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La nota roja del siglo XIX

La prensa del siglo XIX significó para la población yucateca, la ventana al mundo, el medio más efectivo y veraz para enterarse y conocer qué cosas estaban sucediendo en el mundo y en el medio propio. El periódico fue el mecanismo por medio del cual las autoridades daban a conocer a la sociedad del estado que guardaba Mérida-en este caso- así como de las medidas instrumentadas para lograr la armonía entre los conciudadanos.

Por medio de la prensa no solamente se podía uno enterarse de qué pasaba n la política, en la economía y en el mundo de las curiosidades, sin que también, se daba a conocer de una manera muy extensa-en algunos casos- de aquellos sucesos que rompían con la normatividad y con el orden establecido por el Gobierno. En este caso no se trataban de notas sociales sino de lo que hoy en día se conoce con el nombre de la Nota Roja.

La Nota Roja fue la mejor forma de hacer pública las diversas faltas de conducta social de los yucatecos, así como el mecanismo utilizado para castigar éstas. Desde luego que la Nota Roja de aquel entonces es muy diferente a la que nosotros conocemos, ya que éstas no se encontraban en un lugar especial dentro del periódico y mucho menos estaban bajo los titulares de la policía.

En el período de tiempo analizado que va de los años de 1880 a 1900 en El Eco del Comercio , se pudo detectar una gran cantidad de hechos delictivos entre los que destaca las riñas y lesiones, los pleitos por celos, los ataques de animales, los atropellamientos, los suicidios, los homicidios, las muertes repentinas, las desgracias, los accidentes por arma blanca y las punzocortantes, los asaltos, los robos en casa habitación  bien en las iglesias, así como también de animales, las fugas de mujeres casadas, etc.

En esta ocasión haré referencia de los hechos que no son tan comunes y que resultan curiosas dentro del rubro de la Nota Roja, ya que por lo general no eran delitos que se cometieran a diario, pero que sin lugar a dudas llamaron mucho la atención en el momento de su publicación en El Eco del Comercio.

Una de las notas que se publicó en el periódico ya mencionado, hace referencia a un atentado físico que sufrió una autoridad de un pueblo- el Presidente Municipal-  el cual quiso intervenir por su investidura para calmar los ánimos de los rijosos. Hay que hacer notar que el edil, fue el que sufrió las consecuencias. La nota se publicó de la siguiente manera:

 SIN OREJAS

Y con una pierna quebrada, dejaron al presidente municipal de Mocochá, C. Francisco Bojórquez, unos individuos que tuvieron una riña en dicha población y á quienes quiso contener. Son informes de persona respetable.

(sábado 19 de junio de 1880,  Año I, Nüm. 45, p. 3).

Otra de las notas que era común encontrar en los periódicos y de manera recurrente en El Eco del Comercio, eran los relacionados con los suicidios- tema que de seguro interesaría mucho al Dr. Gaspar Baquedano López-, ya que en el mayor caso de las notas de este tipo, se hacía referencia a los antecedentes que habían conducido a la persona a llegar a esta determinación. En el caso particular e la nota que a continuación se transcribe, se hace notar que la vergüenza y la frustración de una persona pueden llevarlo a buscar y encontrar la muerte como un acto de desesperación.

SUICIDIO

En la ciudad de Valladolid, un joven de veinte años, llamado Máximo Remes fue invitado por unos amigos á ocupar la tribuna por las festividades del 15 de Mayo último. El joven accedió á sus deseos; pero no teniendo la costumbre de hablar en público, estuvo poco feliz en su improvisación y sufrió algunas burlas y chacotas de varios de sus oyentes. Al día siguiente de este suceso, reunió á los amigos que se habían burlado de él y después de manifestarles que le pesaba la vida por el fracaso que acababa de hacer, se disparó un tiro de pistola que le hirió en el pecho. Todos los esfuerzos que hicieron los médicos para salvarle la vida fueron inútiles y hace pocos días que descendió al sepulcro, después de tres meses de horribles sufrimientos.

Remes era un joven pundoroso y de una imaginación ardiente, como harto lo prueba el suceso que acabamos de referir y con toda nuestra alma  deploramos que haya privado á la sociedad de una existencia, que probablemente hubiera sido muy útil en el porvenir.

(martes 10 de agosto de 1880, Año I, Núm. 60 p. 3)

El abandono de la casa por alguno de los conyugues no era común que se llevara a cabo en nuestro medio, y de ser así siempre era el hombre quien salía de su hogar por tener otra relación amorosa. Pero cuando esto acontecía, la noticia solamente era transmitida vía oral entre los familiares primero y luego ésta ya se hacía pública. En el caso que nos ocupa, se trata de un caso particular, ya que si bien es cierto algunas mujeres tenían alguna relación fuera del matrimonio, ésta se trataba siempre de ocultar, pero cuando el amor ya era demasiado para contener alejado a la persona amada, la mujer tomaba la decisión de abandonar el hogar.

