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La dimensión de la mentira en los medios televisivos

Rosy es una señora harto chambeadora. De esas que han probado a vender en la tiendita, que han puesto una carnicería, vendido cosméticos por pedidos y algunas cosas más. De esa manera, ha levantado a su familia y darles una sagrada profesión a sus hijos.

Hoy día, tiene y atiende una cocina económica, “aunque sea muy matado, maestro. Hay que darle duro y dejar de hacer muchas cosas”, nos comenta.

Ella tiene madurez en todo, pues trata con variadas personas “y de cada una de ellas aprendo mucho. Todos tienen algo para enseñar”. Así es Rosy.

En esta última actividad ha tenido un éxito inesperado y se lo merece, porque cocina muy bien y da una buena porción de comida. “Alcanza hasta para la tarde”, dicen algunas de sus clientas.

De buenas a primeras, dejé de verla hasta que, hoy al ir a buscar mis frijoles kabax y huevos con chaya, me la encontré nuevamente en su sitio. Yendo y viniendo, atendiendo a quienes le surten refrescos y otras mercancías, a los que traen sus ollas y trastes para la comida, a los que pagan y esperan su cambio.

¿Rosy, dónde andabas?, le pregunté. Me fui quince días a México, me respondió. Mi primer pensamiento se dirigió a la pandemia y al Corona-Virus. Eso fue así, porque ella es una señora mayor. ¿Fuiste a pasear? Atrás de su mostrador me cuenta que tiene un hijo psicólogo en la ciudad mayor del país y que tenía muchas ganas de verlo, después de todo este tiempo de cuarentena. ¿Como está la cosa? ¿A qué se refiere? A la pandemia. A los muertitos y a las prohibiciones para salir y pasear. ¡Nada que ver, maestro! Nosotros fuimos a Chapultepec, salimos a comer, a cenar, anduvimos por distintos lugares como si nada. Con algunos cuidados, eso sí. Viera usted que eso le decía yo a mi hijo. Oye, las noticias que nos pasan allá, no tienen nada que ver con lo que aquí veo. Uno se imagina que la gente está muerta en la calle, que no te puedes mover, ni hacer nada.

¿Qué, tal, Rosy? De verdad que hay que ver para creer. Es increíble cómo nos dan imágenes, notas y opiniones totalmente distintas a la realidad. Es una maldad eso maestro, porque asustan a uno y no se puede uno mover. Y así quieren que se reactive la economía.

A mi me enseñaron en casa que no hay que desearle mal a nadie. No sé cómo vaya el rating de Ciro Gómez Leyva (la ratita ladina), de Carlos Loret de Mola (la cara de tlacuache hablador) y otros locutores de televisión que se han dedicado a darnos una información tergiversada de la realidad nacional, pero se merecen que los vean solamente sus correligionarios, esos adeptos a la infamia, para conseguir mantenerse en el oropel de su realidad.

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