Bienestar Espiritual

Jóvenes: ¡No repitan la historia!… ¡Cámbienla!


2º. de Samuel 11 al 18

El Gran Rey David fue un excelente estadista, un poeta inspirado, un fecundo escritor, un hombre amado de Dios, pero descuidó la educación y el amor por sus hijos. ¡No procuró pedirle a Dios le diera sabiduría primordialmente para gobernar su casa! ¡Le importó más entregarse a los asuntos de su reinado!

La juventud reflexiva, usando sabiamente su vigor logra cambiar el rumbo de las cosas para bien o para mal. Absalón y Tamara, hijos del Rey David y de Maacá se destacaron por ser los más hermosos. Realmente los hijos de David eran entre sí medios hermanos por tener diferente madre. El desorden en la Casa real era patente. David tuvo muchas mujeres y muchos hijos. El desorden de la lujuria se trasladó de los padres a los hijos y el desenlace es fatal y cruel.

Amnón, hijo del Rey David hizo hasta lo imposible por abusar sexualmente de su media hermana TAMARA, hermana de Absalón. Llevó a cabo hazaña criminal. La deshonró y la corrió de su casa, pero le hizo saber todo a su hermano Absalón, quien tomó venganza y mató a su medio hermano, causando mucho dolor en el Rey David.

El desorden carnal cobra un altísimo precio: “Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales les amonesto, como ya les lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.” (Gálatas 5:19-21).

¡Qué tremendo desorden tan destructivo que desencadenó en una guerra fratricida! ¡Si el Rey David hubiera puesto orden a tiempo, estos desmanes no se habrían dado! ¡Su familia no hubiera sufrido la venganza y sublevación de Absalón! David lloró su pecado y ese dolor lo acercó más a su triste final. Es por ello que exclama con inmenso y profundo dolor: “¡Oh, mi hijo Absalón! ¡Hijo mío, hijo mío Absalón! ¡Si tan solo yo hubiera muerto en tu lugar! ¡Oh Absalón, mi hijo, mi hijo!». (2º. De Samuel 18:33).

JÓVENES: ¡NO REPITAN LA HISTORIA! … ¡CÁMBIENLA! Solo basta vivir ordenadamente y alejados de los pecados de la carne. ¡No es un puritanismo el que me inclina a proclamar esta gran verdad, sino la experiencia vivida en muchas familias cuyo pecado ha sido el tolerar estas conductas equivocadas que destruyen familias enteras, causan dolores intensos y desorden en la misma economía familiar, porque hasta el patrimonio del sacrificio de muchos años queda en peligro. Las mujeres oportunistas están al asecho de estos hombres débiles y con recursos. El Espíritu Santo nos aconseja sabia y atinadamente: “¡Huyan del pecado sexual! Ningún otro pecado afecta tanto el cuerpo como este, porque la inmoralidad sexual es un pecado contra el propio cuerpo.” (1ª. Corintios 6:18).

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