En esta nota se puede notar que el marido ofendido no solamente recurre a la prensa y a la autoridad para tratar de encontrar a su mujer, sino que también hace referencia a los artículos que la ley le brinda para proteger a su familia y así castigar de manera legal al responsable de esta fuga. Desde luego que a su lado estaba el Licenciado que trabajaba en su caso. La nota es la siguiente:

Fuga de una mujer casada

Hace 8  meses que desapareció de nuestro hogar con otro hombre, mi esposa Severiana Cetz, llevándose á nuestro único hijo Ricardo May y Cetz, de edad de cinco años.

Esta mi esposa es de cuerpo grueso, trigueña, como de 20 años de edad, natural de la villa de Temax y vecina de la hacienda San Francisco, situada en el municipio de Dzidzantún, del partido de Temax. Sus padres son Tranquilino Cetz y Cayetana Pacheco, ya finados.

Ejercito los derechos que me reconocen los artículos 199 y 204 del Código Civil y contra el autor, cómplices y encubridores del delito que se consuma, procederé conforme al capítulo 6º, título 2º del libro 1º del Código Penal.

Se reciben informes en la casa del Sr. Lic. D. Avelino Manzanilla, quien gratificará con $25 al que de noticia de la referida mi esposa y mi hijo ó sea ocasión de que se de con ellos.

El Juez de lo Criminal, D. José Segundo Gómez Cabral, conoce del proceso que he levantado  contra la referida mi esposa, de suerte que tratándose de un delito, la policía está expedita para aprehender á la culpable y sus encubridores. EVARISTO MAY.

(martes 27 de octubre de 1891, Año XII, Núm. 1230  p. 1).

Los delitos cometidos por mujeres en un arranque de celos , también ocuparon muchas líneas en el periódico que nos sirve para realizar este análisis. O bien la persona se mataba o realizaba algunos actos que de alguna manera rompían el orden social y la convivencia pacífica de los yucatecos. En algunos casos y cuado la manera de demostrar los celos iba más allá de nuestras costumbres y tradiciones- en lo que se refiere a vigilar al marido- se hacía referencia del lugar de procedencia o bien se aclaraba que no era yucateca la mujer que había cometido determinada falta social. Tal y como se observa en la siguiente:

SIEMPRE LOS CELOS

Antenoche capturó la policía á una señora que vestida de hombre dio varias vueltas en la última avenida del jardín de la plaza. Interrogada en el vivac, dijo que los celos la habían impulsado á cambiar de traje, porque tenía la convicción de que su esposo le era infiel y quería sorprenderlo. Inmediatamente fue conducida al Hospital “O´Horán” en donde se encuentra purgando su ligera y celosa determinación.

Hacemos constar que tan apreciable dama no es yucateca.

 (jueves 7 de julio de 1898, Año XIX, Núm. 2064 , p. 2).

Pues bien mis caros y caras lectoras, para finalizar esta Nota Roja, haré referencia a un robo muy original, el de un gallo.  El robo fue uno de los delitos a que la población yucateca varonil era propensa a cometer. Los sitios preferidos por los cacos eran las casas habitación, los establecimientos comerciales o bien las iglesias, cuyos objetos extraídos de estos sitios eran vendidos de manera inmediata. Esto era común, pero cuando se robaban algún animal y se publicaba esto resultaba no sol fuera de lo común sino que también curioso. En la nota que a continuación se reproduce, se hace mención del robo que se cometió y el animal robado, un gallo. Desde luego que no era un galo cualquiera, sino de uno fino, y suponemos que era de pelea. La nota es la siguiente.

POR UN GALLO

No se vayan á figurar ustedes que se trata de correr un gallo (vulgo tuna ) no; se trata del robo de un gallo fino, cometido por Manuel y Marcelino Noh, padre é hijo, según un colega local.

Estos individuos por lo visto son gentes de plumas y hay que tener mucho cuidado con ellos, porque se levantan temprano, y no preguntan nunca que hora es.

Que lo diga D. Manuel Valdez, dueño del último gallo robado.

(jueves 10 de marzo de 1898, Año XIX, Núm. 2012 , p. 2).

Un Comentario

  1. Si, el mundo totalmente distinto al que vivimos actualmente. Yo revisé los periódicos, junto con la Revista de Mérida, de siete a 11 de la noche, todos los días, que me permitieron escribir mis dos libros “Historia del Beisbol en Yucatán y Campeche de 1892 a 1905”, en esta información no existían en esos tiempos, ni sección y menos página deportiva, era revisar desde la primera hasta la última página, columna por columna. Y en la Habana, en la Biblioteca Nacional José Martí, lo sufrí. Felicitaciones por dar a conocer esas diferencias.

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