EntérateMunicipiosYucatán

Un héroe acaba de llegar al cielo: el legado de Panchito

Francisco Cetina Medina, nuestro querido amigo Pancho.

Por: Alejandra María Menéndez Cámara

“Ale, se nos fue… Ya se fue Pancho”. La noticia me sobrecogió y solamente quise saber si todo había sido en paz. En realidad, durante todo el sábado de gloria yo había estado sintiendo a Pancho, a nuestro querido Francisco Cetina Medina, siempre en mi corazón, siempre con Dios, a quien también le pedí que lo consolara en su durísima agonía. Como hemos dicho en este espacio, la vida de nuestro querido hermano sufrió un cambio radical desde 2019 cuando debió enfrentarse a la implacable fibrosis pulmonar.

La mañana de ayer, sin embargo, Gasparita, su esposa, me marcó desde el celular de él. Presentí que era para anunciarme lo que todavía no estaba lista para escuchar. Quince minutos después me volvió a llamar y, entre sollozos, me dio la triste noticia. Le dije que pronto estaríamos allá, en Tekit, con todos ellos.

Presta y diligente avisé a mi hermana Mónica. Mi mamá dijo “yo voy”. Mi madre, como todos cariñosamente la llaman, ha sido nuestro faro de luz. Ella tiene 88 años y nos ha enseñado, desde que tengo uso de razón, a estar junto al hermano que sufre, sea de donde sea y sin juzgar.

Así que nos fuimos mi hermana Mónica, mi mamá, mi marido y yo, vestidos de fiesta por la Pascua de Resurrección, nuestra fiesta más importante.  Durante el trayecto íbamos nerviosos, sintiendo nuestros corazones con sentimientos encontrados: agradecidos por la vida tan maravillosa de Pancho y a la vez sumamente nostálgicos por el vacío que deja.

Llegamos y cual fue nuestra sorpresa al descubrir un cuarto lleno de flores, precioso. Dentro de su ataúd, Pancho parecía dormido, acompañado por la cruz de su cuarto a la altura media y la Virgen de Guadalupe en el extremo superior izquierdo.

Gasparita nos recibió. Nosotros nos abrazamos a la madre de Pancho y a ella le fluyó el llanto; el abrazo y el sentimiento más cálido estuvo presente para tocar hasta lo más hondo de nuestros corazones. Quise asentar mi rosario sobre el ataúd para que estuviera cerca de Pancho, pues él me lo regaló: es un rosario muy especial para mí.

Estuvimos cantando y rezando entre lágrimas, consolándonos unos a otros. Cuando terminamos de hacer oración, quise ir preguntándole a su familia (ocho hermanos, mamá e hija) el legado que les dejaba Pancho en sus vidas. Ahora quiero compartirlo con ustedes en homenaje a quien, orgullosamente puedo decir, fue mi amigo y del cual siempre he sentido un orgullo muy particular. Además, como yucatecos, debemos sentirlo también, pues Pancho fue un verdadero ciudadano de diez.

La familia de Pancho son seis varones y cuatro mujeres, hijos de Don Ramón Cetina Novelo y de doña Felícita Medina. Fue ella, por cierto, quien me platicó entre sollozos que Pancho había sido su hijo más alegre.

 “Ha sido quién más me visitaba y es quién antes de ir a trabajar pasaba a verme, a que lo bendijera. Siempre estaba pendiente de mí, preguntándome por sus hermanitas: María del Pilar y María del Carmen. Desde chico fue un niño muy cercano a mí”, me dijo la señora. Ella estaba verdaderamente desconsolada: sus hijos se abrazaban. Ha sido una experiencia de vida muy profunda, llena de amor, solidaridad; no cabe duda de que el dolor compartido se hace menos.

También fue muy lindo ver cómo todos los que iban llegando, llevaban flores, y dejaban una ofrenda económica para cooperar con los gastos; todo eso lo iban metiéndolo en una latita. Esto es una costumbre de la comunidad. Regularmente, cuando alguien muere, la gente se apoya de esta forma maravillosa, además de toda la parte espiritual y moral.

María Luisa, nueve años mayor que Pancho, no concebía salir sin sacarlo con ella en brazos para pasearlo. Cuando Pancho creció lo consideraba un hermano ejemplar, cariñoso, respetuoso y aunque era menor, ella lo sentía como el grande, alguien a quién seguir.

