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Reflexiones para Sergio Esquivel desde Paso de Luna

“Por el cielo va la luna
Con un niño de la mano,
El aire la vela, vela,
El aire la está velando”

Federico García Lorca

Hace poco más de una semana, platicamos por última vez, como siempre, con calma, con tu pausado modo inconfundible, añorabas nuestros desayunos en “Manjar Blanco”, con la siempre cordial atención de Miriam, con tu fruta con granola y yogurt, y los insalvables Huevos Motuleños, una de las inigualables delicias de la casa. Me dijiste: “Ya va pasando esto, ya pronto nos podremos ver y desayunar con Miriam”. Todas las tardes de los últimos quince días, pasé junto a las ventanas de tu casa, a la vera del parque de Santa Ana, en mis caminatas vespertinas, anoche, la última vez. Mire tus azules puertas cerradas y me dije: Ahí debe estar, disfrutando de “Paso de Luna”, como bautizaste a tu casa, tu entrañable casa antigua y señorial. Me viene a la mente, los recuerdos, en los que Pepete, tú yo cruzábamos el parque para ver los avances en las obras de rescate de la vieja y vetusta casona colonial que sería tu último hogar. De cómo, después de un atardecer, te percataste de que la luna cruzaba el jardín, junto al corredor y de ahí nació “Paso de Luna”, como decidiste nombrar a tu casa, y que fue también el tema y nombre de tu último disco. Paso de Luna, poema, canción, recuerdo grabado en mi mente y mi corazón, diez letras que encierran tantas cosas, y en todas ellas estás tú.

Eras muy orgulloso de tu origen ticuleño, y lo gritaste fuerte y claro: “Soy del Sur”, melodía del alma que se vuelca sobre tu pueblo y tus raíces y se eleva sonora hasta el infinito, hasta el eterno reino de la música. Tu mensaje de amor que se pinta profundo en una tus canciones, una de mis favoritas, de hace más de cincuenta años, grabada nada menos que por José José, “Alguien Vendrá”, nos revela tu alma sensible y tierna, con voz esperanzadora, con tono de alegría sin final: “La soledad es pasajera, siempre se va tal como llega”. Y esta maravillosa canción sirvió de tema introductorio a la inauguración del “Festival Anual de las Artes, Otoño Cultural”, que fue dedicado a ti, y la cantaste como nunca en el Teatro Peón Conteras, la mañana de la apertura. Y qué decir de las veces en las que pusiste tan en alto el nombre de Yucatán, a nivel internacional en tantos festivales de la OTI, la más entrañable, en 1973, cuando “Qué Alegre va María”, hizo brillar el nombre de tu estado ante el mundo, con tu canción y la voz de Imelda Miller. Y le siguieron: “Un Tipo Como Yo”, “Nadie se va del Todo” (a la muerte del Bibi Hernández) y “Luciana” (a tu entrañable tía soltera).

Recuerdo tus inicios en el mundo del arte, impulsado por Enrique Vidal, con el dueto “Sergio y Ramón”, con tu inolvidable hermano en la música, que también se nos adelantó, Ramón Triay. Enrique, les anima a ir a México, Ramón decide regresar al terruño y tú te quedas para andar por esos caminos que se te fueron abriendo con la llave mágica de tu música. Y fuiste alcanzando alturas cada vez mayores, cantando con la lira pulsada por el alma, con la sensibilidad a flor de piel. Y tu regreso a la patria chica, para impulsar la creación de nuevos valores de la música yucateca, en los Portales de Santa Lucía, en el taller “Quinta Generación” que tan buenos frutos rindió, y cuya huella se puede ver aún en el panorama de nuestra música. Tus canciones fueron grabadas por los artistas más grandes y reconocidos como: Marco Antonio Muñiz, Libertad Lamarque, Lupita Dalessio, Emmanuel, José José, Guadalupe Pineda, Alberto Vázquez, Yoshio, Gualberto Castro, Víctor Yturbe, Manoella Torres, por citar algunos.

Con toda justicia, recibiste en vida muchos reconocimientos, como la Medalla “Guty Cárdenas”, en 1974; la Medalla “Agustín Lara” de la Sociedad Mexicana de Autores y Compositores, en 1975; la Rosa de Oro del Estado de Jalisco, en 1977; el Trofeo “El Heraldo” al mejor compositor, en 1980; ese mismo año, la ciudad de Ticul impuso tu nombre a una calle; y siempre en 1980, la Asociación Mexicana de Periodistas de Radio y Televisión te nombra Compositor del Año; el Gobierno del Estado de Yucatán te confiere la Medalla Yucatán en 1981; trofeo al mejor intérprete de Viña del Mar, en 1982; en 1990, TELEVISA te otorga la Medalla “Guillermo Cañedo”; en 1999, tu ciudad natal, Ticul, le impone tu nombre a la Plaza de la Cultura; en 2001, la Sociedad de Autores y Compositores de México te otorga un reconocimiento a tu amplia trayectoria; y en 2011, se devela tu busto en la Plaza de las Serenatas en Santa Lucía.

La noche de anoche, a tres días de la luna llena, Selene bajó a tu jardín y te encontró dormido, te tomó dulcemente de la mano y te fuiste volando con ella por las nubes, regresaste al eterno mundo de la música, reino al cual siempre perteneciste. Y hoy, al caer la tarde, escribo estas reflexiones, a las puertas de tu casa, desde “Paso de Luna”. ¡Hasta siempre querido Sergio!

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