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Carmen Mondragón, el poder de una mirada

Murió en el más absoluto olvido, rodeada de gatos y viviendo en gran medida de la venta de las fotos de sus desnudos que ofrecía en la Alameda de la ciudad de México. Poetisa, pintora, pianista, considerada la primera caricaturista del país, fue la musa, modelo, compañera y amiga de algunos de los hombres más brillantes del México pos revolucionario, frecuentó los más altos círculos intelectuales y artísticos de su época, desafío a la sociedad de la que provenía con su rebeldía y su conducta libre; libertina dijeron algunos, escandalizó a toda una época y pago caro su osadía, algunos piensan que mucho más que otras tan independientes y contestatarias como ella: Frida, Tina, Lupe, Antonieta…

Los enormes ojos verdes de Carmen fueron un imán para muchos pintores, impresionaron a Diego Rivera desde que la conoció siendo ella una adolescente, a tal grado que en varios de sus murales casi únicamente esa parte de su fisonomía plasmaba y resaltaba, como en el mural Día de Muertos del edificio de la Secretaría de Educación donde pintó un ojo verde como si del ojo de Osiris se tratara, sabiendo que solo con eso todos la reconocerían; pero la olvidaron.

De un tiempo para acá, parece que revive y nuevamente despierta pasión e interés la historia y la obra de esa mujer que se anticipó a su tiempo. ¿Quién es esa dama de bello cuerpo tantas veces fotografiado y rostro imposible de dejar de observar? ¿Dónde aprendió a pintar con ese estilo Naif, sin convencionalismos, de manera tan espontanea y colorida? ¿Quién pudo escribir tan vehementemente estas palabras?: “Mi nombre es como el de todas las cosas, sin principio ni fin, y sin embargo sin aislarme de la totalidad por mi evolución distinta en este conjunto infinito, las palabras más cercanas a nombrarme son: Nahui Olin”.

María del Carmen Mondragòn Valseca nació el 8 de julio de 1893 en Tacubaya, México, era la quinta hija de uno de los militares más reconocidos durante el Porfiriato, el brillante estudiante del colegio militar; Manuel Mondragòn quién a los 21 años se graduó con honores y fue el creador de un fusil automático y un cañón reconocidos mundialmente. Sus inventos impresionaron al presidente Díaz quien lo comisionó a Paris para construir sus modelos y donde la pequeña Carmen recibió sus primeros conocimientos. Cuando contaba con 10 años de edad, en el año de 1903, la familia Mondragòn regresó a México e inscribió a sus hijos en las mejores escuelas privadas de la ciudad, ella en un colegio de Monjas donde impresionó por su perfecto francés, su afición a la escritura e interés por las artes.

Los años pasan, Porfirio Díaz es obligado a renunciar y salir del país, Francisco I Madero asume la presidencia, pero Mondragòn no olvida lo favores recibidos y planea e intriga para derrocarlo. Se convierte en protagonista de la “decena trágica” de 1913, con una tropa seleccionada libera al General Bernardo Reyes de la cárcel de Tlatelolco y a Félix Díaz de Lecumberri, la traición se consuma, Victoriano Huerta fusila a Madero y asume el gobierno del país con Mondragòn a su lado, quien es nombrado Secretario de Guerra y Marina.

Pronto los aliados se distancian, sus protagonismos les impiden compartir el gobierno del país, Mondragòn renuncia y se exilia en Europa, pero antes pacta el matrimonio de Carmen su hija preferida, con un cadete de hermoso rostro y finos modales, aprendiz de diplomático, llamado: Manuel Rodríguez Lozano. En un principio ella se sintió atraída por el guapo joven que tenía  un gran don de la palabra, aunque algunos lo calificaban como perverso y manipulador. Días antes de la boda se arrepintió y comunicó a su madre: no quiero casarme, ella le contestó: o te casas o te vas a un convento.

El matrimonio de Manuel y Carmen fue desdichado y no podía haber sido de otra manera con personalidades tan distintas, ella de temperamento apasionado y el homosexual, que ni la miraba, ni tocaba y apenas le hablaba. “Mi espíritu y mi cuerpo tienen siempre loca sed” escribió, pero Manuel no podía calmársela, como tampoco pudo años después, calmar la de Antonieta Rivas Mercado quien también se enamoró locamente de él.

Un episodio nebuloso narra la presencia de un hijo que falleció en circunstancias extrañas, ahogado por Carmen dijo él; un accidente fruto de una discusión en los bordes de una escalera por donde rodó, dijo ella y hay quien niega la existencia de dicho hijo.

Lo que si compartieron durante los nueve  años que duró el matrimonio fue su amor al arte y la afición por la pintura. Se inscribieron tanto en Paris como en San Sebastián, España, donde el general Mondragòn instaló a su extensa familia huyendo de México y de la primera guerra mundial, en diferentes cursos de pintura y participaron en eventos culturales de esas ciudades.

En 1920 el matrimonio regresa a México y unos meses después el pintor, escritor, aficionado a la vulcanología, Gerardo Murillo conocido como Dr. Atl, se encuentra con Carmen en una reunión y escribe: “Fulguró entre la multitud como una antorcha y mi espíritu se quemó en su llama como un insecto”. Carmen no lo pensó mucho y abandonó a su marido, los días y las noches vacías durante su matrimonio, los llenó de una vorágine de pasión y delirio profundo de ambos. Muere Carmen, nace Nahui Olin como él  la bautizó.

