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Política mexicana del siglo XXI, entre el circo y la comedia carpera

Para la futura contienda política de junio próximo, los dirigentes de partido y su representatividad han utilizado la traición, el tabulador de los intereses personales y la desmemoria ideológica como estrategia para conseguir adquirir el puesto político que les permita actuar cómodamente con el libertinaje económico con que actuaron durante más de medio siglo. Para conseguir esa estrategia, han puesto completamente de lado el sentir de la ciudadanía, de sus militantes y simpatizantes. Yéndose únicamente con sus intereses personales, aunque a la postre hablen que lo hacen por seguir sirviendo a los ciudadanos, al pueblo al que han servido durante años.

Con la mano en la cintura, renuncian a militancias, pero no a los cargos y honorarios adquiridos a través del partido en el que militaban, a la espera de acomodarse en otro que les oferte un puesto acorde a sus expectativas económicas y de permanencia dentro del presupuesto de representación electoral. Vemos, ya sin asombro, que unos pasan del PRI a MC, de este partido al PAN, del PAN al PES, de MORENA al PAN y del PT, a donde sea. Ya ni caben los calificativos de desvergonzados, descarados o traidores. Solamente dejan en claro su necesidad insaciable de vivir del presupuesto otorgado a los cargos de ¿elección popular? Todo en los políticos actuales se presta a risotadas, porque el concepto de democracia para ellos, es sostener sus personas en la dinámica del gasto otorgado a la política, participando en cualquier entramado partidista o agrupación de tinte electoral, diciendo luego que lo hacen por México. ¿Cuál México? ¿Al que han repartido en pedazos para representantes de cada partido? ¿Al que han utilizado para conseguir escandalosas propiedades aquí y acullá?

Lo peor de este momento, después de las coaliciones, son las palabras de los dirigentes partidistas. Alito, Alejandro Moreno, causa pena ajena con sus triunfalistas peroratas. Anaya, es risible con su voz dramática y enjundiosa hablando de una justicia por venir si el llegara a ser presidente. Los demás provocan desinterés o ganas de apagar el medio de difusión que estén empleando para hacernos saber sus desaguisados argumentos políticos.

Esos personajes, convertidos en trapecistan, han convertido la realidad política en quehacer de cómicos carperos, en actividad circense y han arrastrado hasta esa dinámica a personas como Carlos Marín, pésimo como actor en la defensa de sus propios puntos de vista; así mismo, a la psitaciforme de origen tabasqueño, Beatriz Pages; Ciro Gómez Leyva a quien recuerdo como ratita asustada el día que tomaron las instalaciones de la televisión del Ajusco, en la cual trabajaba; a Carlos Loret de Mola, gritón mayor de ese elenco de seres involucrados en eso que ellos llaman política, pero que en realidad es la fuente de la cual han bebido beneficios de todo tipo, toda su vida y quieren seguir haciéndolo.

Esa actividad se inició con Carlos Salinas, -quien actuó como el ilusionista del circo-, y fue madurando con la complicidad de panistas, priistas y perredistas, hasta perder de manera absoluta el contacto con la realidad.

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