José, el hermano segundo de Pancho, dijo que este era un ejemplo en la perseverancia de la Fe. Pancho siempre estaba aconsejando y pendiente de sus hermanos, orientándolos para hacer lo correcto. “Lo veíamos como alguien especial. Le gustaba ocuparse, ver que su comunidad tuviera una mejor vida, más tranquila. Si veía a los jóvenes drogarse, lejos de regañarlos, los aconsejaba y se los llevaba a su casa para hablarles y platicar con sus papás; cuando había reincidencia, entonces metía mano dura. Se portaba como el hermano mayor de todos y aunque nos cayera mal lo que nos fuera a decir, si él veía que era lo correcto, entonces lo decía”, dijo.

Cuando Pancho estaba ya en su hamaca y sentía la frustración de no poder proveer, yo le decía que se preocupara solo por salir adelante y que lo demás lo estaría viendo Dios, así fue hasta el día de hoy: a Pancho nunca le faltó el oxígeno. Gracias a la comunidad de bomberos que le mandaban oxígeno cada segundo día.

Y aprovecho este pequeño espacio agradecer desde mi corazón como hermana y amiga de Pancho todo lo que la comunidad ha hecho por nuestro querido hermano. Gracias.

Ismael, el tercer hermano de Pancho, demasiado conmovido, me habló de Pancho como un ejemplo de vida, dando consejos a sus hermanos, a fin de que nos portáramos bien. Ismael me platicó que veía a Pancho desde niño como alguien muy especial, distinto a los demás.  Cada año, para la fiesta del 21 de diciembre, nos daba consejos a todos sus hermanos.

Juan Ramón, el cuarto hermano, es quien dormía de niño en el tup de la hamaca con Pancho. Todavía siente en su corazón un vacío muy fuerte: se fue su compañero de vida, su todo, lo que se proponían juntos, lo realizaban; era su hermanito. Me platicó que al ver cuando eran muy jóvenes que su hermano Juan se iba a trabajar a Mérida, él también quiso ir con él y juntos estuvieron trabajando, junto con su hermana Imelda, que es la inmediata a Pancho.

Juan Ramón me platicó que Pancho aspiraba a ser presidente municipal, con la ilusión de mostrar al pueblo cómo es un gobierno bueno, preocupado por el más necesitado; tenía la intención de ayudar a los más necesitados, cuidar de los enfermos y, si era necesario dar su sueldo, así lo haría. A Pancho lo llenaba de gozo compartir el pan, aunque implicara no tener para él. Le gustaba velar por la familia, que nadie se echara a perder, que todos anduviéramos por el buen camino y que su familia estuviera unida siempre.

Pancho es el quinto hermano y como el refrán dice “no hay quinto malo”.

Luego viene Imelda, la sexta. Ella me platicó que Pancho la llamaba “Jovita”. En la Iglesia, a la hora de cantar, Pancho me decía: “Te falta Jovita, te falta afinación”. Era muy exigente para el coro, pues tenía una voz de privilegio y eran de las mejores voces del coro de la Iglesia. El legado de Pancho para Jovita es que él le pedía que fuera siempre humilde y que diera de comer al hambriento; esto lo hacía muy feliz. Si alguien le regalaba algo para comer se fijaba en quien lo necesitaba para compartir y partir el pan con los demás. “Nos daba consejos: era una persona admirable que iba evangelizando por donde iba pasando. Era un hermano muy alegre, gozaba del danzón, ya me acostumbré a escucharlos, también le gustaba la trova. Me duele mucho su partida, sé que esta con Dios y que fue a gozar de su presencia”.

Luis Alberto, es hijo número siete, me dijo: “Pancho me daba consejos, me decía que me portara bien; siempre estaba detrás de mí para que hiciera lo correcto, dándome terapia y, para él, yo era su “Marcelino pan y vino”. Así me llamaba cariñosamente. De profesión soy Dj y Pancho me enseñó los honores a la bandera y me ayudaba con lo de mi música; también fui acólito como él y desde tempranito me escapaba a la Iglesia. El legado que me deja es que yo cuide de las personas más necesitadas, sin importar el tamaño: niños, jóvenes, grandes. Él me enseño todo lo que sé. También le gustaba que le reparara todo lo que era de nuestro papá, me decía “dale mi huirito”, cada vez que era yo demasiado terco”.

