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Aforismos de Roger Campos Munguía
Contra los Premios (Segunda Parte)

-Al escritor X le otorgaron un premio y fue a recibirlo de manos del presidente. Aprovechó la ocasión para criticarlo en su discurso de aceptación. Después se embolsó el premio (una buena cantidad de dinero) como si nada. El cinismo después de todo.

-Su vida se redujo a unos diplomas. Su viuda los andaba mostrando a diestra y  siniestra, para que vieran quién había sido su marido.

-Premia a alguien y será tu esclavo.

-Al escritor X que ironiza acerca de todo y de todos, se olvidó ironizar sobre sí mismo, sobre los premios que aceptó sin decir esta boca es mía: hay mudeces que inquietan.

-Jamás aceptes un premio, no vaya a ser que mañana te cobren la factura.

-Sartre rechazó el Premio Nobel cuando se lo otorgaron. Su actitud fue aclamada por muchos. Lo que pocos saben es que Sartre, años después, le envió una carta al Comité que otorga los premios para exigirle la entrega del dinero que correspondía por haber sido premiado. La doble cara de un moralista amoral.

-Los premios banalizan la creación, la hacen más efímera, menos creíble.

-Los premios son siempre el mejor pretexto para un banquete.

-“Al asistir a homenajes ajenos, uno siente la ridiculez de los propios”. Elías Canetti.

-Aceptó un premio, se convirtió en invitado oficial a todos los eventos públicos de la ciudad.

-El premiado invitó a toda su familia (vivían en otro lugar del país), para que vinieran a presenciar cómo lo hacían existir con un premio.

-B dice: “A X lo premiaron”. C pregunta: “¿Y cuánto le dieron?”

-A X le dio un infarto fulminante cuando se enteró que lo habían premiado. Los premios también pueden matar.

-Creó un premio para que lo recordaran a él, no a los premiados.

-En vida lo ningunearon, se burlaron de su obra, ahora lo convierten en premio, “le hacen justicia”, se atrevió a decir una de sus hijas.

-El destino de algunos escritores no es el de ser leídos, sino el de ser convertidos en premios.

–No durmió durante diez días después que le otorgaron un premio: insomnio literario.

-X dice: “Un premio es para toda la vida”. Sí, y también para toda la muerte.

-Lo encontraron muerto aferrado a su medalla, a su pedazo de gloria.

-Las paredes de su casa estaban saturadas de diplomas y de medallas. Jamás hubo un papel tapiz más vanidoso.

-X está como de luna de miel con su medalla.

-Las medallas tienen algo de religioso. Siempre las cuelgan en el pecho.

-Sólo hablaba de sus premios, no de su obra.

-Los premios pueden llegar a convertirse en una forma de la caridad.

-X se pavonea con su más reciente premio. Ya se murmura cómo lo obtuvo. Para eso sirven también los premios: para la murmuración y la calumnia.

-Cuando muere algún escritor de renombre, el cadáver aún no se ha terminado de enfriar, cuando ya lo convirtieron en premio. Al escritor, no al cadáver.

-X siempre pone sus premios en un lugar relevante de sus datos biográficos, como si estos fueran más importantes que su propia obra. Al final uno se da cuenta que ni sus premios ni su obra valen nada.

-NO SE ESCRIBE PARA SER PREMIADO, NI PARA SER FAMOSO NI PARA TENER ÈXITO, NI PARA GANAR DINERO. SE ESCRIBE PARA DEJAR TESTIMONIO DE UN ENTORNO Y DE UNA ÈPOCA, DE NUESTRO PASO DOLOROSO POR EL MUNDO.-

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