CulturaEntérate

Contra Los Premios

“Nunca perseguí la gloria

ni dejar en la memoria

de los hombres mi canción”.

Antonio Machado

-Ser premiado es aceptar ser enrolado en la burocracia social de un país o una ciudad.

-Los premios solo satisfacen los bajos instintos morales del creador, su altanería y vanidad.

-Los premios tienen que ver más con el dinero y el comercio que con el arte.

-La efímera fama (en una entrevista) del premiado.

-Escribe pensando siempre en que jamás te premiarán, para tu bien.

-El premiado convocó a la prensa para que lo elogiaran. Al día siguiente los periódicos publicaron crónicas de lo estupendo que estuvo el brindis.

-Cuando le informaron que había sido premiado brincó, bailó, lloró, gritó, hasta estuvo a punto de dar a luz.

-Ningún premio hace más grande al premiado y la gran mayoría de las veces ni siquiera lo salva de las tinieblas del olvido.

-La noticia de un premio puede ser peligrosa, podría causar hasta un aborto.

-Los premios (hay cientos de ellos en todo el mundo) son como la inflación, se devalúan todos los días.

-La desvergüenza en el rostro de los premiados, su mueca de satisfacción, su orgullo.

-A León Tolstoi nadie lo premio nunca, ni a Kafka (hubiera sido kafkiano) ni a Joyce ni a Dostoievski, ni a Flaubert ni a Mallarmè, ni a Pavese, ni a Svevo, ni a Pesoa, ni a Breton (hubiera sido surrealista)… En cambio ahora hay cada vez más escritores premiados que ya no saben dónde poner tantos diplomas y medallas. Ninguno de estos se podrá medir jamás con los de arriba.

-Un premio no añade nada a una obra verdaderamente valiosa. La obra de un escritor se salva a sí misma por su calidad y belleza, no por el número de ejemplares vendidos.

-Para muchos escritores los premios son muletas que los ayudan a disfrazar su discapacidad creativa.

-Algunas editoriales se prostituyen creando sus propios premios que les son otorgados a sus propios escritores. La desvergüenza del autoelogio editorial.

-Premio y envidia van juntos, se manosean en los grandes salones en los que se entregan los galardones y los diplomas. La mirada y los susurros de los asistentes lo dicen todo.

-Después de aceptar un premio ya no lo volvieron a dejar en paz: brindis, discursos, congresos, prólogos, notas a pie de página, cocteles, almuerzos, cenas, fiestas, bautizos, bodas…Parecía una señora de sociedad, una promotora de la Cruz Roja… pero sin alcancía.

-Los premios se los otorgaban entre ellos. Un año a este, otro año a este otro, el siguiente a… Eran jueces de sus propios intereses. Antes de enviar sus obras a un premio se leían entre ellos.

-El premiado (a la hora de recibir su premio) le guiñó el ojo a uno de los miembros del Jurado.

El escritor que piensa en ganar premios antes que en la creación, no hará jamás una obra perdurable. Su límite es el premio mismo.

-La imprudencia que puede representar aceptar un premio por lo que escribe, es la de bastardear el sentido profundo de la creación, del arte.

-Se pasó toda la vida hablando de los premios que recibió. En el obituario de su muerte sólo se destacó ese hecho genéricamente: “El escritor X que ganó muchos premios, falleció ayer”.

-Ni los “grandes” premios son garantía de nada.

-El escritor X dice asombrado durante una entrevista “¡Qué hice para que me premiaran!”

-La usurpación en que pueden llegar a convertirse los premios.

-X dice: “Habría que inventar el premio al premio”. Y se ríe maliciosamente.

Muchos honores deshonran.

Pasternak lo escribió rotundamente: “El don de la creación es el don de uno mismo, no son el ruido ni el éxito”.

-Habría que sospechar de la obra del que obtiene muchos premios.

-Todo premio literario es un engaño a la inocencia del público, del lector.

-X dice: “A mí más que el premio, lo que me importa es el dinero”. Y lo dice con cinismo.

-Los premiados se hinchan de gloria.

-Los premios sólo inflan autores… y obras.

-Habría que preguntarse para qué sirven los premios, a quién sirven, a quiénes.

Deja un comentario

Volver arriba botón
error: Este contenido está protegido. Gracias.