María Pilar, la hermana número ocho, también y muy muy cercana a él; me habló de sus últimos momentos. Mientras suspira, María Pilar dice que con Pancho tuvo mucho aprendizaje. “Me deja mucho amor, buenos recuerdos, me deja tanto: medeja su ser, su corazón en mí. Me quedo con el buen ser humano: hijo, esposo, padre, hermano, tío, abuelo y gran amigo de muchas personas que lo aprecian, dejando así un gran legado entre los jóvenes y niños. En el pueblo me siento muy orgullosa de ser parte de esta familia y que Pancho sea mi hermano”.

María del Carmen, la novena hermana, dijo que Pancho “me deja la enseñanza más grande: ser un ejemplo como hermano, que yo muestre amor por el prójimo; siempre me pedía por el prójimo y, a través de él, experimenté el amor de un papá, moral, físico, sincero. Era el primero a quien recurría cuando había un problema, siempre sabía cómo solucionarlo: era un hombre muy capaz”.

Hay algo que quiero compartir, me dijo María del Carmen: “Durante el festejo de los quince años de una de sus hijas, Pancho me dijo que necesitaba hablar conmigo. Me dijo que sentía que sería el primer hermano en irse y por esta razón estaba enseñando a sus hijas, con una educación sólida, a valerse por ellas mismas, a ser independientes, para cuando él no estuviera. Para ese tiempo, mi hermano no estaba enfermo, fue hace mucho. Pancho era especial, era muy diferente, jamás quiso hacerle daño a nadie, aunque lo hubieran lastimado.  Fue el amor de hermano más grande que pude sentir hasta ahora: era muy protector, no escatimaba. Él dio mucho porque era mucho, en abundancia, y entre lágrimas, María del Carmen me dijo: “Me dijo que siempre me sintiera libre para expresarme, que habláramos sin miedo a expresarnos. Siempre bailamos juntos el vals”.

El hermano, más chico es Carlos, quien se dedica a la docencia. “Pancho ocupó el lugar de mi papá desde que él falleció. Su consejo principal fue que disfrutara la vida, cada momento. El me aconsejaba, me enseñó a trabajar y a darle valor a la vida; ha sido una persona espléndida, el mayor legado que me dio fue que hiciera a Dios parte de mi vida en todo momento, que es lo más importante, pues es él quien nos cuida, nos orienta y nos da su Palabra y que siempre apoyara a mi mamá”.

Después de hablar con todos sus hermanos, hablé con Alicia, su hija menor, quien se expresó diciéndome en dos palabras al preguntarle quién fue su papá, ella me respondió: “un héroe”. Gasparita no podía hablarme, estaba rota, pero la calidez con la que nos recibió basta.

Por último, quiero narrarles cómo fueron las últimas horas de Pancho. Desde ayer ya no quiso que su mujer se separara de su lado. Pancho le tomaba la mano, siempre consciente, y cuando tuvo la oportunidad pidió a su hermanita María Pilar que lo fuera a ver. Ella acudió y Pancho le dijo que se sentía muy cansado. La noche la pasó con Gasparita. Pilar le dijo que respirara y que se soltara, que se entregara a Dios… Eres libre, vuela alto Panchito, descansa, y no te preocupes por nada, le dijo ella.

Pancho dio un respiro profundo, sonrió y se soltó, descansando en el Señor, sin miedo. Se fue suavemente. En eso entró Alicia con la nené, los miró y se dejó ir suavemente; luego llegó Carla y se postraron sobre Pancho, quien se desligó de esta vida a las 7.15 am. El médico llegó y certificó la muerte.

Hermanos: gracias por caminar junto a la familia Cetina Medina este doloroso Calvario, que culmina con la resurrección de nuestro Señor Jesucristo y con el eterno descanso de Nuestro hermano y amigo Francisco: gracias, Pancho, por todo tu ser, te queremos con todo nuestro corazón y desde el cielo vela y cuida de tu familia y amigos. Muchas gracias a toda la familia Medina de la familia estamosaqui.mx por permitirnos acompañarlos junto a nuestro querido amigo y hermano Francisco Cetina Medina y Gaspara junto a sus hijas, yernos, mamá, hermanos… Gracias familia. Un héroe acaba de llegar al cielo.

(Pueden comunicarse para cualquier ayuda al 9991052358. Les invito a buscar la entrevista que se le hizo el pasado 9 de octubre para que tengan el contexto de su historia y vayamos acompañándolo en su trayecto, gracias a cada uno de ustedes.)

Deja un comentario

Volver arriba botón
error: Este contenido está protegido. Gracias.