El Dr Atl y Nahui viven juntos aproximadamente cinco años, intensos años que fueron en el aspecto creativo el periodo más fecundo de ambos, pintan, escriben, ella su primer poemario: Óptica cerebral, y conviven con la comunidad artística de la época, pero pelean mucho. Los celos mutuos los consumen, Murillo no puede contenerla y ambos llegan al extremo de la violencia, como cuando Nahui se arroja contra dos jóvenes mujeres que lo visitaron en su estudio y él la arrastra hasta el baño, la amarra y deja que corra el agua, dejándola así, encerrada y empapada en un cuarto, hasta la media noche. Alguien escribe: “Dr. Atl, a quien la vida le regaló dos volcanes: Nahui Olin y el Paracutìn”.

No había vuelta atrás, el padre de Nahui muere en el exilio y ella que lo admiraba tanto, no iba a permitirse ser sumisa ante nadie más, denuncia y abandona a Murillo resuelta a desafiar a todos, sin restricciones. Cada quién toma su camino, Nahui no tenía en su interior lugar para el vacio y sale en búsqueda de nuevas parejas y experiencias. Tuvo muchas, algunas más importantes que otras, como el romance con el caricaturista Matías Santoyo con el que viajó a Hollywood por un proyecto de una película que no se concretó, casi todas terminaban con una gran desilusión, pero ella siempre insistió en seguir amando.

Los fotógrafos Antonio Garduño y Edward Weston le hacen varias tomas desnuda y con  poses atrevidas, que causan admiración y estupor entre la sociedad de los años 20`s, llegando ella a expresas que su cuerpo era tan hermoso que no podía negar su contemplación a los seres humanos, también declaró sobre la libertad e independencia que sentía: “Cuando poso, siempre soy otra”.

Probablemente el último intento de Nahui por vivir el amor fue con el capitán del barco Habana,  Eugenio Agacino. De esta relación dejaría numerosas pinturas, como testimonio de los momentos felices que vivió a su lado durante aproximadamente 5 años, viajando, bailando o haciendo el amor en el camarote de un barco. Sin embargo, la tragedia que acompañaba su vida hizo su aparición, ya que el capitán se enfermó en Cuba y falleció dejando a Nahui postrada. Carlos Pellicer la encuentra vagando en Veracruz como si esperara el arribo del barco de Eugenio y le compra el boleto de camión para que regrese a México. A partir de esta experiencia Nahui comienza su aislamiento, con algunos rasgos de locura.

Su situación económica se vuelve crítica y vive de una pequeña beca del Instituto Nacional de Bellas Artes, la cual el día de cobro se gastaba en un almuerzo en el Casino Español y en comida para la decena de gatos que alimentaba en las calles cercanas a la Alameda, el resto de la quincena comía en un dispensario entre indigentes. Cuando debido a sus achaques ya no podía ir a alimentar a sus gatos, los metió en un costal y se los llevó a vivir con ella.

Aunque su obra no fue política, siempre se preocupo por el abandono social de los indígenas y apoyó las causas de los artistas plásticos, en 1922 al conformarse el Sindicato de Obreros, técnicos, pintores y escultores, cuyos fundadores fueron José Clemente Orozco, Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, entre otros, Nahui y Carmen Foncerrada son las únicas mujeres que figuran. A los ochenta y cinco años de edad el 23 de enero de 1978, muere Nahui, la deslumbrante mujer que desafió los cánones de una época; su bello rostro y escultural cuerpo habían desaparecido, pero sus enormes ojos verdes nunca perdieron su belleza y fulgor. Hoy sus numerosas obras, son buscadas por los coleccionistas particulares y expuestas en museos como el Museo Nacional de Arte, el Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo, el Museo de Arte Moderno del INBA de la ciudad de México, o el MOMA de Nueva York y el Blanton Museum of Art, The University of Texas, muchos se rinden ante su contemplación, dándole el valor que le negaron cuando la incomprendida autora vivía

Lloro de Dolor
Desgraciada de mí,
no tengo más que un destino: morir
porque siento mi espíritu
demasiado amplio y grande
para ser comprendido
y el mundo, el hombre y el universo
son demasiado pequeños para
llenarlos.
Quiero morir
Es necesario desaparecer
cuando no se está hecho para vivir
cuando no se puede respirar
Ni desplegar las alas.

Nahui Olin

Laura Elena Rosado Rosado | Mexicanas por Descubrir

Originaria de Mérida, Yucatán es egresada de la Licenciatura en contaduría pública por la UADY y Máster en Grandes Religiones por la Universidad Anáhuac. Entre los cursos y diplomados que ha cursado se encuentran el Diplomado en cultura religiosa, historia, arte y religión en el área maya impartido por el CIESAS y la UNAM y el Diplomado en historia del arte universal por la Universidad Modelo. Es además, estudiosa sobre la historia de Yucatán con diversos cursos en el Centro Cultural Prohispen y el Colegio Peninsular Rogers Hall. Entre sus publicaciones se encuentra los libros “Llévanos en tu zabucán” y “En cuatro tonos de Rosado”. Ha participado también en publicaciones como el libro “Mujeres en tierras mayas” coordinado por Georgina Rosado y Celia Rosado Avilés y es frecuente colaboradora en diversos medios de comunicación impresos.

Un Comentario

  1. Felicidades Laura por la investigación de esta mujer Carmen nos llevas durante tu relatoría a un mundo de transformaciones con una presentación precisa de la narrativa que te lleva a diferentes ánimos y pensamientos del momento , invitándome a conocer más de tan polémico personaje. Gracias nl

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