Bienestar Espiritual

Oración

Salmo 91

¡Vengan, oh hermanos, adoremos y postrémonos delante de Cristo, porque Él es nuestro Rey y nuestro Dios!

En estos momentos de angustia, de pobreza, de enfermedades, de desgracias, de desaliento y de desesperación, acerquémonos al Trono de la gracia. Ese Trono divino está gracias a Dios y a su inmenso amor dentro de nosotros mismos, pero tanto ha sido el rugido atemorizante del enemigo de nuestra paz, amor y bienestar, que nos ha distraído y nos he hecho perder la dirección correcta.

Cristo está en nuestro interior y es necesario que le digamos con todo nuestro aliento:

Señor: ¡Bendito seas en el interior de mi ser! Ahora, que recordé que Tú estás dentro de mí, estoy recuperando mi conciencia y te pido perdón por haber puesto más atención a las distracciones del maligno y no estar atento a Tu Divina presencia. ¡Mira, Señor, en qué estado tan lamentable me encuentro el día de hoy! ¡He sido despojado de lo más bello y valioso que Tú me has dado! ¡Estoy convertido en un mendigo, sucio, enfermo, despojado de mi dignidad y en un ser que perdió la razón de vivir!

Señor Jesús: ¡Ruega a Tu Padre que tenga piedad de mí y me conceda nueva vestidura, me llene de gracia, me conceda una razón brillante, pero con sabiduría! ¡Es mi deseo de vivir al amparo de mi Padre, el Dios Altísimo! ¡Quiero estar bajo su sombra protectora y reconfortante para estar a salvo de tanta maldad, de tanta miseria y de tanta necedad!

Clamo desde lo profundo de mi ser y le grito: Padre: ¡Tú eres mi refugio, mi fortaleza y el único en quien confío! ¡Solo Tú me puedes librar de las redes del cazador y de pandemias mortales! ¡Quiero sentirme un pájaro y encontrar refugio seguro bajo Tus alas! ¡Desde hoy tendré a Tu Palabra de Vida como mi única verdad que sea para mí un escudo y defensa!  ¡Para mí ni de día ni de noche tendré temor ni ante el peligro inminente, ni a los virus que están en los aires! Aunque vea caer diez mil muertos a mi derecha y miles a mi izquierda, yo permaneceré incólume y sin nada a qué temer, porque eso a mí no me afectará, porque Tú, mi Padre Amado, me estás permitiendo ver la paga que se merecen los malvados, que no Te pusieron, oh Padre Altísimo, por su refugio protector!

Mi hogar estará siempre a salvo y sin calamidades, porque mi Padre Celestial ha dado órdenes a sus ángeles para que me protejan en mis caminos. Ellos me levantarán cuando caiga y evitarán que tenga tropiezos. Aún ante las fieras y las serpientes saldré victorioso.

Yo vivo en la seguridad de que Dios me librará de todo mal, porque yo y los míos estamos bajo su morada protectora. A mi familia, que conoce Su Nombre Bendito y Omnipotente la protege, la libra de toda adversidad, porque cuando hay peligro, lo invocamos, clamamos a Él y nos responde. En los tiempos más angustiantes, ¡Él está conmigo y con los míos y en medio del tremendo peligro destructor nos libra, nos pone a salvo, nos honra con largos años de prosperidad y nos hace que gocemos nuestra salvación! Hoy más que nunca ¡me convenzo, que Este es el día en que el Señor actuó; me regocijo y me alegro en Él. Porque Él es el Único Dios bondadoso y amante de la humanidad y le rindo gloria, honor y adoración por todos los siglos de los siglos. Amén.

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