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Aquellas idas al super con mamá

Los recuerdos hay que aprovecharlos antes que algo pase y nos quedemos como una tabla rasa, y seamos solamente acreedores de lo vivido en un momento de nuestra existencia. Hay espacios en nuestra vida que nos permiten conocer y guardar en alguna parte de nuestros recuerdos aquellos pasaje que en su momento fueron solo días y acciones que se sucedían sin alguna importancia pero con el paso de los años, nos sirven para revivir y volver a tener esos momentos que ahora son parte de nuestras vivencia y que sirven para dar a conocer a las nuevas generaciones aquello que ocurría y era importante hace algunos años.

No cabe la menor duda que el tiempo pasa y cuando nos damos cuenta ya son varias las décadas que nos alejan de aquellas aventuras que teníamos cuando niños y que nos permitían el acceder a un mundo desconocido al que solo en alguna quincena, día de pago de mi mamá podíamos acudir. Siempre se espera esa fecha a cualquier edad.

El ir al centro de la ciudad, o sea la Plaza Grande por las tardes era una aventura ya que siempre teníamos alguno que otro regalito que mi mamá me daba, es posible que fuera por insistencia o como premio por alguna buena calificación y cuando teníamos que abordar otro camión, los blancos(de la Unión de Camioneros de Yucatán) sabía que iríamos a ir al súper que se ubicaba en la colonia Alemán, además de ir a visitar a una amiga de la mamá del de la letra,  la Profra, Alma Castellanos de Campos (+).

Hablar de ir al súper, en estos años, hay que mencionar que había pocos en toda la ciudad y casi siempre estaban en los principales suburbios o bien en las colonias de alta plusvalía en de nuestra ciudad. El recuerdo de la presente, nos remota a los años setenta cuando estaba de moda Súper Komesa, aunque hay que destacar que habían otros super pequeño denominado Casa Rosales allá  enfrente de la Iglesia de Santa Ana, hace poco dejó de prestar servicios. . También había la posibilidad de ir al mercado grande ya que en sus cercanías estaban otras tiendas bien surtidas como Casa Espinosa, Casa Barbosa y Manzano. No hay que olvidar a Súper Bonanza. Seguramente mis caros y caras lectoras recordar

El poder ir al súper daba status, ya que no todas las perdonas podían acudir a alguno de ellos por el gasto que representaba. Es por eso que no importaba ir en camión -ya que no era común tener coche-  ya que al regresar y llegar a la casa con nuestras grandes bolsas de papel de estraza llenos de víveres era algo que hacía importantes a la persona que las cargaba, en este caso al de la letra. Se compraban muchas cosas, y muchas no eran necesarias.

Posterior a la visita con la Maestra Alma Castellanos de Campos (dep), nos encaminábamos-estaba cerca de su casa- al súper, y entrábamos, en la puerta había un torniquete que nos permitía el acceso. Ingresar al super proporcionaba una experiencia un mundo nuevo y bonito, además de sentir el aire acondicionado,  podía ver una cantidad grande de productos enlatados como los cocteles de frutas, patés, largas filas de cereales, gelatinas de muchos sabores y marcas. La comida enlatada no había tanto como ahora, pero recuerdo un producto que hizo innovadora la cocina de aquellos años, me refiero al Frijol al Minuto. También había mayonesa, mostazas, café Oro y Nescafé, no tanta variedad como ahora, aceites para cocina, pero  lo importante era que todos los productos antes mencionados eran en envases de cristal. El de la letra recuerda muy bien las promociones del café Oro y Nescafé que consistían en que los recipientes de medio y un kilo eran de cristal cortado que podía ser utilizado como licoreras y los pequeños como vasos. Esas eran buenas épocas y buenas promociones.

El de la tinta recuerda que iba en pos de una golosina-que era más que eso- que podía ser de variedades, por ejemplo los clásicos Corn Flakes, que traían en su interior alguna figura coleccionable, luego íbamos por otras cosas, las gelatinas (Jello-o y Pronto), que era de una o dos marcas, también traían consigo alguna que otra figura. Recuerdo muy bien que dentro de cada cajita de las primeras traían figuras de Walt Disney para armas. Es posible que compráramos pocas cosas, pero lo importante era que llegábamos a la casa, cargados con bolsas de papel, en donde sobresalía la caja de cereales, y demás artículos para el hogar. Se terminaba la aventura y había que esperar que en otra quincena se realizara de nueva cuenta este periplo que me traen recuerdos gratos.

Los niños de mi generación (del de la letra) se acordarán que en aquellos años no había en la ciudad la gran variedad y diversidad de súpers como los hay ahora, es más, los que había-y eran pocos- y la mayoría de los de aquella época ya no existen. Se ubicaban en algún punto estratégico de la ciudad y se acudía llenos de emoción

Si bien es cierto, el cronista, recuerda que había en el centro de la ciudad algunas tiendas en donde se podía surtir la alacena y también los habían cerca de la casa del de la letra. Se puede mencionar aquella tienda que hacía el papel de carnicería también y en donde se expendían carnes frías, estaba ubicada en la calle 42 con 69 y 67  y se le conocía como la Tienda del Indio. Allá estaban los jamones, el queso Daysi en rodaja, la mortadela roja, colgada de un gancho y con sus pimientas en todo el embutido, el chile jalapeño en su gran lata y demás productos.

También figuraban como aquellos lugares en donde se podía encontrar otras mercancías un poco mejor ya sea de calidad y de variedad que las que se podían conseguir en la tienda de don Milo, “El Cocoyol”, El Río Hondo de don Eustaquio, La Teresita, El Sufragio de la familia Sélem, donde además de variedad de regalos y dulces, se vendían paletas y bolis.

Cabe mencionar a mis caros y caras lectoras, que en aquellos años de la niñez, del que lo cuenta, allá por los años sesenta, algunas frutas llamadas de época navideña, la manzana, nueces, peras y uvas solamente se podían conseguir en los meses de noviembre a enero. No como ocurre ahora que todo el año están en la sección de frutas de los súpers de la ciudad.

Hoy en día y a pesar de los años que se carga el de la letra, siempre resulta una aventura el ir al súper, ahora los hay de variados status sociales, desde los populares hasta aquellos que se consideran de categoría y al cual acuden personas de alta situación económica. Están en el norte en el mayor de los casos.

Los súpers hoy día se yerguen como un ancla de las demás tiendas que conforman el hoy llamado mall o plaza comercial, que las hay en todo lo largo y ancho de nuestra ciudad. Unos normales y otros ubicados en espacios de alta plusvalía con mejores artículos y más precio.

En estos sitios hemos aprendido a abrevar la cultura de otros lugares, ya que lo que se puede encontrar en esos lugares, provienen de diversas partes del mundo, podemos acceder a los colores, sabores y olores del mundo entero. Es una visita alrededor del mundo.

Ir hoy día a los grandes malls o plazas, en donde la tienda ancla son los grandes supermercados, nos proporciona solaz esparcimiento, ya que además de ir por la compra, es el momento adecuado para pasearse por las otras tiendas, tomar un café o tomar un helado o comprar alguno de los libros que están en la lista de los best sellers.

Es por eso que aquellas las visitas al súper traen muchos recuerdos al que escribe, y ahora es ya algo tan común como silvestre acudir a esos lugares y no hay que esperar como antaño, el día de quincena para ir a visitarlos. Recuerdos gratos que llegan a mi memoria. ¿Y ustedes mis caros y caras lectoras recuerdan a cuáles acudían?

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