Bienestar Espiritual

Oración

Salmo 3

¡Bendito y alabado seas, oh Dios de nuestros amados padres! Señor mi Dios y Soberano: ¡Muchos son mis enemigos que se oponen y luchan contra todos mis proyectos y mis planes de vida!

Quieren convencerme que Tú, oh mi Padre, me has abandonado y ni te acuerdas de mí. Me dicen al oído, mientras duermo: ¡Ten por seguro que Dios no te va a salvar! Hablan tan seguros de que Tú me has olvidado y no tienes ni siquiera una mirada compasiva hacia mí.

En medio de mi aflicción yo centro mi mirada en Ti y veo que Tú me rodeas y me escudas protegiéndome. ¡Estoy vislumbrando ya Tu gloria y me lleno de regocijo a grado tal que dejo de andar cabizbajo y deprimido, porque Tú me mantienes en alto mi cabeza! ¡Ahora más que nunca quiero ver Tu poder y Tu gloria! ¡Ahora clamo a Ti en alta voz, porque ahora estoy más convencido que nunca que Tú me respondes desde Tu Monte Santo y desde Tu Morada en las alturas! ¡Por fin! ¡Ahora puedo dormir y despertar porque sé que Tú, mi Señor y Dios me sostienes! Ya no tengo temor, porque estoy bajo el amparo de Tus alas y Tu mano poderosa me sostiene y me defiende ante toda adversidad y ante todo peligro.

Aún recuerdo como esos escuadrones de malvados me acosaban por todas partes y en todo momento. En mi angustia clamé a Ti y Te dije: ¡Levántate, Señor!¡Ponme a salvo, Dios mío! ¡Rómpeles la quijada a mis enemigos! ¡Rómpeles los dientes a los malvados! Y de pronto me vi rodeado de Tu Amor y Tu bondad. Ahora me convenzo que Tuya es, la salvación; ¡envía Tu bendición sobre Tu pueblo! ¡Yo sé que en cualquier momento, Tú me vas a enviar todo lo que me pertenece, porque yo soy Tu siervo, que solo en Ti confía!

Señor y Padre: ¡Hoy vine a pelear lo mío! ¡Lo que me pertenece! ¡No quiero separarme de Ti hasta que Tú me bendigas! ¡Yo reclamo la parte que Tú me has dado y la necesito ya! ¡Estoy luchando contigo como lo hizo Jacob cuando arrancó de Ti su bendición! ¡Yo no puedo marcharme con los míos sin antes Tú me concedas esa bendición que me pertenece, porque yo también soy Tu hijo!

Padre bendito: Si alguien me ha deseado algún mal, Te pido le perdones y lo bendigas. Yo en Tu Nombre Omnipotente ordeno que todo espíritu de maldad, que toda enfermedad, que toda desilusión, que toda amargura que se anide en mi ser, en Tu bendito y poderoso nombre sea destruida.

¡Yo sé que Tú me vas a bendecir! Yo, por mi parte, me negaré a mí mismo y dejaré de ser el pobre ser humano del ayer, para renacer en un ser maravillosamente bien y bendito! ¡Tomaré mi Cruz y la besaré para crucificar en ella toda mi desconfianza, mi desamor, mi desilusión, mi frustración, mi egoísmo, mi indiferencia y mi maldad! ¡Ahora Te sigo y anhelo hacer Tu voluntad! Te suplico bendigas a mi esposa, a mis hijos y a todos mis amigos. ¡Quiero morir a todo lo malo que ayer fui para que tenga yo un excelente y renovado despertar en Tu presencia, para rendirte honra, honor y adoración, oh Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.+

La Santa Unción

Antes de que el Señor ascendiera a los cielos, dijo a sus discípulos: “… que no salieran de Jerusalén, sino que esperaran la promesa del Padre: La cual, les dijo, oyeron de mí;” (Hechos1: 4). Cristo les estaba prometiendo LA UNCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO que los iluminaría y guiaría al conocimiento de la Verdad Plena y a hacer de la Palabra de Vida, un suceso maravilloso y de grandes alcances, para anunciar el Evangelio de vida: “… pero recibirán poder, cuando haya venido sobre ustedes el Espíritu Santo,” (Hechos 1:8).

El Espíritu Santo es UNA PERSONA DIVINA, es parte de LA SANTÍSIMA TRINIDAD. EL DIOS TRINO Y UNO, que está en todo lugar y lo llena todo. Es justamente el Espíritu Santo quien desea vivir en el interior de cada uno de los bautizados, porque quiere ponerlos a la altura de LO DIVINO. Cuando el Espíritu Santo habita en nosotros, nos concede la dicha inmensa de poder hablar de corazón a corazón con Él y nos confiere tanta gracia que nos hace aptos para vivir en lucha permanente hasta que logremos lo que humanamente no podríamos alcanzar. Nos hace vivir gozando de todo cuanto realizamos y nos da luz para que seamos perfeccionistas, haciendo de nuestro cuerpo UN TEMPLO VIVIENTE Y RESPLANDECIENTE DE LA MARAVILLOSA Y OMNIPOTENTE GRACIA QUE TODO LO PUEDE.

Eso mismo que el Espíritu Santo anunció por medio del Profeta Isaías y que se cumplió a cabalidad en Cristo, es lo que el Señor quiere que se lleve a cabo en todos los que nos hemos negado a nosotros mismos, hemos tomado su Cruz y le hemos seguido: “ El Espíritu del Señor omnipotente está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a sanar los corazones heridos, a proclamar liberación a los cautivos y libertad a los prisioneros, a pregonar el año del favor del Señor y el día de la venganza de nuestro Dios, a consolar a todos los que están de duelo, y a confortar a los dolientes de Sión.” (Isaías 61: 1-3). ¡Qué maravillosa es la unción que espera a quienes en verdad anhelan y están dispuestos a colaborar en el plan salvador con la Divina Unción del Espíritu Santo! ¡Qué riqueza de frutos trae consigo la divina unción! “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.”

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