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Adela Breton en Chichén Itzá

La noticia del arribo de Adela Breton a Mérida apareció en la primera plana de El Eco del Comercio en la edicióndel 15 de febrero de 1900 bajo el título: Una artista que viene de Londres en pro del arte.

            [….] El miércoles último en el tren que sale de Progreso a las cinco y media de la tarde, llegó a esta capital Miss Breton, respetable señora, artista conocidísima en Londres, y quien viene a Yucatán a sacar algunas copias de nuestras ruinas arqueológicas de Uxmal y Chichén Itzá, al mismo tiempo que a estudiarlas científicamente.

            La señora Breton se propone, especialmente, sacar con exactitud una copia del frontis del Palacio de las Monjas.

            La referida artista que ha visitado Japón, California, Egipto, etc., etc., viaja por su cuenta y lleva en su equipaje hermosísimos paisajes de los lugares por donde ha pasado.

            También acompañan a Miss Breton, por vía de gira, el capitalista americano Mr. George Stebbins y Miss Margarite Stebbins, el primero de los cuales cuenta con algunos amigos entre nuestros principales comerciantes.

            Los tres viajeros fueron recibidos en Progreso por el Sr. Cónsul de los Estados Unidos Mr. Thompson.

            Agradable estancia entre nosotros les deseamos […]

Esta artista victoriana, cuya intrépida vida plasmó en un documentado libro Mary F. McVicker, visitó México por primera vez en 1892, cuando estuvo en Veracruz, Orizaba, Tlaxcala, Puebla y la capital del país. Sin embargo, a diferencia de otros visitantes extranjeros, ella se quedaba varios días en cada lugar de la ruta y emprendía excursiones para conocer más de cerca la cultura mexicana. Su primera pintura de tema prehispánico fue la Gran Pirámide y la iglesia de Cholula.

Breton había venido a Yucatán a petición expresa del destacado explorador británico Alfred Maudslay  (1850-1931), quien preparaba su monumental Biologia Centrali-Americana: Contributions to the Knowledge of the Fauna and Flora of Mexico and Central America y necesitaba a una persona confiable que verificara la precisión de los dibujos que él mismo había hecho de algunas de las fachadas de los principales edificios de Chichén Itzá, donde había investigado en 1889, así como para que aportara más detalles de lo que mostraban las fotografías que había tomado en ese sitio. Maudslay se apoyaba para sus dibujos en el trabajo de Annie Hunter, una excelente copista, pero había un inconveniente: Annie era una artista de salón; en cambio, a Breton le apasionaba el trabajo de campo, además de que sus dibujos eran notables. Maudslay deseaba asimismo que Breton rescatara lo que quedaba del espectacular mural superior del Templo de los Jaguares.

En 1900, la hacienda Chichén Itzá, donde estaba asentada la Ciudad de los Brujos del Agua, era propiedad del cónsul norteamericano Edward H. Thompson, quien recelaba de todos los investigadores que se aparecían por allá para estudiar aquellos vestigios de la civilización maya.

Adela llegó a Chichén Itzá el 20 de febrero. En aquel entonces era necesario viajar seis horas en tren de Mérida a Dzitás y el trayecto de este pueblo a la antigua ciudad de los Itzaes (casi cinco kilómetros), se hacía en volán, un carruaje tirado por mulas en el que los viajeros viajaban sentados con las piernas extendidas; cuando tenían suerte, la superficie donde se sentaban estaba recubierta de una especie de colchón que aminoraba en algo los inevitables contusiones por el molesto zangoloteo, ya que los caminos eran pedregosos y llenos de baches.

Después de algunas desaveniencias con el inspector de monumentos, Breton se dedicó de lleno a sus propósitos, con el apoyo de su ayudante Pablo Solorio, oriundo de Churumuco, Michoacán; en vez de alojarse en la hacienda de Thompson, la artista británica prefirió vivir en el Akab Dzib, donde abundaban las garrapatas, pulgas y mosquitos, entre otros molestos insectos.

