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¿Víctima o asesina?
Hubo una vez una reina que mató por dignidad: Miss México 1928

En el año de 1928 fue elegida, después de un publicitado concurso nacional llamado Belleza y Pulcritud”, la primera señorita que representaría a México en un evento internacional en Galveston, Texas. Aunque en realidad ya desde el año anterior había asistido una mexicana, era la primera vez que se elegía a una joven a través de una convocatoria nacional.

Las mujeres jóvenes de la época post revolucionaria, que les tocó nacer o crecer en los años veinte, tenían que lidiar con una sociedad que conservaba cerrados prejuicios sobre su papel. Esas mujeres que empezaban a salir a trabajar fuera del hogar, comenzaron a quitarse los rígidos corsés y a usar suaves vestidos un poco más cortos, se soltaron los “chongos”, los aparatosos peinados, se cortaron el cabello a la bob, se maquillaron y avanzaron en el camino de ser consideradas ciudadanas. Sin embargo, todavía su relación con los hombres estaba muy lejos de ser igualitaria y la mayoría tenía un historial de maltratos, abusos, violencia y una gran dependencia hacia el sexo masculino.

A fin de promover la imagen femenina imperante en esos años, el periódico Excélsior se dio a la tarea de organizar diversos concursos, siendo uno de los más populares el del 10 de mayo, día de las madres (homenaje que se instituyó en 1922), en el cual se premiaba a: “La madre más joven, más prolífica y la de mayor edad”. Como ejemplo del absurdo son las ganadoras del año 1935, la vencedora como la más joven era una adolescente quien a los 14 años tenía un tercer embarazo, siendo el primero a los 11 años y la triunfadora a la más prolífica tenía 20 hijos vivos a los 46 años de edad.

Sin duda, uno de los certámenes que causo mayor expectación e interés fue el de Belleza y Pulcritud” del cual el grupo Excélsior obtuvo mayores beneficios, ya que se les dio a los lectores la oportunidad de participar con su voto a través de la obtención de unos cupones que venían en el diario y sus revistas. Se inscribieron  aproximadamente unas 25 jóvenes de diferentes estados de la república, en el caso de Yucatán se apuntó Mercedes Ortega, que llegó a ser una de las finalistas y a quien el reportero del Excélsior gustaba presentar como Merceditas, una monería yucateca de cuerpo sano, sanísimo…

El diario preparó diversas entrevistas a los candidatos (en esos años se usaba el término en masculino, ya que no se aceptaba la acepción femenina), en donde se trataron de compaginar algunos conceptos de modernidad como la práctica de algún deporte, con las tradicionales preguntas sobre sus conocimientos en la cocina, la costura, la pintura o la música, que aun se consideraban actividades “propias de su sexo”.

La señorita María Teresa de Landa y de los Ríos, fue desde el principio considerada una de las favoritas, ya que era una mujer atípica para su época en muchos sentidos, era preparada y culta, gran lectora e incluso estaba estudiando en la escuela odontológica, segura de sí misma derrochaba carácter y fortaleza y de acuerdo con las crónicas nadie podía escapar a su poder hipnótico. El diario publicó sobre su aspecto físico lo siguiente: linda morena de ojos árabes, de ser designada Señorita México 1928, causaría en Galveston un verdadero alboroto… A diferencia de la mayoría de las respuestas de las entrevistadas, quienes tímidamente decían que no creían ser merecedoras de ganar, María Teresa contestaba pronto y sin titubeos, demostrando ser muy ágil de pensamiento, llegándose a publicar: está dispuesta a vencer en el gran torneo de la Señorita México.

Imagen de la portada del libro María Teresa Landa: Una Miss que no vio el Universo de Rebeca Monroy Nasr, publicado en 2018 por el INAH, dentro de su Colección Historia Serie Logos.

Tal como presagió María Teresa fue elegida el 19 de mayo en un evento que llenó de público la “Alberca Esther” de la ciudad de México y que enloqueció cuando le pusieron la banda de “Miss México 1928”. Al día siguiente de su triunfo, las céntricas calles de la ciudad se colmaron de gente que la ovacionó al verla pasar en su recorrido en un carro descapotable, camino a un banquete al hotel Regis. Por supuesto, fue recibida por las autoridades del Excélsior quienes le entregaron diversos premios y regalos.

A los pocos días se trasladó con su madre a Galveston donde, aunque no triunfó, sí causó interés y recibió varias ofertas de trabajo en Hollywood como actriz, las cuales rechazó ya que como, se supo a su regreso, se había comprometido durante los días previos al concurso con el general Moisés Vidal, un hombre veinte años mayor que ella, ya que tenía 38 años y María Teresa, 18. Después de un rápido noviazgo, el militar veracruzano la convenció que se casaran por lo civil en forma clandestina, ella era menor de edad ya que en esos años la mayoría era a los 21 y a sus padres no les agradaba su formación castrense.

