Cultura

Los besos, pasado y presente

Los besos en la boca causaron en el pasado, no solo grandes canciones o poemas sino además un gran furor. Había tanto mujeres como hombres cuya virtud amorosa se ubicaba y desarrollaba en el sabio uso de los labios y lengua, como un preámbulo a las intimidades. Se podía morir por un beso o recibir un beso asesino. Igual que morir por un beso deseado.

Antes de ahora, cuando la relación física se tiene con cierta facilidad, el beso era lo más deseado y suplía, en gran medida, la relación coital. Mujeres pretéritas rememoraban a un novio porque “¡te daba unos besos…de desmayo!”. Esas exclamaciones las dejé de oír desde hace algún tiempo, siendo que ahora las pláticas sexuales se dan con mayor frecuencia y sin tapujos. Y vale destacar que, en estos tiempos, tanto mujeres como hombres platican sus vivencias sexuales como algo común y corriente.

Decidí hacer una pequeña encuesta acerca del besar en una relación pasajera, una temporal y una estable. En todas las respuestas me encontré con que el beso ya no tiene el peso que tenía antes en los acercamientos físicos. El “depende”, fue la respuesta frecuente. “Depende de la higiene”, “depende si me agrada” “depende como lo haga” y por último el “no me gusta besar, aunque me lo pida”.

En la prostitución tanto femenina como masculina, el beso está prohibido o comercializado. Es decir, se puede besar el cuerpo de los hombros a los pies sin pasar por los labios, pero si se paga una mayor cantidad por el servicio, los besos pueden ser incluidos; si no, ni soñarlos. “A mi ni falta que me hacen, yo voy a los que voy”, también me dijo alguien.

Llegar a los labios de la pareja era una tarea fina, inteligente, paciente y cuando se lograba, se podía sentir lo indescriptible.

Hay besos de labios y de lengua. Y cada raza tiene una manera particular de besar. La mujer antigua sabia del valor de ese mecanismo erótico y lo preciaba tanto que, igual esquivaba la cara para no recibirlo, que se tapaba la boca para evitar ser besada. Y muchas veces, un faje a base de besos era utilizado con mayor frecuencia que la relación física. Y la pareja, se daba por bien servida.

El antes y el ahora tienen marcadas diferencias, no solamente en los cambios generales de la vida humana, sino que llegan hasta la modificación de la costumbre del besar y ser besado.

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