Breton subrayó cómo los mayas sabían aprovechar la luz en sus construcciones arquitectónicas para hacer resaltar sus coloridos murales que se ubican en los interiores. También lamentó que copistas o gente del común hubiera dejado grafitis o bien pintaran su nombre sobre aquellas obras maestras utilizando lápices o pedazos de madera.

Como aquel mural del Templo de los Jaguares estaba a casi tres metros de altura, Adela tuvo que utilizar andamios y en ocasiones también lámparas para tratar de obtener una mejor visibilidad. Parte del techo de aquel templo se había derrumbado, además de que el sitio estaba plagado de árboles y arbustos que impedían la claridad. Cuando llovía, el agua se filtraba y deterioraba las paredes.

Al mismo tiempo comparaba las ilustraciones de Maudslay con las inscripciones de la Casa Colorada para verificar su precisión o bien hacer las correcciones pertinentes. También llamaron su atención la fachada de mosaicos de piedra del denominado monasterio (hoy Cuadrángulos de las Monjas). Antes de partir a Veracruz, estuvo diez días en Uxmal, y también visitó Labná y Loltún. Dejó Chichén el 1 de abril, luego de laborar ahí casi cinco semanas.

En 1902 regresó a Chichén Itzá para continuar su trabajo, pero en esta ocasión se alojó en una casa de paja, lejos de la hacienda. Estuvo allí del 4 de febrero al 2 de mayo de ese año y durante ese lapso trabajó en los frescos del Templo de los Jaguares, la Casa Colorada y en las Monjas, para tratar de salvar de la destrucción total lo que quedaba de sus antiguos frescos, que ya estaban muy dañados en 1843, cuando los visitó John L. Stephen (1805-1852).

En su segunda temporada visitó Chacmultún y Oxkintok.

Su debut profesional ocurrio ese mismo año en el XIII Congreso Internacional de Americanistas, que por primera vez se llevó a cabo en el continente americano, pues todos los anteriores habían tenido lugar en Europa. La ciudad de Nueva York recibió a especialistas en las antiguas civilizaciones del continente, entre los que figuraban algunas mujeres , lo que le permitió a Adela entrar en contacto con varios de ellos. En ese marco, Maudslay reconoció las valiosas aportaciones de Breton a la ciencia arqueológica, cuando Adela mostró 4 paneles completos del Templo de los Jaguares, que asombraron por su colorido (con el paso de los años trabajaría hasta acompletar siete):

Las palabras de aquel reputado explorador fueron las siguientes:

            […] Creo realmente que todos nosotros tenemos una enorme deuda con la señorita Breton por el extraordinario cuidado y precisión con los que ha reproducido estas pinturas […]

Algunos de los participantes le pidieron a Adela que explicara y comentara sus pinturas y fue así como comenzó a cimentar su prestigio académico más que artístico.

En 1907 le tocó en suerte estar de nuevo en Yucatán poco después del descubrimiento de los estucos de Acanceh un año antes y pasó cinco semanas haciendo dibujos de aquellas obras, trabajos que cinco años después se exhibieron en Londres. 

Su consagración y reconocimiento plenos llegaron con el Congreso Internacional de Americanistas que tuvo lugar en Londres, su ciudad natal, en 1912, cuando fue reconocida como socia de número del Royal Anthropological Institute, Honorary Asisstant Secretary and Treasurer y también actuó como Secretaria General de aquella asamblea.

McVicker señala que este congreso fue el mayor acontecimiento en la carrera de Adela, pues en apenas una década su trabajo atrajo la atención de los americanistas del mundo, además de que se había consolidado como especialista por méritos propios, como lo evidencian su participación sistemática y su papel como organizadora de estos congresos.

Mujer de carácter fuerte y decidido, que defendía su opción de mantenerse soltera, Breton murió el 13 de junio de 1923, a los 73 años de edad.

Ficha bibliográfica

McVicker, Mary F. (2005). Adela Breton. A Victorian Artist Amid Mexico´s Ruins. USA: University of New Mexico Press Albuquerque, 218 pp.

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