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Jaloneos en campaña

A falta de mítines debido a la pandemia, a las campañas políticas le sobran motines a bordo, en realidad, son jaloneos propios de la ocasión, porque en todos los frentes se están cocinando muchas traiciones.

Para empezar, hace un par de días Liborio Vidal, del PAN, y Alpha Tavera, de Morena, candidato y candidata a la diputación por el Distrito I Federal, con sede en Valladolid, sufrieron un primer descalabro. Representantes de las comunidades mayas presentaron una denuncia ante el INE para impugnar dichas candidaturas… ¿De qué se les acusa?… De usurpar identidades mayas, pues ni uno ni la otra cubren los requisitos que estas posiciones exigen por ley para las etnias.

Ni Libo ni Alpha tienen origen maya ni son mayahablantes. Lo peor del caso es que ya se supo que quién está detrás de ese jaloneo, en condición de asesor jurídico, es Dafne López, quien a su vez le rinde cuentas al exgobernador Rolando Zapata Bello (extitular del Patronato Cultur), cuyo resentimiento contra su examigo Libo está saliendo a flote.

No nos vayamos lejos: Zapata Bello está soltando muchísimos recursos para alimentar las campañas de sus delfines, en tanto que, desde Movimiento Ciudadano, la exgobernadora Ivonne Ortega Pacheco hace lo propio con sus correligionarios como Jorge Canul Rubio, también en proceso de ser impugnado por otra agrupación maya.

Sin embargo, la tormenta política todavía está comenzando y eso ha provocado que la gente también comience a jalonearse, por ejemplo, en el cuartel del candidato priista a la alcaldía de Mérida, Jorge Carlos Ramírez Marín, donde sus colaboradores y simpatizantes ya se sienten incómodos, puesto que, como se sabe, el popular “Gordo” suele ser un maestro de las promesas incumplidas; el tiempo pasa y la gente ve que ni de chiste se cumplirán muchas de las cosas que Ramírez Marín les prometió.

Para terminar de amolarla, a esto hay que sumar que Ramírez Marín ha incluido en su planilla de regidores a Alberto Jiménez Bobadilla, presunto descendiente del otrora conciencia priista, Julio Bobadilla, y contralor del CEN del PRI; el caso aquí es que Jiménez Bobadilla ni siquiera vive en Mérida. Falta lo peor: nadie se explica qué hace ahí, en plena campaña del candidato a la alcaldía de Mérida, Mario Alejandro Cuevas Mena, exlíder perredista y que hoy se puso a practicar el chapulineo porque está de moda.

Una crisis se avecina, claro, si a todo esto le sumamos que el sempiterno aspirante, Jorge Alberto Rojas, parece que volverá a quedarse con las ganas de ser regidor; de nueva cuenta le vendieron humo, jugaron con sus esperanzas y lo dejaron precisamente en un puesto en el cual no resultará con cargo. No tendrá ninguna oportunidad. Chequen la lista.

No es todo, falta la cereza del pastel: la herencia de los dinosaurios continúa, pues ahora Cid Rodrigo Aguilar y Castellanos, hijo del conocido notario y (gran jugador político) Jorge Aguilar Aguilar, “Chochi”, también figura en esa planilla estelar de Ramírez Marín.

Lo que pasa es que la política yucateca exige memoria corta. Ya casi nadie se acuerda cuando, hace unos cuatro años más o menos, miembros de la camarilla presidida por el “Chochi” persiguieron al Gordo Ramírez Marín para golpearlo al término de un juego de los Leones de Yucatán, pero hoy ya se limaron asperezas. 

Lo mejor es acordarse del olvido y ponerlo en práctica. En este contexto, mañana, al filo de las 7:30 am, arranca la campaña de Ramírez Marín con un desayuno santanero, como le gusta. Ahí lo tienen: mitin y motín al mismo tiempo.

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