a dudas mis caros y caras lectoras habrán degustado hasta el último pedacito el famoso esquimo y las nuevas generaciones si aún no los conocen, acérquense a su paletería preferida o a algún paletero y atrévanse a probarlas, no se arrepentirán.

            Hay que mencionar que las paletas se encuentran tanto en la ciudad como en el interior de nuestro Estado, en algunos municipios hay fábricas de paletas como las hay en esta nuestra blanca y calurosa ciudad. Muchas de tradición y otras de nueva generación.

            Al igual que las paletas, los bolis representaron una posibilidad de disfrutar durante más tiempo su sabor, habían cuadrados y alargados, los primeros era común que los paleteros los llevaran en su carrito, los sabores similares a las paletas, con diferente precio pero que en ocasiones de frío, había que sostenerlos con papel o algún pañuelo para poder comerlos. Recuerdo una fábrica situada en la calle 69 con 42 de nombre “El Sufragio” donde elaboraban tanto paletas como bolis y por extraño que parezca, ya tiene ese sitio más de 60 años de estar ofreciendo ese producto y siendo entre los bolis los de mayor demanda el de plátano. Y aún hoy día siguen fabricando estos tipos de bolis.

            Cabe mencionar que el de la letra cuando va a visitar a su amigo el galeno Wilberth Herrera Celis, pasa por el famoso “Sufragio” y compra un lote de bolis para una buena temporada, preponderando siempre el sabor de plátano, también hay de pitahaya, mamey, zapote, menta, coco, chamoy, elote, uva, etc.

            También había bolis alargados, como los que fabricó durante mucho tiempo una empresa que dio el nombre al producto Saborín. Estos eran alargados, con un costo diferente pero con más tiempo para disfrutarlo. En ocasiones se logaron a vender en el parque de béisbol de nuestra ciudad, en el Kukulcán, unos de tamaño super grandes y se pregonaban “chupe y chupe hasta que el partido se termine”. De diversos sabores y hasta el día de hoy conviven los cuadrados con los alargados. Hay otros bolis hoy día, pero como diría la juventud de hoy “nada que ver”. Su sabor es diferente y casi siempre están suavecitos.

            Con respecto al tema que ocupa el título de la presente, los sorbetes siempre han estado también presentes en las reuniones familiares. Los sorbeteros no tenían que pregonar a voz viva su producto, ellos usaban una especie de campana que era como un disco de metal que golpeaban con una vara del mismo material y con ello ya los vecinos sabían que estaba llegando hasta nuestras puertas.

            En el caso particular del de la tinta, había un sorbetero, moreno alto, no recuerdo si usaba sombrero o cachucha (gorra), pero por lo general se asomaba con su triciclo con su nevera de madera encima aproximadamente a las cinco de la tarde. Los sabores eran casi siempre los mismos, coco y mamey y en ocasiones se hacía de cacahuate o limón. El señor del carrito tenía cuatro opciones para servir los sorbetes, el primero era con barquilla saladas de esas, de color anaranjadas, las baratas, las había sencillas y grandes, en las primeras se podía poner una y en el segundo caso, dos bolas de sorbete. También había otras barquillas, las llamadas dulces, un poco más grandes, pero con un costo un poco mayor en donde por su profundidad alcanzaban dos bolas de sorbete. Estas bolas podían ser de un mismo sabor o bien combinadas. La tercera opción, era el de servirlos con botecitos de plástico, de dos tamaños y precio diferente. Y la cuarta opción era que el cliente llevara su vaso, taza o recipiente y el señor del sorbete (la gente fina diría: nieve) ,el papá del de la letra lo hacía, llevaba su vaso de cristal y encima le ponían una barquilla, claro, de las saladas.

            En la actualidad la industria de los sorbetes, hoy helados, se encuentra esparcida por toda nuestra ciudad, hay muchas empresas familiares que continúan con esta tradición y al igual que las paletas, los sorbetes, hoy conocidos como helados pueden ser de sabores tan raros como el de ron pope, de pétalos de rosa, de chamoy, de queso napolitano, de galleta oreo, de chessecake, de queso de bola, menta, sin olvidar los clásicos de coco, guanábana, cacahuate, melón, zapote, mamey y muchos más que se pierden en mi imaginación. Seguro pasará como con las paletas que muy pronto tengan sabores de cochinita pibil o bien de alguno de los tantos guisos que conforman nuestra gastronomía yucateca.

            En los principales supermercados de nuestra ciudad, se pueden encontrar una cantidad ilimitada de marcas y sabores de helados, y en presentaciones varias. Las opciones para refrescarse el gaznate son muchas. Y usted, caro y cara lectora que prefieren? Los nuevos helados o aquellos sorbetes., bolis y esquimos de antaño?.,

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