EntérateOpiniones

Los niños marcados por la frontera

Fui niño. Igual que todos los seres humanos y que los que hoy son llamados “niños marcados por la frontera”, y por ello mismo me duele; aunque no dejo de ver que recorren ese tortuoso camino motivados por sus padres, deseosos de integrarse al sueño americano y por ello mismo, me parece detectar cierta dosis de explotación sentimental por parte de sus progenitores.

Cargados, en los brazos de sus madres, miran de manera auscultadora una nueva realidad impuesta por los adultos, deseosos de salir de su condición de miserables. Me pica por debajo de mis parpados sus miradas provenientes de ojos muy abiertos, de un brillo extraviado, aunque algunas delatan el sentido fabricado de ellas. “Mire m’ ijo, cuando usted vea que le van a tomar una foto, ponga la carita así… ¿Me entiende, m’ijo?”.

Se difunde en redes sociales y medios de comunicación que la miseria golpea tan fuerte a los padres de esos niños, que prefieren poner en riesgo la vida de esos infantes, que seguir viviendo precariamente en su tierra de origen.

El asunto varía y se convierte en otro tema cuando atraviesan la frontera de su país y pisan nuestras tierras. Entonces las acusaciones se hacen mayúsculas dirigiéndolas exclusivamente a nuestras autoridades, civiles y militares. Y viene el pretexto para acusar de militarización de nuestras fronteras y la patria entera. Interesante resultaría que, de la profundidad de los analistas o los comunicadores, surgieran también propuestas de cómo evitar o detener las situaciones de inhumanidad que provocan las caravanas de migrantes salvadoreños y hondureños, hacia las fronteras de nuestro país con Estados Unidos. Somos un camino insalvable. Y quizá el menos riesgoso y más barato.

En este último contexto, las voces de las televisoras aprovechan para echar lodo a las funciones del actual mandatario mexicano. Y se soslaya hasta decir los nombres de verdaderos responsables de esa situación, que serían los presidentes de Honduras y El Salvador. Así pues, se crítica a la consecuencia, pero no se lo hace igual con la causa. En esa perspectiva, Hayib Bulek y Juan Orlando Hernández, presidentes de El Salvador y Honduras, respectivamente, dejan de ser acusados de ser señalados como los verdaderos responsables de la apremiante situación de esos seres humanos.

De hecho, a Hayib Bulek y a José Orlando Hernández, se les quita un problema encima, al no exhibir nuestros periodistas la irresponsabilidad que les asiste a ambos gobernantes centroamericanos.

Los analistas, los especialistas en esos temas, las agrupaciones humanitarias y quienes se dedican a solicitar apoyos a esos migrantes, deberían hacer una sola voz y lanzarla al lugar donde se ubica el origen de este asunto. Y llevar esa voz con ideas y propuestas de cómo ayudar a resolver el problema de la miseria en ambos países.

Puedo parecer malvado, pero mi capacidad de observación me obliga a decir las cosas tal como las veo. Esos niños van con mochilas y maletas con ruedas, tenis, ropa sport y no lucen desnutridos. Mi sentido de la miseria es la falta de alimentos y su consecuente desnutrición, el andar descalzo con los dedos de los pies separados de tanto hacerlo sobre sus plantas, la mugritud y los rostros ensombrecidos.

Finalmente, si yo hablara de la condición física y la imagen externa de los padres de esos niños, tendrían que hacer otro texto sobre ellos.

Es la segunda ocasión que expongo que los especialistas de toda la tierra, los poderosos del primer mundo, dedicados a implementar ideas maravillosas para deponer gobiernos, deberían aportar ideas para exigir a esos gobiernos que afronten su responsabilidad y den solución a las causas que obligan a los migrantes a vivir situaciones extremas.

Deja un comentario

Volver arriba botón
error: Este contenido está protegido. Gracias.