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El señor Farouk

El señor Farouk era un árabe de la segunda generación de inmigrantes que llego a Yucatán a principios del siglo XX, ya bastante mayor de edad continuaba trabajando todos los días. Como todos los de raza desde muy pequeño se dedicó laborar y es que los primeros paisanos suyos que llegaron a Yucatán trabajaron muy pero muy duro hasta lograr ya en la época a que nos referimos a ser la mayoría miembros de la clase económicamente más acomodada o cuando menos, de clase media alta. Farouk fue un turco, y esto de turco no lo decimos en forma peyorativa ya que, aun viniendo los primeros de ellos del Líbano, Siria e Irak, al presentar sus respectivos pasaportes en esa época los sirios libaneses pertenecían al Imperio romano llamado en aquel entonces Turquía.

Entonces la gente de todo México y América, les llamó turcos. Entregados totalmente los turcos a diversos oficios y trabajos casi sin saber hablar el castellano (incluso Farouk tenía algunas reminiscencias de su idioma primigenio)  con mucho esfuerzo y dedicación dedicándose principalmente al comercio con el tiempo llegaron algunos de ellos lograr grandes fortunas (que en el futuro serían enormes) soportando los pioneros turcos al comienzo segregación y rechazo de la llamada Casta Divina (que de casta no tiene nada y de divina mucho menos) y de la mayoría de la sociedad yucateca para la época de la que estamos hablando ya se había integrado a estos remisos potentados.

A parte del comercio y otras áreas en las que se diversificaron importaron de Cuba una lotería paralela a la oficial a la que llamaron “La Bolita”. Los bancos de bolita llegaron a ser inmensamente ricos con muchos empleados que vendían dicho sorteo en toda el área de Mérida y de Yucatán. Los primeros turcos se instalaron casi en su totalidad en el barrio de San Cristóbal, aunque posteriormente se trasladaron a otros barrios y a las emergentes colonias de Mérida. Farouk vivía cosa rara entre ellos por el oriente de la ciudad enfrente de la HIDROGENADORA YUCATECA hoy inexistente una gran industria fabricante de aceite comestible y jabones propiedad de un millonario libanes. Farouk vivía en un chaletito con su pareja de muchos años, una mestiza llamada Doña Florita. Como muchos árabes hablaba de usted “asted”, el señor Farouk era vendedor de bolita y tenía un modesto carrito con el que iba al centro con su block de notas en mano ya que a los yucatecos les encantaba este juego de azar ya que era más confiable que la lotería oficial… y era la palabra es decir tenía que existir confianza.

Su centro de operaciones era como todo entonces en el primer cuadro de la ciudad, la plaza principal rodeada de billares, a los que entraba a vender. Sus principales clientes se encontraban en las cantinas y en los cafés que proliferaban en el primer cuadro (hoy no hay ninguno), entraba a la cantina “el regalo” el único en ese entonces con salón de aire acondicionado, el “bufette”, “el águila” siempre lleno de campesinos que venían a palacio a cobrar sus “alcances” que se gastaban en dicha cantina, ubicada donde comienza el Pasaje de la revolución, el “Monterrey” , tzeca “el polo sur” de Mendicuti, el “Boston”, el “círculo Médico” de Uxo Fernández y podría citar 879 más. En dichos templos de baco vendía muy bien. Pasaba luego a los cafés: “el Louvre, el Fililí, La balsa, El Mérida, El express, El Sevilla, en fin, le iba muy bien.

Terminando su jornada en la tardecita regresaba al oriente es decir su casa y saludaba buenas tardes “¿como astado asted Florita?” y ella le contestaba muy bien, pero quiero hablar contigo ya compraste un auto, un terrenito, los chivos pero todo esta a tu nombre ¿cuando pones algo a mi nombre? El quedó pensativo y le dijo: no te preocupe asted Florita ya verás.

Para no hacer largo el cuento al día siguiente tomó a doña Florita del brazo y camino con ella a la terraza de la vivienda señalándole sobre el marco de la puerta con esplendorosas letras la siguiente leyenda: “Villa Florita”. Ya vio usted, ya te puse algo a tu nombre.

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