María Teresa estaba muy enamorada y accedió a sus deseos, su prometido la recogió en su colegio y presentando a testigos falsos que él llevó, se casaron el 24 de septiembre en el mismo año de su triunfo. Días después se confesó ante sus enojados padres quienes los obligaron a casarse en una sencilla ceremonia religiosa. El Excélsior informó el enlace de su reina favorita.

No habían cumplido un año de casados cuando después de felices meses de convivencia, de acuerdo con las declaraciones de María Teresa, en donde su protector y celoso marido no la dejaba ni a “sol ni sombra” e incluso le prohibía leer los periódicos, cuando su vida dio un vuelco. La sonriente, alegre y segura Miss México, se sumió en una gran angustia, humillación y dolor cuando una mañana de domingo en agosto de 1929, al despertar en casa de sus padres donde estaba viviendo momentáneamente la pareja, puso sus ojos en un diario que su marido no se percató que dejo en un mesa y ella, curiosa y lectora como era, decidió revisar. Cuál sería su sorpresa al descubrir una nota sobre la demanda por bígamo al general Moisés Vidal por su esposa María Teresa Herejón con la que tenía dos hijas. Por supuesto, el diario la mencionaba diciendo: La Sra. María Teresa de Landa de Vidal resulta víctima de un general. Acusan de bigamia al esposo de “Mis México”.

No sólo el periódico fue el único descuido del general, ya que también dejó su inseparable pistola Smith and Wesson asentada junto al diario y María Teresa tomándola, se dirigió a la sala donde se encontraba su marido, lista para reclamarle y quitarse la vida, según declaró, pero al ver que Vidal se disponía a desarmarla, descargó todas las balas sobre él. La muerte fue casi instantánea y ella corrió a abrazar a su amado marido y así, hecha un mar de llanto la encontraron sus padres y hermanos quienes dieron aviso a la policía.

Tomada de la mediateca del INAH

La auto viuda o uxoricida como se les llamaba en esa época, fue recluida en la cárcel de Belén mientras iniciaba uno de los juicios más sonados de la década. Una muy delgada y cabizbaja María Teresa se presentó ante un jurado popular vestida elegantemente toda de negro, con un público que llenó la sala y donde dominaba la presencia de mujeres de todas las clases sociales. Quien no logró asiento siguió los pormenores, como si de una novela se tratara, a través de la radio.

El fiscal intentó presentarla como una mujer frívola y coqueta y con un discurso sobre lo que eran según su criterio, las mujeres “buenas” y las “perversas”, poniendo énfasis en su participación en el concurso de Belleza y Pulcritud y resaltando el uso de trajes de baño que no eran comunes entre las mujeres mexicanas. María Teresa de Landa contó con un buen abogado que le proporcionó el diario Excélsior, además de defenderla en sus páginas a diferencia de otros como el Nacional o el Universal, quien apeló a la “defensa de su honor” mancillado por un esposo traidor. Sin embargo, lo que más impresionó a la audiencia fue la propia defensa que hizo de sí misma la señora Landa de Vidal, ya que en varias ocasiones puso en entredicho al fiscal, por lo que la auto viuda se convirtió en una especie de heroína en el ámbito del feminismo.

Triunfó María Teresa en el último juicio popular que se realizó en México y cuando se declaró que quedaba libre, la multitud aplaudió frenéticamente. Fiel a su personalidad, vivió una vida discreta dedicada al estudio y al magisterio, en 1935 obtuvo el título de bachiller, en 1937 el de Maestra en letra de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México y en 1947 obtuvo un doctorado en letras con Cum Laude.

* Basado en el libro de Rebeca Monroy Nasr: “María Teresa de Landa. Una Miss que no vio el Universo”. INAH, 2018.

Laura Elena Rosado Rosado | Mexicanas por Descubrir

Originaria de Mérida, Yucatán es egresada de la Licenciatura en contaduría pública por la UADY y Máster en Grandes Religiones por la Universidad Anáhuac. Entre los cursos y diplomados que ha cursado se encuentran el Diplomado en cultura religiosa, historia, arte y religión en el área maya impartido por el CIESAS y la UNAM y el Diplomado en historia del arte universal por la Universidad Modelo. Es además, estudiosa sobre la historia de Yucatán con diversos cursos en el Centro Cultural Prohispen y el Colegio Peninsular Rogers Hall. Entre sus publicaciones se encuentra los libros “Llévanos en tu zabucán” y “En cuatro tonos de Rosado”. Ha participado también en publicaciones como el libro “Mujeres en tierras mayas” coordinado por Georgina Rosado y Celia Rosado Avilés y es frecuente colaboradora en diversos medios de comunicación impresos.

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