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La pelea entre Berchelt y Valdez, una lección de esgrima

En el panorama del boxeo, uno tiene la oportunidad de ver encuentros de los más diversos tipos. Algunos son verdaderas batallas de fuerza, en las que, el de mayor fortaleza y resistencia es el que sale triunfador; pero hay otras peleas en las que, la estrategia, el plan que resulta del análisis del esquema del adversario, es el que lleva al púgil al triunfo, y en estos casos, hemos de celebrar también, el triunfo de la inteligencia sobre la fuerza bruta. En la historia del boxeo mexicano, ha habido fajadores poderosos, como Rubén Olivares, el popular “Puas”, o Julio César Chávez, pero también tenemos pugilistas de gran pundonor, como nuestro gran campeón Miguel Canto o el cubano naturalizado mexicano, Ultiminio Ramos. Los unos y los otros, han cubierto de gloria el nombre de México con la acción contundente de sus guantes y, además, han dejado huellas profunda en el corazón del pueblo mexicano.

La semana pasada, por el milagro de la tecnología, tuvimos la oportunidad de disfrutar una pelea excepcional, por el cinturón mundial de la categoría Superpluma, pelea entre dos boxeadores mexicanos, el quintanarroense Miguel Ángel Berchelt, “El Alacrán” y el joven púgil sonorense Óscar Valdez. Sin lugar a equivocarnos, podemos calificar esta pelea cómo una de esas en las que, la técnica depurada y la esgrima, marcaron el curso total del encuentro. Ambos peleadores tenían como carta de presentación un record impresionante de triunfos por KOT, pero con una diferencia que, a fin de cuentas, se impuso en el combate; Berchelt tenía en su haber una derrota, en tanto que Valdez llegaba invicto, calidad que, a fin de cuentas conservó con este triunfo. Si bien Berchelt tenía mayor número de peleas ganadas, tenía una derrota, y esta había sido por la vía del Konk Out, lo cual ponía en evidencia el tener un punto vulnerable que podía ser descubierto y aprovechado por el contario, como así fue.

El combate estaba pactado en quince asaltos, pero Valdez se impuso por la vía rápida en el décimo round. Desde un principio, se puso de manifiesto que el combate habría de transitar por el camino de la técnica y no del faje. En las papeletas, la ventaja física estaba del lado del “Alacrán”; mayor altura, mayor alcance de brazos, y una fortaleza superior fuera de dudas. Por su parte, Valdez, de menor estatura, tenía de su parte una gran y ágil movilidad que supo aprovechar para nivelar las circunstancias. Los tres primeros rounds fueron de tanteo, con un Berchelt poco activo, buscando quizá la oportunidad de pescar y fulminar a su contrario. Esta circunstancia la supo aprovechar Valdez y cada vez que pudo, metió la mano y golpeó al rival con efectividad. El cuarto round fue un campanillazo, la esgrima de Valdez halló su recompensa, logra conectar la mandíbula del Alacrán y lo cimbra profundamente, las piernas le flaquean y se tiene que atener a la cuenta de protección. Pero Berchelt se repone y es Valdez el que acusa ya una notoria baja en su movilidad, lo cual lo deja expuesto al poder de los puños del Alacrán, su capacidad de escurrirse al contario ha bajado notoriamente.

El quinto round, pasa entre un Berchelt recuperado y un Valdez buscando reponerse, lo cual a fin de cuentas consigue y lo deja de manifiesto en el sexto round. Con la agilidad de vuelta, Valdez gira alrededor del rival, quien por buscarlo, baja la guardia un instante que el rival capitaliza en seguida y vuelve a conectar con la mandíbula del Alacrán, que de nuevo se cimbra y se tambalea y visita la lona, la cuenta de protección lo salva de nuevo. En los tres rounds siguientes, se puede apreciar la forma como los rivales se han estudiado y cada uno va desarrollando una estrategia para vencer al contrario, cada golpe es tirado con perfecta premeditación. Valdez ha recuperado su agilidad, y la usa con gran efectividad. En el décimo round, la ligereza de Valdez tiene su recompensa, ésta obliga a Berchelt a bajar la guardia un instante que Valdez aprovecha y conecta tremendo jab al lado derecho de la mandíbula del Alacrán con su poderosa izquierda, y fulmina al rival que cae privado a la lona. Hay un momento de gran angustia en la noche, pues Berchelt tarda unos minutos en reaccionar, pero al fin lo hace, y un respiro de alivio se deja sentir en el ambiente.

A continuación vimos una acción poco frecuente, Valdez sube al ring y se acerca a Berchelt para desearle esté bien y le da un fraternal abrazo, un rasgo de caballerosidad que eleva el arte de fistiana a eso, a la categoría de arte. A un campo de batalla en el que la delicadeza está presente y se sabe manifestar con la categoría que el caso requiere. Mucha gente, con desconocimiento de causa, o por falta de sensibilidad, no ve en el boxeo más allá de un intercambio de golpes sin ton ni son, un deporte con una calidad burda y violenta; nada más alejado de la realidad del box. Este deporte, exige de sus participantes un cabal desarrollo de un análisis y una estrategia, es un juego de la inteligencia al servicio de una causa perfectamente concebida y planeada. El caso presente es que, la semana pasada, tuvimos la oportunidad de disfrutar a dos peleadores con estrategia, con limpia técnica, y además, con caballerosidad y categoría. Una verdadera lección de esgrima.

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